La vuelta al cole

Llega el temido Septiembre, comiéndose los últimos días de Agosto como si fuese el comecocos de aquel popular juego ochentero.  Se nos consumen las vacaciones, los días de verano y el calor; aunque este último ya nos ha acosado demasiado últimamente.

Ahora que la canícula remite, los padres ya huelen la alegría y el descanso que supone el comienzo de las clases; la guardería a tiempo completo en los colegios. Sólo que este nuevo curso lectivo enfrenta un cambio: una nueva ley de educación, una reforma llamada a mejorar el sistema anterior.

A los niños poco les importa, al fin y al cabo no han vivido lo anterior y no pueden comparar para dilucidar si se trata de un acierto o un error. Sin embargo el resto de la sociedad no parece muy conforme con la recién aprobada legislación, entre otros motivos, porque está siendo propuesta por un gobierno al que le salen los casos de corrupción por las orejas. Los que ya hemos pasado por ello, especialmente los que aún lo tenemos reciente, vemos pros y contras en una propuesta de cambio, que como todo en la política, no es nada novedosa. Básicamente sigue siento un sistema clasista, que reforzará la etiqueta de calificar a cada alumno con un número que le acompañará durante sus años de estudio.

Esa evaluación será la semilla de frustraciones y complejos futuros, de matar la creatividad individual y arrebatar la inocencia, introduciendo a los niños en un mundo hipócrita y dueño de las mayorías desde una edad bien temprana. Porque es exactamente eso, una preparación al mundo real; pero no se engañen, porque la realidad no es plato de buen gusto y por tanto, esa práctica de sociedad que imitan los colegios, tampoco lo es.

En 35 años se han sucedido 7 reformas educativas diferentes, y todas y  cada una de ellas han educado generaciones con miedo al fracaso. Pero, ¿qué es el fracaso? ¿No conseguir un buen trabajo?¿No encontrar pareja?¿No nadar en la abundancia? Todas las opciones se resumen en que fracasar significa no ser envidiado por los demás y esa, señores, es la triste realidad. Si sólo nos esforzamos en transmitir conocimientos, pero no valores, tendremos generaciones preparadas pero vacías moralmente. Aunque más que un futuro hipótetico es un presente demoledor.

Por si fuera poco, la LOMCE propone eliminar la nombrada Selectividad, que pasará a ser un recuerdo revivido por aquellos que la pasamos en su momento; protagonizando las anécdotas de generaciones como la mía igual que la mili protagonizó la de mi padre. Será sustituida por exámenes propuestos por cada Universidad para seleccionar a su alumnado, aumentando aún más si cabe, la desigualdad de calidad educativa y renombre que ya existe hoy en día entre las dfierentes facultades del país.

Abreviando, que la nueva reforma se queda con lo malo y cambia lo regular a peor. Así que guardemos un minuto de silencio por las desaparecidas PAU. Ah, y otro más por las generaciones perdidas que vienen detrás.

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