Karabaj ante una catástrofe humanitaria
Fuente imagen: https://www.publico.es/ REUTERS / Vahram Baghdasaryan

Como muchos de nosotros sabemos, el pasado 27 de septiembre de 2020, Azerbaiyán lanzó un ataque militar a gran escala contra el pueblo armenio de Alto Karabaj. Pero antes de entrar en distintas cuestiones relacionadas con esta guerra, creemos oportuno comenzar con una breve referencia de los acontecimientos históricos y de las raíces de ese conflicto sumamente complejo, así facilitando una mejor comprensión para el lector.

Karabaj es una región histórica de Armenia que en diferentes épocas ha sido ocupada por distintos imperios. Sus raíces armenias se remontan al primer milenio antes de Cristo. El Imperio ruso, ampliándose hacia el sur, a Transcaucasia, anexionó Karabaj en el 1805. Como resultado de dicha ampliación territorial del Imperio ruso fue la firma del Tratado de Gulistan con Persia en el 1813. Tras la revolución rusa en el 1917 y el colapso del Zarismo, en el 1918 Armenia y Azerbaiyán obtuvieron una breve independencia. Es a partir de esta fecha que comienza la controversia sobre el territorio de Karabaj entre la población autóctona armenia de esta región y el recién creado Azerbaiyán, en cuyo apoyo intervenía el ejército turco otomano. El violento conflicto en esta región terminó con la sovietización de las repúblicas del Cáucaso. Así, el 30 de noviembre de 1920, el gobierno soviético de Azerbaiyán reconoció Karabaj como parte de Armenia, pero tras poco tiempo revocó esta decisión. Poco más tarde, el 16 de marzo de 1921, fue firmado del Tratado de Moscú entre Turquía kemalista y la Rusia bolchevique (gobiernos que en aquel momento carecían de reconocimiento internacional), que determinó que las regiones Alto Karabaj y Najichevan van a pasar bajo la administración de Azerbaiyán. A pesar de ello, el 12 de junio de 1921, el gobierno de Armenia Soviética declaró Karabaj como parte integrante de su territorio, basándose en la voluntad expresada de su población. A pesar de dicha voluntad manifestada por parte de la población de Karabaj el 5 de julio de 1921, con la injerencia directa de Stalin, el Partido Comunista adoptó una decisión puramente política por la cual Alto Karabaj, cuya poblaciòn era ètnicamente armenia en su casi totalidad, pasó a estar bajo el control de Azerbaiyán, ignorando por completo las raíces históricas de Karabaj y la voluntad de su población.

Concluyendo esta breve presentación de los acontecimientos históricos, cabe resaltar que la guerra actual de Karabaj, es la continuación de una guerra iniciada a finales de los años 80 del siglo anterior, cuando los armenios de Karabaj, aprovechando la nueva política de perestroika y glasnost, volvieron a expresar su voluntad de ser liberados del control de Azerbaiyán. La respuesta por parte de los azeríes fue desatar una guerra contra los armenios Karabaj que culminó con la victoria militar de los armenios en el 1994, fecha cuando se firmó el alto de fuego por parte de Armenia, Alto Karabaj y Azerbaiyán.

Al no conseguir ningún resultado en las mesas de negociaciones, principalmente por la postura maximalista del padre e hijo Aliev (presidentes de Azerbaiyán), este país optó por la política de rearme, aprovechando los inmensos ingresos generados por la venta de petróleo. En paralelo, Azerbaiyán, rotundamente rechazaba implementar cualquier medio de observación para el control del alto de fuego, o de retirada de francotiradores de la línea de frente, así manteniendo el conflicto en situación latente. En estas circunstancias, aprovechando la situación provocada por la COVID-19 cuando todo el esfuerzo y la atención de la Comunidad internacional está focalizada en superar dicha pandemia, Azerbaiyán con el apoyo directo de Turquía y con la involucración directa de los mercenarios el 27 de septiembre desató la guerra actual. En efecto, la participación por el lado de los azeríes de los mercenarios que son miembros de las organizaciones consideradas internacionalmente terroristas, hecho confirmado por los países como EE.UU., Rusia, y Francia entre otros, en gran medida ha determinado la percepción de la Comunidad internacional sobre esta guerra. Este hecho ha puesto a Azerbaiyán en una situación internacionalmente muy compleja, ya que se deduce, nada más ni nada menos, que ese país patrocina el terrorismo internacional.

Además, la situación se agrava debido al apoyo directo de Turquía a Azerbaiyán y la venta continua a este último, de armas como drones, y misiles balísticos tipo LORA de gran precisión y capacidad de destrucción por parte de Israel. Hay que destacar, que la participación directa de Turquía en el conflicto tiene un efecto psicológico muy grave para los armenios, ya que inminentemente provoca eco de la política genocida de Turquía contra los armenios llevada a cabo hace 100 años, exterminando y expulsando toda la población de Armenia Occidental, conocida ahora como Anatolia Oriental. Es por ello, que, en su llamamiento a la población armenia, el Primer ministro Nikol Pashinyan, subrayó que los turcos no vinieron aquí para solucionar el problema de Karabaj, sino para lograr el exterminio de nuestra nación. De alguna forma, las palabras Nikol Pashinyan se evidencian en el discurso dado por el presidente Aliev quien dijo: “Karabaj es nuestra tierra. Tenemos que volver allí y lo estamos haciendo ahora. Esto es el final. Les mostramos quiénes somos. Los estamos persiguiendo como perros”.

Desde el primer día de la actual guerra se han evidenciado conductas y hechos contrarios al Derecho internacional humanitario. Las principales ciudades de Karabaj, donde se encuentra la mayor concentración de la población civil, están bajo bombardeos constantes por parte de los azeríes con armas prohibidas como son las bombas de racimo. Parece que lo que busca Azerbaiyán es causar el mayor daño posible a la población civil, y en tal caso obligar que la gente abandone sus hogares.

Debido a esa conducta, Armenia ha solicitado al Tribunal Europeo de Derechos Humanos medidas cautelares en contra de Azerbaiyán y Turquía. En este sentido Armenia ha exigido que “se apliquen medidas provisionales contra Azerbaiyán, en particular, que le obliguen a poner fin al bombardeo de los asentamientos civiles, y de los bienes civiles, así como a abstenerse de acciones ofensivas indiscriminadas”. En relación con Turquía, Armenia ha exigido que “ante la escalada del conflicto, a todos los Estados directa o indirectamente implicados en el conflicto, abstenerse de violar el Convenio”. Ambas medidas cautelares han sido tramitadas y aceptadas por el Tribunal (ECHR 265 y ECHR 276), pero hasta este instante no hay indicios de cumplimiento de las mismas, lo que pone a la población de Karabaj ante una catástrofe humanitaria.

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