Mi abuelo Ricardo
Fuente: http://la-guerra-civil-espanola.blogspot.com.es/

Mi abuelo Ricardo, el padre de mi padre, de mis tíos, mi abuelo. Mi abuelo el de la pierna agujereada por una bala, el que pacientemente nos mostraba su muslo atravesado por una bala, una y otra vez. El que se empeñó en enseñarme a jugar al ajedrez, el que me decepcionó a los 11 años al regalarme el diccionario Canigó catalán-castellano (el mismo que ahora mimo como si fuera un incunable), el que me contaba su batalla, su guerra, pero no como un ganador, sino como un perdedor; un perdedor con oficio, con dignidad, con sabiduría, sin rencor, sin aspavientos. Porque en una guerra no hay lugar para vanagloriarse, porque en una guerra solo hay pérdidas: solo derrotas, solo añoranzas, solo dolor, miedo, tristeza por lo que uno ha perdido, por lo que ha visto y nunca podrá olvidar, por lo que se siente y uno lamenta sentirlo, porque la cobardía asoma cuando uno quiere ser valiente, porque el hambre es amante de la sed, porque la desconfianza se abre paso entre el deseo de confiar. Porque la guerra no es terreno de héroes sino de personas con miedos, con padecimientos, con una vida que no quieren perder aunque se sientan miserables por querer vivir pese a todo.

Porque mi abuelo fue mi héroe sin querer serlo, porque nunca me contó que fue valiente, que no tuvo miedo, que disparó, que comprendió el porqué de esa guerra.

Porque me dijo que la guerra era terrible, que en la batalla lo único que sentía era miedo; miedo a morir, miedo a matar a alguien que no le había hecho nada más que estar ahí, como él, obligado.- “Yo pensaba, cómo voy a disparar, si al otro lado hay otro desgraciado como yo que lo han traído obligado y que está cagado de miedo como yo. Yo solo disparé al aire y lo mejor que me pasó es que me hirieran porque me mandaron a casa, a mi casa.”

Mi abuelo, mi abuelo Ricardo, el padre de mi padre, el padre de mis tíos; el superviviente de una guerra, de una guerra atroz, revanchista, cruel con los perdedores, una guerra odiosa, porque odio era lo que llenaba los corazones de tantos que vieron en la guerra la excusa para mostrar su mezquindad, para mostrar su vileza, su rencor, su cobardía, su odio.

Mi abuelo, mi abuelo Ricardo, el que me demostró con generosidad, con valentía, que no hay mayor valor que tener miedo, que saber que las cosas a veces son terribles y que uno en medio del dolor, del terror es capaz de seguir siendo un ser humano, sin rencor, sin artificios, sin batallitas épicas, sin héroes.

Porque cada vez que alguien decide en su despacho que en alguna parte va a haber una guerra, con todo lo que significa una guerra para la población civil, me acuerdo de mi abuelo, mi abuelo Ricardo, el padre de mi padre, el padre de mis tíos, el antihéroe, el cobarde valiente, el sensato rodeado de insensatez, el del muslo agujereado por una bala, el del miedo: miedo a morir, miedo a matar a una persona inocente, miedo a no poder seguir queriendo a mi abuela Carmen, a la madre de mi padre, la madre de mis tíos. Porque una guerra es sobre todo la muerte de personas, personas normales: buenas, malas regulares, que no han decidido morir, que no han decidido matar, que su destino lo han decidido otros, en sus despachos, en sus cómodos y confortables sillones.

Porque en las guerras recuerdo a mi abuelo Ricardo, el padre de mi padre, el padre de mis tíos, mi abuelo, y recuerdo lo valientemente cobarde que fue y su lúcida generosidad al enseñarme lo que es una guerra, sin artificios, sin héroes, sin final feliz, porque no hay nada más valiente que decirle a tu nieta que tuviste miedo.

Eso son las guerras. Solo eso, todo eso.

Yayo t’estimo.

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2 Comentarios

  1. cuando yo era pequeño le pregunté varias veces a mi abuelo sobre la guerra pero nunca pudo decirme gran cosa, cada vez que empezava a hablar se ponia a llorar y yo me quedava de piedra.
    De mayor entiendo lo mal que lo paso y lo mal que lo pasaron todos

    • Si. Cuando tomas conciencia de lo terrible que es una guerra y el sufrimiento que comporta entiendes muchas cosas que quizás en su momento nos pasó por alto.
      Te agradezco que hayas dedicado parte de tu tiempo a leerlo. Gracias.

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