El pánico colectivo de los del NO
Fuente: http://poderciudadano.com.co/

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Autora: Piedad Córdoba Ruíz

Hace ocho días,  se desarrolló en nuestro país la contienda electoral del plebiscito, que tenía como propósito aprobar o desaprobar el “Acuerdo Final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y Duradera”. Los resultados de este  mecanismo electoral además de haber obtenido una participación pobre, ya que la abstención fue de 62.59%, obtuvo como cifra mayoritaria los votos del NO, representando un 50,2% frente a un 49,7% alcanzado por los votos del SI. Este acontecimiento generó reacciones de indignación, desesperanza y  furor por parte de quienes realizamos ingentes esfuerzos para que ganara el SI y se lograra refrendar e implementar el acuerdo de paz firmado por el presidente Juan Manuel Santos y la insurgencia de las Farc-ep. Sin embargo considero que después de varios días de reflexiones sobre este hecho vale la pena analizarlo más allá de los derrotados y los vencidos.

El triunfo electoral del NO  trajo consigo  un escándalo sobre las estrategias ideológicas utilizadas por  las fuerzas uribistas para tergiversar los acuerdos logrados en La  Habana a través de la manipulación e información falsa, infundiendo odios y miedos, los cuales fueron implantados de acuerdo a la estratificación de los electores, quienes acudieron a las urnas a marcar con frenesí un rotundo NO.  Los mensajes a los estratos bajos estuvieron basados en el tema de los subsidios; taxistas, vendedores ambulantes y desempleados vociferaban con cifras falsas acerca del supuesto elevado subsidio que se les daría a los guerrilleros desmovilizados, mientras que los de la clase alta se indignaban porque no podían imaginar que hombres como Timochenko o Iván Márquez lograran estar en el Congreso.

Además de estas tergiversaciones, a muchos ciudadanos les preocupaba y no los dejaba dormir el hecho de que en varios acuerdos, se priorizaran a las mujeres y a las personas sexualmente diversas (población LGTBI) a lo cual, los promotores del No, llamaron absurdamente “ideología de género” sin que hasta la fecha los creadores de este esperpento logren darle una  explicación coherente.  A través de la masificación de  este término, los estrategas del NO acudieron al principio de vulgarización aplicado por “el Plenipotenciario del Reich para la Guerra Total” (de esta manera llamaba Hitler a Joseph Goebbels, el padre de la propaganda nazi). En este principio se establecía que “Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar”.

Los promotores del No se dedicaron única y exclusivamente a la propaganda y al convencimiento dejando de lado la pedagogía y el contenido de los acuerdos de La Habana para lograr generar un pánico colectivo con mensajes como los señalados antes, los cuales buscaban  “indignación” para que “la gente saliera a votar verraca” afirmación que hiciera el mismo Juan Carlos Vélez, artífice de la estrategia de campaña del No. Dan  vergüenza las artimañas utilizadas por el uribismo para lograr dar un reverso al proceso de paz, pero da tristeza que estas  hayan tenido tanto éxito para calar en más de seis millones de personas, que más allá de ejercer su derecho al voto, ejercieron su miedo, su odio, egoísmo e ignorancia; antivalores azuzados por la escuela, los medios de comunicación, el sistema político,  la iglesia católica, protestante o cristiana que han promovido  homofobia, racismo, machismo,  violencia, etc,  aspectos negativos que perpetúan  nuestro atraso social y político.

Hoy más que nunca, debemos buscar cambios que reinventen el arte de la política con ética y respeto, así mismo,  nos corresponde buscar caminos de reconciliación, entendimiento y reconocimiento  de la diversidad étnica, de pensamiento, de género, para lograr construir bases sólidas que nos permitan superar la crisis de valores por la que atravesamos. Hoy más que nunca requerimos un pacto ético de toda la ciudadanía que trascienda jornadas electorales para encontrarnos en la cotidianidad  con hechos de paz, solidaridad, respeto y amor.

Los resultados del plebiscito no deben llevarnos a abismos ni a callejones sin salida. Estos deben conducirnos a la construcción de propuestas que logren conjugar los anhelos de paz (de los del SI)  con la desesperanza (de los del No) y el escepticismo (de los abstencionistas) para enfrentar  los nuevos desafíos  que nos impone la construcción de la paz.

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