La peras del Olmo Meditaciones del Quijote (José Ortega y Gasset)

«Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo»

 

                                               (José Ortega y Gasset)

 

Allá por 1914 Ortega y Gasset publicaba sus Meditaciones del Quijote.

No sé si porque este año se conmemora el 400 aniversario de la segunda parte del Quijote, porque ayer me compré un queso manchego de Madridejos (Toledo) como Dios manda, o porque he oído a una niña de 8 años y a un niño de 6   tronchados de la risa reproducir esa mítica frase de Sancho que venía a decir algo así como: “he visto cosas que desearía no haber visto nunca…”, para luego argumentar que “el Quijote estaba loco, pero por lo menos intentaba ayudar, hasta tres veces salió el tío” (lo cual me ha parecido el mejor resumen de ese libro universal que casi nadie se ha leído  que he oído en muchos años) que he me he puesto nostálgico y he ido directo a por el librito de Ortega.

Aunque el título parece plúmbeo, cuando te adentras en sus páginas, la verdad es que da gusto. A Ortega le gusta escribir y se gusta escribiendo. Para Ortega el ensayo no es filosofía, ni historia ni ciencia, sino un híbrido de todas ellas, lo cual para los tipos que sabemos un poquito de mucho y un mucho de nada (diletantes nos llaman) es una bendición.

Las meditaciones son un ejercicio intelectual, pero no uno de exhibicionismo erudito y tostonazo que te arrojan tu ignorancia a la cara. Ortega te coge una palabra, un concepto, ya través del lenguaje y el pensamiento busca eso que llaman la plenitud semántica, que no es más que todo aquello que la imaginación nos puede llevar a ver que algo puede significar.

La peras del Olmo Meditaciones del Quijote (José Ortega y Gasset)

Ortega se pone las lentes del yo y de esa circunstancia que es el otro. Pero no ese otro descerebrado y masa o amorfo e invertebrado. Sino de ese yo en los demás que le convierte a uno en mejor persona porque al pensar en uno mismo piensa en los demás, en el ser humano en su totalidad.

Decía Ortega que él no escribía ensayos, sino salvaciones; utiliza las palabras no para afirmar categóricamente sino para regalarnos un modus rei dicendi, perdóneseme el latinajo, que no es otra cosa que un modo distinto de ver las cosas, de profundizar en ellas y de verlas desde otras perspectivas, y eso solo lo puede hacer alguien que ame las palabras, y que se sumerja en ellas para buscar la perfección de lo amado.

Estaba loco este Ortega, no seré yo quien lo niegue, pero por lo menos intentaba ayudar, hasta treinta y cinco meditaciones escribió el tío.

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