MEmory

Hemos hablado en numerosas ocasiones de las filias y fobias que llevan consigo las redes sociales, cómo, en muchos casos, estas han dejado de ser una zona de ocio para convertirse en una verdadera adicción. Hay numerosos especialistas que se presentan totalmente contrarios a las redes sociales y han creado un fuerte frente detractor de esta forma de ocio que, a su entender, están destruyendo la esencia del ser humano tal y como la conocemos.

En Exegesis que, entre otras cosas, vivimos de las redes sociales, nos mantenemos en un punto en equilibrio, somos conscientes de que, en algunos casos, las redes sociales se nos empiezan a escapar de las manos pero, por otro lado, con historias como las que os venimos hoy a contar, vemos en las redes sociales una fuente infinita de apoyo y ayuda para casos particulares.

Seguramente, muchos de vosotros habréis visto la película “Memento”. Para el que no la haya visto, aprovechamos para recomendarla y contaros que, básicamente, la historia trata sobre Leonard, un joven que ha perdido la memoria temporal y que, para seguir adelante en su trama, lleva una especie de diario dividido en fotografías, notas de papel y tatuajes en su propio cuerpo para recordar todo aquello que necesita.

La historia que hoy os traemos no está alejada de la del joven Leonard, la diferencia estriba en el avance de la tecnología y en que, lógicamente, está historia no es de 35mm.

Thomas Dixon es un joven estadounidense, psicólogo de profesión y miembro de MENSA (Asociación Internacional de Superdotados). Hace cuatro años sufrió un atropello que le trajo consigo una lesión cerebral y, con ella, su memoria reciente se ha visto dañada hasta el punto de no recordar datos tan simples como qué tomó en el desayuno, con quién habló el día anterior o si ha probado algo que no le gusta o viceversa.

Lejos de que este obstáculo le interrumpiera la vida, Thomas Dixon decidió abrirse una cuenta en Twitter para utilizar esta red social como su diario particular. Hoy día, Thomas Dixon, cuenta con más de 22000 tweets en los que anota cualquier movimiento de su día, algo que hacen muchos usuarios sin tener ningún problema como el de Dixon, dicho sea de paso. Twitter se ha convertido para Dixon en su “memoria protésica”, un lugar donde registrar qué desayunó, si ha hablado con alguien durante el día y por qué motivo e, incluso, sus encuentros sexuales de los que, por supuesto, no puede memorizar nada. Todo esto lo hace bajo una cuenta de Twitter privada pues el uso que Dixon le da a esta red social no es el de promulgar que hace o deja de hacer, él lo usa, no sólo para poder tener una guía de sus días, además, extrae de sus tweets los detalles rutinarios para crear patrones en su vida y conseguir aproximarse, en la medida de lo posible, a una vida “normal”.

Además, Thomas Dixon no solo deja huella en Twitter, también utiliza Gmail, al que él ha llamado “una memoria externa”, como un gestor de recordatorios infinito, desde la típica nota para recordar una cita con el médico que todos hacemos hasta llamadas de teléfono que debe realizar a alguien que previamente le ha llamado y que, por supuesto, no va a recordar.

Dixon descarga en un archivo Excel todo su historial en Twitter y mediante el buscador del mismo localiza toda la información que necesita o, sencillamente, repasa cómo ha sido su semana y qué ha hecho durante ella.

Por si esto fuera poco, el espíritu de superación de Thomas Dixon no queda sólo en Twitter o Gmail. Mirándose a sí mismo y pensando en otros con el mismo problema que él, Dixon pretende crear un sistema que aúne todas las tecnologías que el usa diariamente para llevar su día a día. Este proyecto, al que ha llamado “MEmory”, está enfocado a que toda la gente que, como él, tiene un problema, pueda auto gestionarse sin necesidad del rutinario papel y bolígrafo que puede dar lugar a que las notas se pierdan, rompan o, lo peor de todo, que no recuerden donde fueron puestas.

Además, “MEmory”, supone para Dixon su reincorporación al mundo laboral, un mundo que fue truncado el mismo día de su accidente y que, casi con seguridad, jamás podrá volver a él.

 

 

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