La corrupción de la retórica

Hubo un tiempo en el que las cosas nos entraban por los ojos y ahora por los oídos. Tenemos a políticos campeones nacionales de debates, provenientes del mundo académico, real o ficticio, rellenando horas de prime time; ha surgido cual Venus de Milo la figura del coach para ayudarnos a llevar todos los aspectos de nuestra vida; y cuando hace dos décadas era el teamwork, el total management quality o la competitividad, ahora el márketing recurre a la retórica de las emociones. Pero, ¿acaso estamos vendiendo humo? O, peor aún, consumiéndolo como fumadores pasivos.

Que no se me malinterprete, la tesina que yo misma redacté en su día abogaba por la recuperación de la retórica clásica en la educación. Pero, cuidado, la retórica clásica, la del trivium que unía saberes, la que se basaba en el conocimiento, la estructura y la creación final de algo mínimamente provechoso. Por el contrario, la moda de comunicar con eficacia se ha desvirtuado hasta tal punto que se está disparando en el pie. Es un fad, una manía, una fiebre, una novedad, en sumo, algo pasajero, divertido, que produce un ligero cosquilleo y despierta un falso deseo, pero paradójicamente, ineficaz. Son los 15 minutos de fama.

Más aún si se basan en medias verdades, que es lo mismo que la mentira. Cuando llevo el coche al taller, el mecánico empieza por explicarme minuciosamente los problemas del vehículo y le paro en seco para hacer la pregunta que en realidad me interesa: ¿cuánto me va a costar? Recientemente, me han ofrecido un pequeño encargo, teóricamente de 5 horas, y tras tratar de averiguar en qué consistía, le pregunté por el pago, y la respuesta fue tan sorprendente que es la razón de esta reflexión. Hagamos un paréntesis y volvamos a la política. En los últimos tiempos hemos visto un auge del interés público en estas lindes, cuando antaño lo habitual era que a pocos le gustaba la política. Pues bien, la respuesta de la directora fue detallar de las formas de pago, es decir, no contestar, al igual que hacen muchos políticos… Soy autónoma… Estupendo, dice. Pero me refiero al importe que voy a recibir por el encargo, sé cómo facturar, tenía ganas de añadir. Es cierto que en un primer contacto no es elegante discutir dinero, pero esto es un encargo y no una entrevista de trabajo. Fue entonces cuando escuché una de las frases más hilarantes de los últimos tiempos. Mi secretaria te enviará la propuesta económica. Por fortuna, las conversaciones telefónicas no permiten ver la media sonrisa que se dibujaba en mi rostro porque en ese momento supe exactamente de qué se trataba todo el encargo. Hemos glorificado “5 horas de trabajo”, que consistían en un número totalmente indeterminado de horas invisibles que añadían la creación del producto vendido a un tercero pero inexistente, con una propuesta económica cuya cifra era igualmente hilarante, claro. Empecemos por ahí. Porque al final, ninguna transacción se va a materializar si las cosas no están claras. Quizás el truco funcione una vez, pero de nada sirve si la pieza defectuosa va a provocar un fallo aún más engorroso en un futuro y terminar por mandar al vehículo al desguace, porque no te van a volver al taller. Eso lo sabe cualquier pequeño comerciante medianamente hábil.

El uso de eufemismos disfraza alguna carencia, se aconseja decir “se nos ha agotado” a “no lo tenemos”. La exasperante negativa desaparece y da la sensación de que el producto tuvo un éxito tal que se lo han quitado de las manos y tú, desafortunado comprador, te has quedado sin él. Ahora lo desearás aún más. La carencia se transforma en un punto fuerte y, mágicamente, con la mera obra del invisible y todopoderoso verbo, el problema se traslada a ti. ¿Qué le ha pasado a la honestidad? Confieso que a menudo mis respuestas son indeterminadas, al menos hasta que cuente con toda la información para asumir un compromiso. Soy gallega, pero esa vaguedad en ocasiones conduce a la claridad. Los eufemismos nos aportan una falsa sensación de seguridad, funciona hasta que llega la decepción, que es mucho peor que la negativa. Porque te confunde. Te corroe por dentro, porque ahora el problema lo tienes tú y necesitas todo un proceso terapéutico para justificarte hasta un buen día encontrar que el problema lo tiene la otra parte. Con lo sencillo que hubiese sido decir no lo tenemos, pero aunque no lo puedo asegurar, haré lo posible por encontrarlo, si puedes esperar un poco. Se sobreentiende entonces que el otro es valorado, que interesa, que tengo la iniciativa de buscar soluciones desde lo humanamente posible. Quizás no se concrete el acuerdo, pero la otra parte sentirá que su interés es apreciado. Total, no tenías lo que quería, pero al menos sabes lo que quieren.

Lo cual me lleva al siguiente punto. ¿Qué es un experto? Un experto sabe, mucho. Tiene conocimientos teóricos y la intuición que le proporciona la experiencia, pero en un mundo cambiante, no dispone de todas las respuestas guardadas bajo la manga, sino que es una persona capaz de manejarse en un campo y encontrarlas. Todos sabemos que no es lo mismo una comida hecha con esmero, slow food, que algo hecho deprisa y corriendo, fast food. Las dos alimentan, pero sufrimos las consecuencias en los kilos que refleja la báscula y el colesterol en las arterias. El experto, como mínimo sabe dónde y cómo buscar las respuestas. El falso experto o el experto a medias vende humo. En un momento de descuido y de prisas, te la cuela. Pero casi diría que esa forma disimulada de dorarte la píldora funcionará un día, pero a la larga cerrará puertas.

Valorando al otro, te valoras a ti mismo. Hablando con claridad, serás riguroso. Buscando las respuestas, harás un buen trabajo. Puedes esquivar la curva, pero si conduces mal, tarde o temprano tendrás un percance serio. Puedes vestir la mona de seda, pero cuando se rompan las costuras, el que quedará desnudo eres tú. Quizás sea preferible volver al patio del colegio y observar cómo los niños y las niñas son capaces de crear sinergias para obtener un fin con total honestidad, transparencia y pureza. Quizás sea preferible ser auténtico. Al final, el embalaje es lo que tiras a la basura.

No hay comentarios

Dejar respuesta