Entre “Las Meninas” de Velázquez y el “Guernica “de Picasso las claves del 26J
Fuente: http://www.slideshare.net/ Assumpció Granero

Europa espera menos que América, con respecto a lo que suceda políticamente en España. Por más que la mayoría de los políticos que se disputan poder (habrá que ver sí todos se disputan el poder, en su sentido lato) no tengan el tiempo y la premura conceptual para visualizarlo, es tarea de quiénes somos considerados intelectuales el poder hacerlo. Antes que nada, cabe destacar un aspecto, que hace tiempo no se menciona con la seriedad que la cuestión amerita. Todos los que provenimos de ascendencia Española, y que por hechos fortuitos (sobre todo políticos y sociales) terminamos en sincretismo con las llamadas posesiones de ultramar, no dejamos de tener dentro de nuestra sangre o espíritu, cierta “Españolidad” por más que no seamos súbditos de la corona y juremos a la bandera de otro color, y hayamos constituido con el paso del tiempo, otros estados-naciones.

De no ser esto así, no existiría “Iberoamérica”, más allá incluso de las contradicciones, y la tortuosa historia que la ha forjado, a fuerza de, sangre, espada, cruz y arcabuz. Sí en la actualidad debiésemos responder a un categorial que nos defina (política y geopolíticamente) sin ninguna duda, que ese sería el de occidente. Podríamos arriesgar que asimismo, y por carácter transitivo, occidente, implica, democracia y está como causa consecuencia, capitalismo.

Hemos dado la discusión, y bien vale seguir dándola, como para quebrar esa supuesta obligatoriedad entre la causa y el efecto, al mejor estilo David Hume, pero, en esta oportunidad, y ante la inminencia de una nueva elección en España, vamos a dar por sentado que todo tenga que ser naturalmente así.

La pregunta, y con la salvedad, realizada párrafos arriba, y por más que no tenga la posibilidad de votar, en mi condición de descendientes de Españoles y haciendo uso de mi “Españolidad” que en nada puede ser refutada o descartada por un principio de no contradicción con mi “Argentinidad”, dado que el sistema nos define como  Occidentales, demócratas y  capitalistas, la pregunta sería ¿Qué votamos, o en verdad, a quién votar?.

Sí tuviese que elegir imágenes que representen a España, las dos que se me vienen, y que exceden esa Españolidad, como tal vez le suceda a tantos otros quizá, son precisamente Las Meninas de Velázquez  y el Guernica de Picasso.

Con la irreverencia de conocer muy poco de técnica pictórica, mi evaluación, más allá de que pudiera acompañar la opinión de muchos estudiosos que avalan ciertas presunciones, las mías son pura y exclusivamente subjetivas, o para ponerlo en buen romance, lo que me despiertan los cuadros.

Tentado a sostenerme en la definición de Thomas Lawrence “La filosofía en la Pintura” la obra de Velázquez, remite a una interpretación más en abstracto que las crudas (distorsionadas por su arte, claro está) imágenes que nos transmite la producción de Picasso.

En las Meninas, el observador, no sabe dónde ubicarse con respecto al cuadro, ni cuál es la figura central a la que prestarle mayor atención, con esa necesidad, inexplicable de encontrarle un sentido al arte (que es lo que la emparenta con la vida misma, el encontrar un sentido por más que no la tenga, y de allí su vinculación con lo filosófico, el canal más preciso, como inexacto como para brindar sentido).

Todos parecen querer invitarnos, a estar dentro del palacio. En el lugar que fuere, y en la función que sea, pero la clave parecer ser invitarnos a estar dentro. Posiblemente, la figura de los Reyes, en el famoso juego de espejos, contra-espejos  y retratos, sea la más incómoda, como para definir a donde ponemos a la Realeza. Una pregunta, que España, ni Europa, ha definido, ni con precisión, ni con armonía, y que siempre despierta tensión, como en el cuadro, y como en la historia. Velázquez, parece exhortar al espectador, que ponga esa presencia, de acuerdo a como la observe, como la sienta o como la quiera, pero independientemente de donde, una imagen ineludible e insorteable.

El cuadro le despierta a quién lo observe, el gusto, el deseo de pertenencia o de querer estar dentro del palacio, donde incluso está hasta el propio artista, una invocación a formar parte de lo palaciego, de lo intramuros, de situarnos en cualquier lugar, por más que no sepamos donde, ni siquiera la conveniencia o la razón del porqué. Nada ocurre afuera, todo está dentro, y lo metafórico, excede propiamente a la realeza, y a sus cortesanos.

El Guernica, es casi el otro rostro de la simbología Española Bifronte. Internacionalizado el pequeño pueblo Vasco que lleva como título la obra, podríamos arriesgar que se transformó en un cierto sentido, en una pintura profética, en relación precisamente a la conflictividad Vasca y el alto grado de violencia irracional, aún en tiempos democráticos (influyendo incluso, hasta en las últimas elecciones donde el atentado en Atocha, fue en un primer momento, falsamente, adjudicado a terroristas disfrazados de luchadores independentistas Vascos y de acuerdo a muchos analistas, la razón principal del resultado electoral).

La tensión en el cuadro, es más que evidente, es hasta desbordante, tanto en sus colores (o en sus no colores, más allá del blanco y lo negro y su combinación, el gris) como en sus símbolos cincelados.

Es más que obvia, y harto estudiada, la referencia a la llamada “Guerra Civil Española”, los primeros pasos de lo que sería englobado en “El Franquismo”, y que aún no ha sido debidamente revisado por las autoridades judiciales de las diferentes partes de España, cómo de occidente, donde en nombre de o bajo argucias varias, se hayan perpetrado crímenes de lesa humanidad que ni la democracia, ni el capitalismo debieran tolerar o pretender enterrar bajo lo fatuo e injusto del olvido.

Es imposible no sentirse interpelado por el Guernica, no reaccionar ante lo que nos propone Picasso, quién indefectiblemente cumple con su propuesta, cuando afirmó que la obra era “Un instrumento de guerra, ofensivo y defensivo, contra el enemigo”.     

Podríamos decir que la obra de arte, dibuja todo el afuera, no existe ningún adentro, el cuadro, incluso como secuencia o tríptico, no deja de ser una intemperie que nos conduce a todo lo que no está en un sitio seguro, sea este una casa o un palacio.

España, la Españolidad, Iberoamérica, Europa, como Occidente, pueden leerse bajo los dos cuadros mencionados. Uno del lado del otro, en sus entradas y salidas, en sus adentros y afuera, en sus tensiones, en sus profecías, en sus texturas, en sus colores, y porque no en los olores y sensaciones que puedan despertar.

Sí leyésemos lo que ocurrirá en días, con la decisión Española, que es en verdad la decisión de cierta Españolidad, bajo un movimiento Hegeliano (De tesis, antítesis y síntesis), podríamos decir que el pueblo, el soberano, tiene el cincel en mano, desde diversos lugares, estamos muy expectantes de que trazos se terminarán dibujando, para ver sí estamos y cómo estamos en ese tercer cuadro.

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