La familia de Manuel vivía con pena todos los años, la partida hacía el Mar del Norte de éste, para faenar en alta mar, en la captura de merluza que congelaban en el barco frigorífico.

Pasaban parte del año faenando y regresaban en Diciembre para pasar las Navidades y unos cuantos meses de descanso ( bien merecido) con sus familiares.

La mujer de Manuel, Mercedes, sus dos hijas mayores, Maria y Sol y el pequeño Miguel que tenía 8 años pero al que ya le gustaba el trabajo de su padre, pensaba que cuando fuese mayor, acompañaría a su padre en sus largos viajes.

Se acercaba diciembre y las noticias eran buenas, las capturas habían sido abundantes y los frigoríficos estaban llenos de pescado.

Próxima la Navidad, Maria y sus tres hijos esperaban con ansiedad el regreso a casa de Manuel.

Como todos los años preparaban los mejores dulces de Navidad y guardaban los mejores alimentos para la vuelta de su esposo y padre.

De vuelta hacia casa, se desató una terrible tormenta que tambaleaba de un lado a otro el barco; no era una tormenta más, era una especie de espiral que no les dejaba avanzar.

Los pescadores llamaban pidiendo a través de su radio socorro, pero nadie parecía oirles ; la

tormenta era cada vez mayor y el barco se movía bruscamente de un lado a otro, dentro de una espesa niebla que les impedía la visión.

Mercedes y sus hijos no recibían noticias de Manuel y tampoco la Cofradía de Pescadores tenía noticias del barco.

Angustiada, Mercedes pidió a su hijo escribir la carta a los Reyes Magos, para tenerle distraído, pero él solo pensaba en su padre.

Todas las mañanas cogía la carta que había escrito a los Reyes la noche anterior, la metía en una botella y la lanzaba al mar.

Así pasaron muchos días, hasta que el día 6 de enero, el niño volvió al puerto con otra carta dentro de la botella y antes de arrojarla al agua , divisó a lo lejos la llegada de un barco frigorífico que parecía el de su padre.

Corrió sin descanso al pueblo a avisar a su madre, sus hermanas y a las familias de los pescadores que lloraban sin parar pues ya les daban por perdidos.

Llegaron al Puerto y vieron que el barco era el de Manuel, por fin encontraron el camino de vuelta a casa.

Los abrazos, la alegría, el llanto de felicidad se entremezclaban, nadie preguntaba que les había ocurrido, lo que importaba es que estaban en casa y que celebrarían la mejor Navidad de todos los años.

Una vez que Manuel se aseo, se sentaron a la mesa a comer los mejores alimentos y dulces que Mercedes preparó para el regreso de su esposo.

Después de comer, el niño que no se separaba ni un momento de su padre, le pidió que les contará que había sucedido.

Manuel cogió a su hijo en brazos y le dijo, nos has salvado tú.

El niño se quedó extrañado y le dijo que les contará todo lo que había ocurrido.

Manuel les contó que en plena tormenta y metidos en un torbellino de donde el barco no podía salir, unos extranjeros, vestidos con túnicas y un enorme barco lleno de juguetes desviaron su camino para remolcarlos; en su camino en barco hacia tierras remotas, se encontraron varias botellas con una carta dentro de ellas, dirigida a los Reyes Magos, donde siempre un niño les pedía, traer a casa a su papá.

Ellos no podían desilusionar al niño y buscaron el barco de Manuel hasta encontrarlo, les echaron un cable de acero y sacaron al barco del tornado que les envolvía, después le entregaron las botellas con las cartas del niño y se despidieron; tenían mucha prisa, los niños del mundo esperaban sus juguetes ; este año iban con retraso pues una gran tormenta de nieve les había cogido por el camino y no podían sus camellos avanzar, entonces pensaron que sería mejor viajar en barco para que los camellos y los pajes viajaran menos cansados.

Así fue como encontraron todas las botellas con las cartas que Miguel mandaba todos los días al mar.

Aquellas Navidades fueron las más felices de sus vidas, los Reyes Magos le hicieron el regalo más bonito que jamás pudo imaginar, traer de vuelta a su padre por Navidad.

Ana García Díaz.

Dedicado a mi nieto Luis, por las alegrías y los sobresalientes en todas las asignaturas.

Todos nos sentimos orgullosos de ti, cariño.

 

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