La oportunidad de la alterglobalización
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El proyecto europeo debe regresar a las líneas que fueron la esencia de la conocida como Carta Social, con Jacques Delors como impulsor. Debe hacerlo para que los principios que fueron la base humanista del proyecto vuelvan a ilusionar y, de ese modo, contrarrestar las corrientes perturbadoras que suponen los movimientos xenófobos nacionalistas que se contraponen a aquellos valores. Los euroescépticos se han alimentado de ese malestar colectivo derivado de la Europa de los Mercados por encima de la Europa de las Personas. Aprovechan que el proyecto europeo se haya desnaturalizado.

En setiembre de 1989, la construcción del mercado único europeo iba a toda marcha, pero las reformas sociales que habían de completarlo no avanzaban. El Pleno del Parlamento Europeo intentó entonces en Estrasburgo recuperar el pulso de la política social de la CE. El entonces presidente de la Comisión Europea, Jacques Delors, presionado al máximo procuró la exigencia de una Carta Social vinculante, con calendario de medidas legislativas incluido, asumió el reto de comprometer a los Estados y, si fuera necesario, de reformar el Acta Única de la CE.

Varias preguntas orales de diversos eurodiputados se convirtieron entonces en un debate político sobre la Carta Social Europea y el desfase que existía en la CE entre las medidas económicas o comerciales y la normativa social. En aquellos tiempos, el Grupo Socialista, por medio de su portavoz, el eurodiputado español José Álvarez de Paz, denunció entonces que la postura de la Comisión Europea de no interferir en el diálogo entre los interlocutores sociales era “incumplir su papel”. “Si regula al detalle desde las características de las ruedas de los coches a los garbanzos, ¿por qué no hace lo mismo en el terreno social?

Así, respaldado por la gran mayoría de los grupos de la Cámara, criticó el tiempo perdido en la cumbre de Madrid y exigió la necesidad de que los 13 principios que inspiraban la Carta Social Europea quedaran definitivamente aprobados en el próximo Consejo Europeo que se celebraría en diciembre de ese año en Estrasburgo. La caída del Muro de Berlín y la ampliación a los países del Este, obligó a elaborar un nuevo tratado, el Tratado de la Unión Europea que se firmó en Maastricht en 1991. Con el impulso de los líderes de corte definidamente liberal, sumados a los conservadores alemanes y franceses, la Carta Social terminó por ser un papel sin demasiado valor. De aquellos polvos a estos lodos. La Unión Europea está prisionera de sus propias contradicciones. Los fondos buitre y las corporaciones son el gobierno efectivo que soportamos. Es hora de iniciar un cambio.

La oportunidad de la alterglobalización
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Haría bien el señor Sánchez Castejón en regresar a aquellas posiciones y propiciar con mano firme políticas tan oportunas y pragmáticas como la idea de la “alterglobalización” que, en un documento de trabajo, propone un economista de su confianza. Manuel Escudero captura de modo preciso el espacio que debe consolidar una acción de gobierno con vistas a la recuperación de la finalidad social de la actividad económica internacional.

No será fácil, nada lo será para esta legislatura, pero sí supondrá un freno y reactivación que, en lugar de repartir pobreza para beneficio de minorías, produzca y distribuya riqueza al conjunto de los agentes económicos de modo equitativo. En definitiva, se trata de cambiar el modelo del “crecimiento” del PP por el del “progreso”. Las diferencias son sustantivas.

El concepto de la “alterglobalización” propone modificar el marco actual de las relaciones económicas, sin que ello signifique una confrontación frontal con el modelo globalizador y desregulador neoliberal pero, si supone un dique a la avaricia de las corporaciones. Ello se advierte en el interesante enfoque que le asigna a los tribunales de arbitraje internacionales, previstos tanto en el CETA como en el TTIP.

Cómo se expone en el documento “Principios para los Tratados Comerciales”, elaborado por Escudero en mayo de este año:

“El mundo se debate entre una globalización a ultranza, que ha mostrado ser incompatible con un progreso económico justo y sostenible de la humanidad, y un neo proteccionismo que significaría el retroceso a un mundo que imposibilitaría el progreso económico de los países menos competitivos, los emergentes y los en vías de desarrollo. Entre la globalización a ultranza y la antiglobalización, entre un orden neoliberal que ya no tiene capacidad para resolver los problemas que él mismo genera y un orden nacionalista y xenófobo que nos podría conducir a tiempos ya superados de odio entre los pueblos, es necesario construir una “alterglobalización”, una globalización justa, que sin renunciar a los beneficios del comercio y la apertura, asegure al mismo tiempo las condiciones para el progreso económico, social, democrático y medioambiental de la humanidad.”

Por esta posición, si se emprende de manera seria sin artimañas ni lobbies que la distorsionen, merece la pena comprometerse. Si hay una acción meramente propagandística, sería otro fracaso de tal vez la última oportunidad de recuperar las libertades que tiene una mayoría de españoles.

Para consulta:

https://www.ecestaticos.com/file/acb950d2601756bb1d0e7a604833d63c/1526927196-acuerdoscomercio.pdf

A más víctimas empobrecidas de este modelo, menos votantes cómplices

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