Personal análisis de una catalana botiflera sobre la causa independentista del govern català

Dos causas o razones me instan a escribir un artículo. Una de ellas es cuando un tema me inspira, me infla el alma, me emociona o me golpea. La segunda es cuando algo se me escapa de las entendederas y necesito poner orden aquí dentro, en mi hardware personal. Por eso me he decidido a analizar la causa secesionista desde la humildad de una simple observadora. En esta línea va este artículo, en poner en orden mis ideas sobre lo que se ha venido llamando el procés catalán. Va por delante el decir que me disculpo de antemano a quien pueda ofender.

Nací en Cataluña, me he criado y vivo aquí. Como muchas otras personas mi padre es catalán pero mi madre es de fuera de Cataluña, concretamente de Andalucía. De sobras es sabido que en los 60´s muchos murcianos, andaluces, extremeños entre otros, se establecieron en Cataluña en busca de trabajo. Porque esta tierra próspera siempre ha sido una tierra de acogida, que ha dado oportunidades a muchas personas para trabajar, formar una familia, en definitiva vivir mejor. Me siento orgullosa por ello. Este origen mestizo me convierte en una catalana que años atrás se calificaba como xarnega, término despectivo que prefiero cambiar por mestiza. El mestizaje es la base de la sociedad cosmopolita y enriquecedora de todo el mundo, un mundo global sin fronteras y de libre circulación de personas. Ahora en Cataluña conviven en harmonía castellanos, catalanes, pakistaníes, bolivianos, ecuatorianos, rumanos, chinos…Estamos ante una Cataluña multicultural dónde tanto se celebran castellers, como el orgullo gay o el holi festival hindú.

Esta es mi dni: el mestizaje. Muchas veces me han preguntado si me siento española o catalana, o qué me siento primero catalana o española. No lo sé. No me siento ni una cosa ni otra, o las dos cosas a la vez. Tengo familia repartida por toda la península y amigos. Eso, supongo que marca.lo, como todos, quiero vivir en paz, en un lugar donde se respete las leyes, haya trabajo, seguridad en las calles, y a poder ser en un lugar gobernado por políticos incorruptibles. ¿Pido mucho?. Ahora con el paso de los años la pregunta se ha endurecido. Ya no se trata de ser o sentirse española o catalana, ahora debo decidir si quiero la independencia de Cataluña. Pues aún no lo sé. Los argumentos independentistas no me convencen, bueno, o habrá que decir el consabido y sobado argumento único de España nos roba, no me ha hecho abrazar la causa catalana, porque digamos que aquí ( Cataluña) también ha habido manos muy largas. Menos aún me convence la postura cerril y cafre del gobierno del Estado central. Cada vez que los políticos catalanes provocan caen de cuatro patas en la confrontación , y sueltan perlas como la defensa por tierra, mar y aire en caso de infringir la legalidad.Personal análisis de una catalana botiflera sobre la causa independentista del govern català

El caso es que la mayoría de la sociedad catalana no es independentista. Que lo asuma quien lo tenga que asumir, porque ésa es la verdad. Ni el 9N, ni las plebiscitarias del 2015 demostraron que en Cataluña el ideal independentista fuera mayoritario. Ya en su momento, la CUP dijo que con sólo el 48% de los votos no se podía declarar la independencia. Ahora los secesionistas empiezan a vislumbrar que pueden perder el referéndum del 1 de Octubre porque saben que hay muchas personas que están a favor de la consulta (votantes de Podemos, socialistas) pero no de la independencia. Así que ahora el órdago al Estado central es la posibilidad de una DUI ( que no DIU) que quiere decir Declaración Unilateral de Independencia por parte de un govern mayoritariamente independentista.

Y llegamos a la parte más apasionante y a la vez incomprensible del tema catalán. Resulta que el Parlament, que debiera ser el reflejo de la sociedad, no tiene nada que ver con la realidad palpable y respirable en la calle. Vamos que un huevo con una castaña. El problema más grande que tienen los defensores de la cuestión catalana es la incontestable, a mi parecer, desconexión, discordancia, disonancia del Parlament con la realidad. Porque el hecho es que pueblo catalán no es independentista por mayoría, pero el Parlament o el govern sí que lo es. Y aún más si cabe, tras lo que se ha bautizado como depuración de los tibios llevada a cabo por Puigdemont y Junqueras. Los consellers más moderados han sido depuestos o cesados, quizás por demostrar poco ardor nacionalista, y han sido sustituidos por otros de indudable fidelidad a la causa separatista. De ahí que el titular rece la causa del gobierno catalán que no de los catalanes. Ahí está la cuestión.

Las últimas noticias sobre tan apasionante culebrón es que ahora declaran que si no se celebra el referéndum, que a todas luces, y según rezan las estadísticas tiene pocas garantías de ganar, el Parlament puede declarar unilateralmente la Independencia, aún sabiendo que la mitad, más o menos, de los catalanes no la desean. Sabemos que por aritmética política el gobierno catalán ha acabado radicalizándose, porque a la CUP, partido con margen de maniobra por sus buenos resultados en las últimas plebiscitarias, no le convencía la tibieza de Mas. Así que rápidamente éste fue cambiado por Puigdemont, un president a las órdenes del estratega e independentista Junqueras (ERC). El resultado es un Parlamento catalán que no representa la voluntad primera de los votantes, o dicho de otra manera ERC ha ganado políticamente la partida, pue son los dueños y señores del hemiciclo, a pesar de no ganar en las urnas el pasado 2015. Misterios de la democracia y el juego político, o como antaño se decía, intrigas palaciegas.

Como en todo artículo que se precie voy a avalar mis argumentos con estadísticas, es decir y dicho de estar por casa los números cantan La Traviata. Veamos, o mejor dicho sumemos. El último sondeo datado en abril, un 46% de los consultados decían estar a favor de que Catalunya siga formando parte de España, eso sí, con una autonomía con más competencias, y otro 19% opinaba que ya está bien como está. Sumando tenemos un 65% que aboga por salidas diferentes a la ruptura con España, es decir dos tercios no es independentista. Catalunya no es su Parlament, Cataluña no es independentista, y eso no quiere decir que en un futuro lo sea. Eso dependerá del buen hacer de los políticos favorables a la secesión para ganar ir ganando adeptos.

Referendum ilegal, aplicación del artículo 55 de la madre Constitución, defensa por tierra mar y aire, DUI, reforma constitucional, el caso de la compra/venta de urnas… Un capítulo de la historia enrevesado que en un futuro probablemente provocará cefaleas a los estudiantes.

Para concluir sólo diré que los unionistas no son botiflers, que Catalunya no es Kosovo, ni España es Serbia. Que en los patios de los colegios la Montse juega con un niño pakistaní llamado Abdhul, y entre ellos puede que hablen castellano o catalán. Que aquí hablamos catalán pero también castellano, es decir que la realidad es bilingüe le pese a quien le pese. Y que basta ya de victimismos. Sería perfecto que los políticos catalanes se dedicaran más a hacer políticas sociales, o a negociar ampliación de las competencias del Estatut mejor de lo que lo han hecho hasta ahora, sin salidas de tono ni huidas hacia adelante, ni machadas del quince. También sería positivo que el gobierno de Rajoy tomara ejemplo del caso escocés y no viera la consulta como una declaración de guerra. Acabaré con una frase de Salvador Seguí, secretario general de la CNT en 1918: “El único enemigo que hay en Cataluña, es el mismo que hay en Madrid. ¿ Saben cúal es?

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