Los odiosos ocho
Fuente: http://www.hobbyconsolas.com/

Lo de que determinados géneros disfrutaron de su época dorada en tales o cuales fechas es tan evidente como lo es el hecho de tener el placer de corroborar que no solo ese tipo de cintas no pasaron a mejor  vida, sino que se reinventan con unos bríos que hacen temblar los cimientos de míticos títulos encumbrados ya al cielo del séptimo arte.  Eso del western casi suena a chino a un público embelesado con carteleras donde la tecnología punta hace furor supliendo la mayoría de las veces a un guión sin pedigrí suficiente, confinado a esa arquitectura informática que debería ocupar justamente el lugar que le corresponde, o sea, el de un discreto partener que vista de punta en blanco a una historia merecedora de las más sinceras ovaciones.

Precisamente en esto,(lo de fulminar al respetable con descomunales tramas),  es donde Tarantino se muestra intratable, y suma y sigue en eso de fabricar  éxitos a base de buenas historias, sobre todo fundamentadas en un estilo con el que la cinta gana muchos enteros, tantos que su propio sello narrativo deja en segundo témino otros aspectos fílmicos.

Tarantino se recrea en “Los odiosos ocho”, en ese juego de tahúres donde es la vida misma lo que está en juego, donde las cartas marcadas son demasiadas y todos y cada uno llevan ases en la manga. Que alguien salte de ese tapete imaginario es inevitable, como también lo es el hecho de sabernos en la emocionante sensación de no saber cuándo ni cómo.

La madeja está a la mitad cuando la creemos entera en el primer fotograma, y es que el resto del hilo se nos irá desenredando más tarde, para que ese “desorden”, haga más emocionante si cabe  el devenir de los naipes y sus singulares estratagemas.

Casi tres horas de metraje pueden parecerle a muchos un imán para escenas intrascendentes propicias para puntuales cabezadas. Nada más lejos, y aunque la pólvora no se huele hasta bien avanzada  la cinta, ni esto ni otras consideraciones ligadas a escenas de acción explícita hacen desmerecer unos diálogos aderezados con la varita mágica de Samuel L. Jackson y Kurt Russell. En este caso eso de que el éxito está garantizado  visto lo que se nos muestra en los créditos, es un hecho palpable. Lo de que hay géneros como el western que pertenecen a tiempos pretéritos, es otro cantar.

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