El milago en la playa de Dunquerque según la mirada de Nolan

En Dunquerque, el director Chistopher Nolan nos hace revivir casi en primera persona La Operación Dinamo que marcó el desenlace de la II Guerra Mundial y el destino de occidente

Calificada como una de las películas del año, Dunquerque del cineasta Christofer Nolan es una obra maestra reciente del celuloide. Nolan combina elocuentes imágenes, interpretaciones veraces, y la asombrosa música de Hans Zimmer para demostrar su dominio de  la narrativa cinematográfica. Como era de esperar, Nolan no lo pone fácil. Como pasó con Interestelar,  que sin unas nociones  de física cuántica previas sobre el tema que se trata, el espectador puede salir del cine confundido, mareado y un tanto desorientado, en Dunquerque unas nociones de Historia no están de más. En este caso, en Dunquerque, Nolan con muy pocas palabras nos brinda la experiencia de vivir durante dos horas de metraje, la angustia por la superviviencia de los soldasos asediados y acorralados en esa playa durante la II Guerra Mundial. Sin embargo al acabar, como ocurriera en Interestelar, el espectador se lleva a casa una mochila de campaña repleta  de interrogantes. Nolan te interpela en esta película llena de imágenes poderosas y elocuentes, y de pocas y medidas palabras, a informarte sobre el tema central a posteriori. Esa mochila de curiosidad e interrogantes que te llevas al terminar el film se queda prendida a tu espalda como las mochilas que cargaban los exhaustos soldados en Dunquerque.

Si aún no has visto la película, esta guía quiere ser una luz en el bosque oscuro de un argumento complejo con un  guión casi anecdótico. A menos que te acompañe un historiador a ver la película, sólo te quedan dos opciones para saciar tu sed de curiosidad en la playa: informarte un poco previamente al visionado, o bien a posteriori. Otra opción es vivir simplemente la experiencia de superviviencia de Dunquerque sin más, sin información a priori, ni a posteriori. Totalmente respetable.

LA OPERACIÓN DINAMO O EL MILAGRO DE  DUNQUERQUE

La operación dinamo que duróa 5 largos días fue la evacuación de la playa de Dunquerque de 400000 soldados aliados, entre ellos más de 200.000 miembros de la Fuerzas Expedicionarias Británicas,  tras quedar asediados en la costa francesa de Normandía. Aún en la actualidad continúa siendo un misterio para los historiadores el milagro de Dunquerque. Es decir es extraño que Hitler permitiera la retirada del ejército aliado por mar, tras haberlo acorralado en la playa de Dunquerque, porque tuvo la oportunidad histórica de  haberlos aplastado y así ganar la guerra. El alto al fuego decretado por Hitler aún suscita un sinfín de teorías, pero es evidente que sin ese margen de tiempo de tres días, los británico no hubiesen podido realizar una retirada que más tarde se convertiría en una victoria, o mejor dicho una evacuación que se convertiría en un impulso para proseguir en pie  de guerra y no rendirse ante el avance nazi por Francia. El discurso de Churchill dejó claro que aunque una evacuación en ningún caso es una victoria, jamás y bajo ningún concepto los aliados se rendirían ante el ejército nazi.

TEORIAS SOBRE LOS TRES DÍAS DE GRACIA

Muchos historiadores han interpretado el incomprensible alto del avance de los panzers (tanques) por tierra decretado por Hitler durante tres días, como una medida para forzar la rendición de los aliados y poder firmar la paz con los británicos a quienes consideraba superiores que a los rusos o belgas, quizás por el hecho de que los británicos  consiguieron un imperio, hizo que el Füreher los respetara. Otra teoría, un poco más simplona, califica el decreto de frenar el avance de los panzers por tierra, como un error de estrategia.

Hitler transmitió una orden tajante al general Kleist: las unidades acorazadas deben mantenerse a una distancia de Dunquerque equivalente al alcance medio de la artillería (entre 13 y 15 kilómetros). La orden (24 de mayo), decidió la derrota de Alemania cinco años más tarde, según Liddell Hart. En expresión del general Von Thoma, “es inútil discutir con un majadero; Hitler destruyó la posibilidad de victoria”.

Otra teoría que explicaría estos tres días de margen es que los alemanes no podían creer en el éxito fulgurante del ataque; temían una trampa o un contrataque masivo. Jodl intentó explicar los tres días de gracia concedidos a los británicos argumentando que “el ejército acorazado no puede operar en las ciénagas de Flandes”. Una simpleza. Una segunda versión, congruente con la primera, cuenta que el fatuo Goering reclamó para la Luftwaffe el honor (tronado) de liquidar al enemigo. Pero lo hizo muy mal. Sus ataques fueron esporádicos e imprecisos; no consiguió cerrar el puerto y el canal hundiendo navíos enemigos para impedir la huida.

El cineasta Christopher Nolan explica los últimos días da esta evacuación, o  rescate  por mar desde la playa de Dunquerque durante tres escenarios espaciales y temporales diferentes. Dando muestras siempre de su filia por los acertijos espacio-temporales en sus películas.

