No estires una goma de pollo más de la cuenta

Todos hemos ido alguna vez a comprar un pollo para cocinar o un manojo de alguna verdura, que siempre vienen bien colocados gracias a una goma elástica, por norma de color carne, las veteranas, o, como también se pueden encontrar ahora en otros colores, lila, verde, azul…este sector también se moderniza.

Todos sabemos también, que estas gomas tienen un pequeño factor de riesgo en su uso, que se rompen si tiramos demasiado, haciendo que nos expongamos al riesgo de recibir un latigazo que nos dolerá, que enrojecerá la piel y que por un tiempo nos dejará un calor descompasado en esa zona.

Imaginémonos que somos una goma de pollo. Igual que esta, nosotros también tenemos un límite, un punto en el que podemos causar y causarnos dolor, enrojecer y enrojecernos entre otras reacciones.

No nos estiremos ni nos dejemos estirar. Controlemos nuestros límites y démoslos a conocer, los demás no son adivinos.

Muchas veces el riesgo lo provocamos nosotros, de manera involuntaria o no, eso es lo menos importante ahora mismo, pero lo hacemos, como seres imperfectos tenemos estas tendencias extrañas.

Seguramente que todos los que ahora estáis leyendo esto, estáis pensando en que en algún momento habéis sido una goma de pollo tensa. Y seguramente que ahora también estaréis sonriendo pensando: seguro que la que escribe, más de una vez lo ha sido.

Sí, lo he sido, lo soy y lo seré, pero sin romperme. Si sabemos que la goma nos hace daño y una vez aprendido esto, evitamos estirarla más de la cuenta, yo he aprendido a que estirarme más de la cuenta, solo debo hacerlo por las mañanas al levantarme.

Puede parecer ridículo comparar situaciones límites con gomas elásticas, pero hay veces que posicionarse en lo ridículo, nos ayuda a ver como mejorar las maneras de evitar daños.

Así que, ahora agradezcamos a esas gomas de pollo de colores o no, que nos dejaran ver como reaccionan si traspasamos sus límites.

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