Retratos con una historia impresa
Fuente: https://loqueva.com

Dos fotografías realizadas en Honduras forman parte de la colección fotográfica de Steve McCurry que se presenta en la Venaria Reale, Torino, Italia. El reconocido fotógrafo expone parte de su obra realizada durante toda su vida, recorriendo desde Afganistán hasta India, desde el sur-este del Asia hasta África, los Estados Unidos, Cuba, Brasil  e Italia. Famoso por fotografías como la de una bella jovencita, tomada en 1984 en una escuela improvisada ubicada en los campos de prófugos en Pakistán de Peshawar, imagen que poco tiempo después se publicó en National Geografic Magazine en su número de junio de 1985, desencadenando una serie de reacciones, desde ofrecer apoyo económico hasta propuestas de matrimonio.

McCurry visitó Honduras, como parte de un proyecto en los países productores de café,  documentando parte de nuestra historia en este sector. El proyecto se desarrolló durante diez años a partir del 2004. Sí, McCurry, el maestro de la fotografía contemporánea  atravesó de extremo a extremo el mundo hasta llegar a Honduras en donde retrató a una joven de mirada triste, melancólica, apoyando una de sus manos en torno al borde de una base de madera con restos de pintura del cerco de la que pudiera ser su casa, mientras la otra rodea su cuerpo en un semicírculo. Su cabello atado en una cola y al frente un mechón cae sobre su frente. Ninguna sonrisa, su mirada profunda transmite tantos sentimientos desconocidos como incierto sería su futuro. Dos rostros retratados con una diferencia de aproximadamente 24 años, una en Pakistán la otra en Honduras, ambas representan una historia diferente, mundos completamente opuestos, pero con una sola realidad, la incertidumbre de un futuro seguro.

Ambas desconocen que su imagen forma parte de esta gran colección expuesta en la “Citroniera delle Scuderie Juvarriane” de la Venaria Reale, en donde cientos de visitantes se envuelven en el mundo de emociones que el autor de la obra trasmite con cada una de sus fotografías. La joven hondureña seguramente desconoce la emoción que me causó verla ahí. Una emoción que provocó algunas lágrimas, las primeras cargadas de nostalgia desde que crucé el océano para radicar en Europa. Nostalgia de familia, amigos, parientes, de mi gente, que hoy se abate entre la pobreza cotidiana, el narcotráfico, la delincuencia común, la corrupción en general, paralización de la universidad por parte de estudiantes que exigen respeto a sus derechos. Se abate entre la pobreza material  y su sed de surgir como una patria nueva, siguiendo a un verdadero líder que represente sus ideales y que yo particularmente sé que existe pero no lo veo participando de esta lucha actual.

Mientras recorría la colección de McCurry, leyendo la escrita colocada en la parte inferior y escuchando la explicación de algunas de las fotos a través del equipo de audio, pensaba que mientras se capturaban estas imágenes retratando la realidad de naciones como, Afganistán expuesta al infierno de la guerra durante el período de 1979 a 1980 cuando Rusia la invadió, yo estaba por terminar mis estudios secundarios, completamente alejada de esa cruel realidad, desconociendo el peligro al que se exponía Steve mientras combinaba su pasión y el trabajo que tanto ama.

El mundo es así. Difícil comprender como una parte de la humanidad se debate entre la guerra, el hambre, la sed de libertad mientras otros caminan desinteresadamente sin siquiera dignarse a informarse al menos de lo que ocurre en el resto del mundo.

Continuaba mi recorrido, cuando otra fotografía capturó  de nuevo mi atención Esta vez la imagen de un niño entre cuatro a cinco años con su rostro bañado en lágrimas, su nariz goteando sosteniendo con su mano izquierda una pistola de juguete,  apuntado la sien izquierda. Desconozco los detalles de la misma, la escrita indica solo que la foto se tomó en Yanesha Perú en el 2004. Desconozco también el por qué de su llanto desconsolado, su tristeza y desesperación, apoyado sobre una pared, vistiendo una camiseta curtida por el uso constante y al centro algunas imágenes en tonos pálidos, descoloridos  por el paso del tiempo.

Impresionante esta imagen, por los sentimientos que transmite un ser tan pequeño. Su mundo debería estar rodeado de amor, dedicar su tiempo a estudiar, jugar y a vivir intensamente su infancia. Nada de eso. Está solo, sosteniendo una arma entre sus manos mientras llora angustiado. Este pequeño representa a un gran porcentaje de niños que en el mundo crecen en condiciones degradantes, inhumanas. Representa además a tantos otros que crecen enmedio de una guerra que ellos no buscaron pero que participan de ellas en primera persona, lejos de los juegos en donde yo y muchos que me leen en este momento crecimos. Pero no es solo una imagen, lastimosamente no es solo una imagen, es una terrible realidad.

Un símbolo Afgano

McCurry retrata rostros, y a través de ellos transmite emociones, cuenta sus historias, documenta un momento específico en el mundo.  Y como ya lo dije antes, algunas de sus imágenes publicadas en medios internacionales como National Geografic, han desencadenado respuestas positivas para quienes ignorando el impacto que causarían permitieron al artista retratarles.

Por ejemplo, la fotografía de la joven del Pakistan titulada “Ragazza Afgana”, se convirtió en un simbolo del conflicto Afgano en la década de los 80. En colaboración con la misma revista, 17 años después McCurry regresó a Afganistan para reencontrar a esta joven, lo que logró luego de una intensa búsqueda. Estaba casada con tres hijas. El rostro de la joven desconocida ahora tiene un nombre, Sharbat Gula. MacCurry afirmó en su momento «Su piel está marcada , ahora hay arrugas, pero ella es tan extraordinaria como lo fue hace muchos años »

Interesante el mundo de la fotografía, donde sin palabras se retrata una realidad, se cuenta una historia, se transmiten emociones, se conoce al autor y se percibe el mundo que rodea las imágenes reproducidas.

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