La crisis es ética, estúpido!
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Pese a convenir que el problema económico es la innegable escasez de recursos frente a la inmensidad de las necesidades, la cuestión difiere en el modo de afrontar ese desequilibrio. En los criterios para atender las necesidades. En el modo de lograrlo. Los defensores del egoísmo como actitud, seguramente sólo atenderán a criterios utilitarios. A la ley del más fuerte. Por el contrario, aquellas personas que se preocupen de los demás individuos de su comunidad, centrarán su atención en contribuir al bienestar común. A la equidad. A la Justicia. En ambas conductas divergentes puede resumirse el núcleo de los comportamientos sociales, económicos y políticos de este país.

Para aquellas personas que no tengan presente la ciencia que se ocupa de la valoración de las acciones morales, se lo recuerdo: la Ética. Esta rama de la Filosofía estudia la conducta humana. Lo correcto y lo incorrecto. Lo bueno y lo malo. La virtud, la felicidad y el deber. Las acciones que centran la atención de la Ética son las acciones morales, sean estas privadas, interpersonales o políticas. La Ética perfecciona la conducta humana. De todo ello se deriva que, quienes justifican, defienden o contribuyen a que la corrupción económica, política o periodística identifique a España en el mundo, tienen una conducta ética reprochable. Somos noticia en el exterior.

Si una sociedad acepta con naturalidad los comportamientos corruptos de empresarios, funcionarios, políticos, magistrados y autoridades religiosas, es que estamos frente a una crisis ética de proporciones. El haber llegado a la justificación de los comportamientos delictivos en las altas instancias del Estado también es inadmisible. Ese nivel debe ser ejemplar. Porque el incluir como natural que la impunidad sea la norma y no la excepción no es alentador para consolidar el sistema democrático. Mucho más aún, que los ciudadanos no castiguen a los partidos políticos que persisten en no asumir las responsabilidades derivadas de actos reñidos con la decencia, termina siendo una perversión ética.

El tender un manto de silencio acerca de sonados casos tampoco contribuye. Como la venta de armas para bombardear Yemen. El cobro de comisiones por la compra de petróleo. Las preferencias blindadas de grupos empresarios en las contrataciones públicas. La deserción de responsabilidades ante catástrofes como el accidente del Alvia. El del metro de Valencia. Spanair. El Yak. La lista es extensa. Los innumerables archivos y aperturas de las causas también. Todo sin mencionar la cuenta pendiente de los asesinatos masivos durante y, especialmente, después de la Guerra Civil. El Estado Español está frente a una crisis ética que no afronta y que se hace evidente a cada caso de corrupción que se le acumula al listado.

Por supuesto que no mencionaré la imprudente defensa del inmoral modelo neoliberal que, el Jefe del Estado, declaró durante su visita a la Argentina. Como titulado en ciencias empresariales que es, me dejan dudas sus cualificaciones. En aquel país, con una prima de riesgo en torno a 800 puntos, una inflación que está fuera de control, una devaluación de su moneda que aproxima su economía al default y una brecha social que somete a la mayoría de sus habitantes a la pobreza más injusta. Dado ese panorama, el Jefe del Estado afirma que “… España es muy consciente de la situación económica que ha atravesado Argentina y apoya todos sus programas de reforma que están en marcha”. Deberíamos recordarle a Felipe VI que sus palabras públicas, siempre, representan el sentir de la mayoría social española. No creo que sus palabras la reflejen. Tendría que asumir que luego de la moción de censura los ciudadanos algo han dicho al respecto. ¿A qué modelo representa el Jefe del Estado?

Por ello, las diversas manifestaciones generadas estos días a raíz del caso “Cloacas”, como si no se advirtiesen las acciones que se incentivaban desde las más altas instancias del Gobierno y de las corporaciones del IBEX, me produce vergüenza ajena. Sin la garantía de una Justicia independiente, ningún sistema político que respete los principios éticos puede sobrevivir.

Estamos en un momento histórico tal, que los ciudadanos tienen en sus manos el futuro de España.

Con el culo al aire

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