Viendo una serie de televisión, uno de los personajes durante un discurso, enfatizó la diferencia entre patriotismo y nacionalismo. Valorizando el primero descartando el segundo, por sus implicaciones en términos generales para un país, dado que se toca el sentir del individuo, del ciudadano común. Sobre todo, en momentos que el tema de la inmigración es el centro de discusión a nivel general. No voy a polemizar este argumento. Considero que es más importante analizar el significado entre ambos vocablos.

El nacionalismo es el movimiento y pensamiento de corte político que busca y exige el reconocimiento de una nacionalidad a través de un proceso de autodeterminación política, más conocido como proceso independentista, indica en una de sus partes uno de los sitios web que explican este argumento. Patriotismo es el sentimiento que una persona tiene por un país o un lugar, sea este natal o adoptivo y en el que el individuo se siente vinculado a “su tierra” por la cultura, el idioma o los valores que comparten.

A simple vista son completamente contrarios. El nacionalismo trata de diferenciarse a través de su cultura, del idioma natal o del patrimonio cultural con el que cuentan. Es un movimiento en el que las personas que forman parte de él sienten que su nación es superior en todos los aspectos al resto de países.

El nacionalismo encuentra sus raíces más profundas en la rivalidad y en cierto sentido, en el resentimiento. Significa dar más importancia a la unidad por medio de un trasfondo cultural, incluyendo la lengua y el patrimonio.

El patriotismo, por su parte, enfatiza el amor por una nación, dando más énfasis en valores y creencias. Se fundamenta en un sentir pacífico e incluyente, que no discrimina por ningún motivo. Los patriotas son proclives a tender lazos políticos y amistosos con otros territorios y naciones, en cambio el nacionalismo busca la confrontación, basándose en la premisa de que su país, al igual que sus habitantes, son superiores a los demás, ya sea física, cultural, intelectual o económicamente.

Los nacionalistas no son capaces de afrontar críticas y toman las mismas como un insulto. Entretanto, el patriotismo acepta las críticas, las entiende y trata de utilizarlas para mejorar la situación.

Si la idea aún no es clara, es suficiente escuchar los discursos de los líderes europeos que abrazan el movimiento del nacionalismo como forma perfecta de gobierno.

El patriotismo es un sentimiento en el que no existe ningún tipo de superioridad, ni acción discriminatoria. Esto excluye completamente quien se define por sus ideas como racista. El patriotismo es un sentimiento únicamente de vinculación y cariño con la nación de la que uno se siente parte. Es un sentimiento pacífico y no tiene pretensión política alguna.

Interesante este punto. Sobre todo, para quienes lideran el nacionalismo. Se han convertido en la voz de este movimiento, en aras de, o asumir el poder, o mantenerse en el mismo.

El patriotismo se puede equiparar al orgullo que una persona puede sentir al formar parte de su familia. Y este orgullo no es excluyente.

En su ensayo Notas sobre el nacionalismo (1945), el escritor inglés George Orwell dijo: “No hay que confundir el nacionalismo con el patriotismo”. Orwell definió el nacionalismo como “el hábito de asumir que los seres humanos pueden clasificarse como insectos, y que bloques enteros de millones o decenas de millones de personas pueden etiquetarse sin reparos como buenas o malas”. El escritor veía en el nacionalismo “un hambre de poder mezclada con el autoengaño”.

Son términos completamente diferente. Y no obstante, es fácil en estos momentos confundir a quien basa sus preferencias eleccionarias en conceptos que hasta ahora no era necesario explicar. El juego de palabras puede ser catastrófico. Obviamente para el ciudadano común, no para quien busca sólo el poder. A cualquier costo.

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