Un día en el aire, una semana en un espigón y una hora por mar. Esas tres líneas temporales se cruzarán al final de la cinta para concurrir en el crucial momento del rescate por mar. La película nos relata mediante unas imágenes sobrecogedoras la Operación Dinamo que comienzó el 20 de mayo de 1940. La operación milagro en la película arranca  bajo un intenso fuego infernal de baterías alemanas y bombardeos Syuka de la Luftware, lanzando fuego desde el aire. Tres soldados avanzan hasta la playa sorteando el fuego aéreo. Únicamente uno sobrevive y puede llegar al primer escenario de la película: el espigón.

El milago en la playa de Dunquerque según la mirada de Nolan

EL ESPIGÓN

El puerto había quedado devastado por los bombardeos alemanes, únicamente un espigon les servirá para embarcar a soldados, entre los que se encuentran los combatientes heridos. Los pocos barcos de la flotilla de evacuación estaba formada por 130 buques mercantes y 40 destructores, los cuales se defendían con sus baterías antiaéreas  de la aviación alemana mientras embarcaban a los hombres en condiciones lamentables.

EL MAR

Esta línea de hecho empieza por la pérdida de los barcos que vimos en la otra línea temporal, la que acontece en tierra (la playa o espigón). El gobierno de la Gran Bretaña no quiere arriesgar más barcos militares y por eso le pide a los civiles que vayan al otro lado del canal de la Mancha a bordo de sus embarcaciones deportivas o recreativas. Estas embarcaciones son requisadas por la armada, aunque algunos marineros aficionados optaron de forma voluntaria por emprender la aventura del rescate  sin la ayuda de la Royal Navy.

EL AIRE

El apoyo desde el aire fue crucial para llevar a cabo la evacuación de miles de soldados. La evacuación solo pudo llevarse a cabo por la cobertura aérea proporcionada por la real Fuerza Aérea, que reclamó 377 y perdiendo solo 87 de ellos. El Stuka (avión alemán) resultó ser vulnerable a los luchadores modernos. Es obvio que los alemanes tampoco quisieron sacrificar muchos aviones de su ejército para hacer fracasar la operación dinamo. En la película llama la atención el poco despliegue militar  por aire por parte de los alemanes. Ya hemos explicado más arriba que el ejército nazi quiso reservar sus contingentes militares por sospecha a una emboscada. No confiaban en que el enemigo en realidad estuviera asediado hasta ese extremo.

En la película un  piloto de la Royal Air Force (Thomas Hardy) es el encargado de proteger a los soldados que, apelotonados en la playa francesa, se han convertido en un blanco ideal para escasa la aviación alemana.

MI TEORÍA

 Mi teoría sobre esos tres días de gracia concedidos por Hitler a los aliados es que ansiaba y deseaba que los británicos se rindieran y se unieran a la causa nazi.  En esos tiempos, el príncipe de Gales había dado muestras de simpatía por la ideología nacionalsocialista. En su delirio, Hitler, creyó muy erróneamente que los británicos claudicarían ante el asedio en Francia. Eso se ve reflejado en la película porque los alemanes no les dan tregua al torpedear la armada británica y desde el aire pero de manera esporádica, imprecisa como en  cuentas gotas. Como si el objetivo fuera únicamente el de causar desgaste sin aniquilación para finalmente forzar la rendición. Por ese motivo inmovilizó los tanques que hubieran aplastado a los aliados.  Ante tal asedio y acoso los aliados hubieran podido rendirse  pero tras la evacuación en Dunquerque, la voluntad de no rendirse ante los nazis fue el impulso que les dotaría de fuerza para ganar la guerra a Hitler

 

 

El milago en la playa de Dunquerque según la mirada de Nolan(AP Photo, File)

CONCLUSION FINAL

Volviendo a la película. A Nolan, el director, no le preocupa hacer pedagogía histórica, ni tiene por qué hacerlo, aunque se echa de menos  unas pinceladas de contextualización histórica. Mas no estamos ante un documental, sino ante una película, y el cine es un arte libre ,y el director goza de licencia poética.

Dunquerque es una película de vivencias de supervivencia. Una peli cien por cien orgánica. La música de Hans Zimmer y las potentes imágenes te sumergen en las olas de la playa de Dunquerque. En la playa de Dunquerque el objetivo es volver a casa porque la otra opción es la muerte segura en manos enemigas.

Al concluir el film a uno le embarga una euforia inusitada. Una euforia incomparable en grado  a la que debieron sentir los soldados aliados al pisar el puerto de Dover, en Inglaterra. El espectador siente esa euforia, porque Nolan te hace sentir en esta película, y se siente mucho en Dunquerque: angustia, claustrofobia, y finalmente EUFORIA. El espectador es consciente que gracias a esta evacuación  el platillo de la balanza de la II Guerra Mundial se decantó hacia el lado aliado. El espectador acaba de presenciar un hecho crucial que marcaría el destino de Occidente.

Tras la evacuación de miles de soldados, Churchill pronunció su arenga más famosa, y lanzó a Hitler un mensaje valiente y claro: NO NOS VAMOS A RENDIR. Cinco años después de estos hechos, el ejército nazi fue derrotado y los aliados ganaron la guerra.

No dejen de vivir la experiencia de los últimos días en Dunquerque, y no dejen de repetirse como un mantra el mensaje central  del discurso de Churchill, NO NOS VAMOS A RENDIR que es el corazón y el alma de la película. Hay derrotas que se convierten en victorias con el paso del tiempo. Eso es Dunquerque.

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