Las responsabilidades ausentes

En asuntos de favoritismos académicos, funcionariales o empresariales con cargo a los Presupuestos Generales del Estado hay “materia oscura” suficiente para despertar el interés de las almas curiosas. Desde los negociados del franquismo y sus botines de guerra, hasta estos episodios de más o menos irregularidades. En donde el derecho y el esfuerzo era sustituido por el padrinazgo de clase política, económica o social. Cuando se conozca el alcance de las propiedades que registró indebidamente la Iglesia Católica lo veremos. También cuando conozcamos los métodos de apropiación del Pazo de Meirás.

Tanto en los casos de Cristina Cifuentes, Pablo Casado o Carmen Montón, se termina transfiriendo responsabilidades a los “otros”. Cuando se establece una relación académica se asumen requisitos por ambas partes. El aludir ignorancia como excusa para eximirse de responsabilidades me recuerda a que el desconocimiento de la norma no exime de su cumplimiento. La responsabilidad de decidir formar parte de un ilícito es un ejercicio del uso de la libertad personal. También lo es el asumir las consecuencias de haberlo hecho. La histórica picaresca parece que se metaboliza con mayor dificultad por parte de las víctimas del sistema. La legalidad vigente sigue permitiendo que se imponga el equivocado significado de que las obligaciones puedan ser transferidas a los “otros”. En cualquier caso, los legisladores deberían dedicarse a precisar el alcance y consecuencias de no asumir las obligaciones de las funciones, sean éstas electas o por designación. La responsabilidad, es decir el conjunto de obligaciones que trae aparejada una función social, en todos sus niveles, no es en ningún caso delegable. Lo contrario es consolidar la impunidad de los responsables de los ERES, de la Púnica, de Gürtel, del accidente del Alvia, Spanair, Yack, Colza, Amianto, etc. Han deformado la legalidad para evadir sus responsabilidades.

Para Hans Kelsen, la norma tiene dos partes, primaria y secundaria. Las primarias cumplen una función de apoyo a la autoridad jurídica para establecer la circunstancia en la que se aplica la sanción, se conectan con las normas secundarias y son imprescindibles, necesarias para cualquier decisión y son normas independientes. En cambio las normas secundarias se dirigen al ciudadano no a la autoridad en cuestión, pues no indican ninguna sanción, simplemente prescriben una norma, como por ejemplo, no se debe robar, son normas que apoyan las normas primarias y son dependientes de ellas, y prescindibles.

Sin embargo, me inclino por la línea de pensamiento de otro pensador del Derecho como fue Carlos Cossio. En términos generales, tal vez deberíamos rescatar el concepto de perinorma y endonorma que Cossio aportó al Derecho. Para él, no todos los objetos son iguales: particularmente considera al Derecho como un objeto especial, una realidad cultural creada por el Hombre. La Teoría Egológica supone que es suficiente una estrecha unión para entrar en contacto con el derecho y presentarlo así como objeto. Según él, es más necesario conceder influencia a lo normativo que recurrir a la norma.

Fuente imagen: https://www.elconfidencial.com/ EFE

Para Cossio el Derecho, el objeto de estudio de los juristas, no son las normas jurídicas, como piensa la doctrina tradicional, en este caso Kelsen, sino la conducta humana y que ésta última es concebida como libertad, vale decir, como libertad metafísica.Aquí, infiero, puede encontrarse la responsabilidad ausente en el análisis de estas cuestiones que no dejan de ser grados diferentes de corrupción.

Por tanto, eximirse de responsabilidades conlleva un camino a la degradación de los valores que sustentan a la calidad democrática. Eximirse de ella nos sitúa bajo el foco de organismos judiciales de alcance internacional. Eximirse de ella permiten que el genocidio franquista siga estando impune y sus ejecutores puedan exhibir sus ansias por recuperar el poder bajo la coacción de la fuerza ante la pasividad de las autoridades electas y, lo que es más grave aún, bajo el silencio de la máxima autoridad del Estado.

En suma, según dijo Abraham Lincoln: “No se puede escapar de la responsabilidad del mañana evadiéndola hoy.”

Que cada uno asuma la suya y la Justicia aplique el derecho que lo exija.

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