El miedo cambió de bando, en un instante

Érase una vez un dictador, de nombre Nicolás, que representó más de una década de injusticias, hambre, violación a los derechos humanos.

Ejerció un poder ilimitado e impuso un culto desmedido a su personalidad.

Convirtió al país en una red de espías, entregadores, delatores a través de policías secretos.

Todos los poderes del estado estaban a sus órdenes.

Los crímenes y torturas a sus disidentes fueron de gran proporción.

La red de comunicaciones y televisión, controlada por el régimen, permanecía desactivada la mayor parte del día, salvo los espacios en que se instruía al pueblo acerca de las virtudes del proceso revolucionario y su “conductor”.

La población, se informaba de la verdadera dimensión de los hechos a través de medios en el extranjero y por los comentarios boca a boca.

Debilitó seriamente la economía del país, ocasionando desabastecimiento y miseria.

Aumentó la deuda externa e interna de forma exorbitante, en teoría, para proyectos que, en realidad, eran desproporcionados, sin planificación o de interés exclusivo a su entorno.

Para cumplir con sus acreedores, exportaba la totalidad de la producción agrícola e industrial y expropió viviendas, haciendas, fábricas. Fijó precios regulados imposibles de sostener.

Se enriqueció con miles de millones de dólares en cuentas personales en el exterior a costa del sacrificio de la nación.

El costo de la vida aumentó de manera alarmante.

Los servicios públicos eran pésimos y los constantes cortes de luz desmejoraron notablemente la calidad de vida del pueblo.

La población se convirtió en un grupo de sobrevivientes hambrientos tanto de alimentos, medicinas, justicia como de esperanzas.

Los hospitales no contaban con recursos para cumplir con su labor.

El pueblo realizó innumerables protestas mientras el “conductor” del régimen hacía giras mundiales alimentando sus apoyos internacionales.

Cuando las manifestaciones multitudinarias de la población se hicieron sentir en el exterior, el mandatario tuvo que regresar al país.

Entonces, encabezó un acto en la capital, que los medios oficiales presentaron como un apoyo espontáneo al régimen, donde señaló las virtudes y los logros de la revolución socialista.

Creyendo que la población seguía siendo una multitud indefensa y domesticada, calificó las protestas en su contra como “agitaciones fascistas de los opositores al socialismo”. Así, en un instante, el poder volvió a ser propiedad del pueblo.

El tirano no contó con la actitud guerrera y cohesionada de las masas, que, ante su asombro, y venciendo el miedo a la represión de las fuerzas armadas se expresó, en ese acto, claramente en su contra.

En minutos pasó de ser un cruel dictador a un pobre hombre indefenso y atemorizado.

En un instante, el miedo cambió de bando.

El dictador intentó huir en helicóptero a reunirse con su capital mal habido en alguno de los paraísos fiscales que le apoyaban, pero los miembros de su guardia se convirtieron en sus carceleros.

Fue sometido de emergencia a un juicio sumario.

El tribunal lo declaró genocida, ladrón de los bienes del país y principal responsable de sumir a la población en la miseria.

Fue fusilado con órdenes explicitas al pelotón de no dispararle a la cabeza para que su cadáver pudiera ser exhibido sin lugar a dudas acerca de su identidad.

Nicolás Ceaucescu, ex Presidente de la República de Rumanía, protagoniza, POR AHORA, el único caso de final violento de la caída de un régimen totalitario socialista.

“Cuando la tiranía se hace ley, la rebelión es un derecho”, Simón Bolívar.

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4 Comentarios

  1. Un articulo ilustrativo que llama a la reflexión de los regimens tiránicos y como se perpetua en el pioder, causando hambres sufrimientos a su pueblo. Felicitaciones

  2. Buen artículo ! Una forma resumida y ligera para entender lo fundamental de un hecho histórico que lamentablemente se repite en muchas sociedades como ha pasado con la nuestra. Parece difícil aprender la lección… cuando los pueblos se hacen conscientes de los síntomas de tiranía ya están atrapados por estas dictaduras demoledoras. La única lección que nos queda, que podemos y debemos aplicar con nuestras posibilidades y en el ámbito en que estemos, es mejorarnos no solo como personas, sino como ciudadanos, rescatar nuestros mejores valores y sobre todo, rescatar nuestra libertad !!!

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