Robert Graves se refería a la poesía de Charles Sorley (1895–1915) como “Sorley’s weather”.

Motivos no le faltaban:
… fighting men and winds and tempests…
… The darkness and the thunder and the rain…
… And the wind visited us and made us strong…

En sus divertidas, sinceras y literarias memorias (“Adiós a todo eso”), hay un momento en que Robert Graves le declara como “uno de los tres poetas importantes [junto a Isaac Rosenberg y Wilfred Owen]” de su generación, la de la Primera Guerra Mundial, la de los War Poets.

Nacido en Aberdeen, en cuya Universidad su padre fue profesor, inició su formación en casa, con su hermano gemelo Kenneth, de la mano de su madre, Janetta Colquhoun Smith.

Con una beca para Oxford, el “visto bueno” de padres y profesores  y 19 años, vivió y estudió en Schwering y en la Universidad de Jena entre enero y julio de 1914.

En plena declaración de la guerra, a primeros de agosto de 1914, fue detenido en Trier junto con el amigo con el que realizaba una travesía por la región del Mosella, quedando libres el mismo día.

A finales de mayo de 1915, llegó a Francia, alistado como voluntario.

Le había dicho a su madre:

“De verdad deseo que la gente no se engañe a sí misma hablando de una guerra justa. No existe eso de una guerra justa. Lo que estamos haciendo es expulsar a Satán con Satán.”

 [“I do wish people would not deceive themselves by talk of a just war. There is no such thing as a just war. What we are doing is casting out Satan by Satan.”]

Y escribe:

“Inglaterra, me pone enfermo el sonido de la palabra (…) Me estoy preparando para luchar por esa deliberada hipocresía, esa terrible clase media perezosa de actitud y desastrosa “indolencia imaginativa” que nos ha marcado de generación en generación.”

[“England, I am sick of the sound of the word (…) I am training to fight for that deliberate hypocrisy, that terrible middle-class sloth of outlook and appalling “imaginative indolence” that has marked us out from generation to generation.”]

Permaneció en trincheras próximas a Ploegsteert, Bélgica, varios meses.

Hasta que el 13 de octubre de 1915, cerca de Hulluch, durante la Batalla de Loos, fue alcanzado en la cabeza por el disparo de un francotirador alemán.

El último poema que probablemente escribió y encontraron en su guerrera, sobradamente conocido, comienza así:

Cuando veas a millones de los muertos sin boca                                                         marchando por tus sueño en batallones pálidos …

When you see millions of the mouthless dead                                                              Across your dreams in pale battalions go,…

Leía hace poco en un artículo de Francisca García Algarra:

“Sufrimos un proceso de idiotización contínua (…) ninguneando la reflexión, la lucha legítima y el pensamiento crítico.”

Por eso, antes y ahora, es fácil entusiasmarse con esta primera joven generación del siglo XX.

Únicamente con lo mejor de ellas y de ellos se sentaron las bases de buena parte del arte, de la literatura y el pensamiento moderno que disfrutamos.

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