La prensa…el monopolio de la historia

Desde que Gutenberg conquistara al mundo con la palabra sagrada plasmada en una hoja de papel, la prensa se alzó con el estandarte de la autenticidad y la oportunidad. Tras los primeros y torpes pasos, accidentados y equivocados, ha construido una cultura mediática cuya diestra alcanza los rincones más inusuales de nuestra sociedad.

Sin ocultar el rostro, sus incontables agentes recorren el mundo violando la totalidad de los puntos cardinales, haciendo de las noticias el eslabón más débil para quebrar las incontables cadenas de historias ocultas o mal contadas que aprisionan la verdad.

De la misma manera ha impulsado guerras, ha ocultado peligrosos escándalos políticos, represiones, asesinatos; ha contribuido a perpetuar un sistema económico excluyente y enajenante que patina desde hace siglos en su propio excremento.

Los teóricos de la comunicación nunca vacilaron en revelar a la industria cultural como un conglomerado de empresas (medios de comunicación o de prensa) que se relacionan entre sí y que condicionan los mensajes vertidos por los medios comunicativos garantizando la perpetuación del sistema económico.

Al mismo tiempo condicionan con sus mensajes la manipulación de elementos de la subjetividad humana con finalidades políticas para influir en un nivel donde se entrelazan lo psicológico y lo ideológico con lo cotidiano en la conciencia social. Su objetivo es no sólo manipular a las masas, sino también fabricar la opinión pública en función de los intereses hegemónicos de las clases dominantes.

Noam Chomsky alertaba que los medios de comunicación intervienen en una ingeniería de la historia, la construcción artificial que pretende presentar como verdaderos, hechos que no lo son, diseñada para inducir a una conformidad con la ideología establecida

“Como consecuencia, el control sobre las mentes se efectúa de una forma sutil, refinada, que convierte a los manipuladores en auténticos artífices de la desinformación planificada.”

Una estrategia muy bien pensada y de consecuencias catastróficas, que –sin poner música tétrica ni aire apocalíptico- me atrevo a afirmar modificarán los siguientes pasos de la humanidad. Si el Periodismo ejerce la labor de crónica de nuestro presente, cuando los historiadores del futuro estudien y escudriñen esos documentos mirarán avergonzados los retratos colgados en el sitial de honor.

La historia que están edificando no es más que eso, una construcción seleccionada del total de acontecimientos, totalmente arbitraria en el devenir histórico en su conjunto, pero perfectamente adaptada a unos intereses políticos definidos. Los medios de comunicación han dejado de ser el “cuarto poder”; hoy son uno de los factores del poder mismo.

Hace unos días leía una frase que viene como anillo al dedo para este tema, y me permito parafrasearla: “los medios de comunicación influyen más sobre la humanidad que todo el arsenal nuclear”. Transforman todo lo que tratan en espectáculo; el discurso político, el conocimiento, el conflicto, el temor, la muerte, la guerra, la destrucción pasan a ser un vulgar show. El receptor es acostumbrado a ver el mundo sin actuar sobre él.

La cultura mediática que la televisión y otros medios han ido creando invierte la evolución de lo sensible a lo inteligible, alterando la relación entre entender y ver, distorsionando la comprensión del mundo, dificultando la capacidad de abstracción, y por tanto, de actuar sobre la realidad. La humanidad no es “más tonta”, pero es más manejable, más manipulable.

La imposición de ideas a través de los medios de comunicación no responde a niveles éticos y de objetividad, ni trata de mostrar diversas posiciones y tendencias sobre determinados problemas, sino que revelan una porción de la realidad que ellos mismos construyen y es sobre esta imagen sobre la que actúan los políticos y los diversos actores sociales.

De ejemplo quedan las revueltas en los países del Medio Oriente –popularizadas como Primavera Árabe- o la más reciente actividad del autodenominado grupo terrorista Estado Islámico, o incluso la crisis migratoria en Europa; temas que han tenido más repercusión en las redes sociales que la campaña presidencial de Barack Obama en el 2008.

Y sin embargo el telón de estos episodios no se ha levantado totalmente; solo hemos conocido los primeros y ensayados actos a que los medios de comunicación intentan acostumbrar nuestras mentes.  En esa oscura cruzada dirigida a insultar la inteligencia de los hombres, la prensa levanta en sus manos un nuevo blasón; el del monopolio de la historia.

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