La normalidad de los indignados
Fuente imagen: http://www.publico.es EFE/ Fernando Alvarado

Para el consejero de políticas sociales de la comunidad de Madrid, del Partido Popular, los niños pobres no son normales. Dicho en el parlamento de la Comunidad deja en evidencia el grado de decadencia moral del servicio público. No ha dimitido. Esa conducta sí que es “normal” dadas las actuales condiciones de la gestión que se viene haciendo desde las instituciones. Todas.

El debate acerca del significado de “normal” nos permitiría concluir que para muchos de estos sujetos, y para una parte no menos desdeñable de la sociedad, la corrupción, la mentira y el latrocinio, podrían también considerarse “normales”. Entonces, ¿podríamos asumir que los que reclaman por sus derechos, jubilados, trabajadores, víctimas de las negligencias de los gestores, no son normales? Pero, ¿en qué país nos hemos convertido?

Alejandro Torrús, en el medio digital Público, lo dice con claridad: “Si usted siente “antipatía y aversión hacia alguien y le desea el mal”, es decir, si usted siente odio, tal y como lo define la RAE, no se preocupe. No está cometiendo ningún delito. Odiar no es delito. Es más, usted tiene incluso el derecho a odiar. Tiene derecho a sentir “antipatía y aversión” hacia su jefe, hacia los homófobos, hacia el colectivo LGTB, hacia los machistas y las feministas, hacia el club de fútbol de la ciudad rival, hacia el suyo propio cuando pierde, hacia el mundo del toreo o los antitaurinos, hasta a su cuñado. El odio es libre y, sobre todo, es humano”. La aplicación perversa de la legalidad diseñada por el poder, es el territorio preferido del “normal” totalitario, que suele ver como “anormal” a los discrepantes, a los de diferente raza, religión u opción sexual. Esa legalidad les confiere impunidad.

Nuestro ministro del Interior, otro miembro más del Opus Dei, afirma que: “Vamos a perseguir y enjuiciar los delitos de odio para que, sobre los culpables, caiga el peso de la ley, que es lo que pasa en los países libres y democráticos y donde prima la división de poderes y el Estado de derecho”(…)”todos los que les han faltado a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado paguen judicialmente por ello”. Su intención es que el Gobierno combata a esos delitos. Pero, ¿odio de quién hacia quién? ¿Es “normal” juzgar intenciones? La Justicia en un Estado de Derecho sólo se aplica para definir si los hechos son constitutivos de delito. Cuando se persigue la opinión se ingresa en una dimensión de posible eutanasia social de la discrepancia política, religiosa, económica o sexual. Sería inaceptable que esto se aceptase como “normal”.

A Pedro Sánchez, parece que en su cuarta asamblea ciudadana, celebrada este jueves en Leganés (Madrid) le recordaron que la realidad le está llegando más allá de las consignas de escaso calado práctico que sus gabinetes de comunicación están produciendo. Allí, oyó numerosas voces en defensa de pensiones públicas y dignas. Un representante de una asociación de jubilados anunció en plena asamblea que se está preparando una gran manifestación de ámbito nacional, “porque los pensionistas tienen ganas de salir a la calle. ¡la gente está hasta las narices!”. Sánchez, respondiendo dijo que “se apuntaba” a hacer la manifestación. De su pasividad en mantener a M. Rajoy en La Moncloa, ni una palabra.

La normalidad de los indignados
Fuente imagen: https://www.elconfidencial.com EFE

Deberíamos decir los ciudadanos a esta clase política, que se están repitiendo las condiciones para que la indignación sea el combustible que alimente las movilizaciones. Que no sea que los políticos que son cómplices se vean en la situación de ser expulsados de esos espacios de expresión ciudadana. Esa tal vez sea la nueva normalidad que se está gestando y que ellos, en su miopía, no alcanzan a dimensionar. 

El Ministerio de Fomento, o Lobby de los Constructores, nos informa que el rescate de las autopistas, gran estafa si nos ajustamos a las declaraciones de Ana Pastor, o de anteriores o posterior, que deberemos pagar entre 2.000 y 3.000 millones por este rescate. Porque hubo anteriores. Todo normal.

Está llegando la “normalidad de los indignados”.

La movilización como legítima respuesta democrática

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