Cuando se trata de memorizar o aprender algo, la experiencia es la forma más eficaz de todas. Ya lo dijo el psicólogo Edgar Dale cuando elaboró su cono del aprendizaje. Este modelo dice que, de la información que recibimos:

  • Sólo recordamos el 10% de lo que leemos. Por ejemplo, unos apuntes.
  • Sólo recordamos el 20% de lo que oímos. Por ejemplo, una conferencia en audio.
  • Sólo recordamos el 30% de lo que vemos. Por ejemplo, una fotografía.
  • Sólo recordamos el 50% de lo que vemos y oímos. Por ejemplo, un vídeo.
  • Recordamos el 70% de lo que decimos. Por ejemplo, si damos una charla.
  • Recordamos el 90% de lo que hacemos. Por ejemplo, una dinámica práctica.

    Cuando leemos u oímos involucramos muchas menos áreas de nuestro cerebro que cuando hacemos algo.


Obviamente, si leemos repetidamente unos apuntes, podremos llegar memorizar el 100%. Pero lo verdaderamente importante es que, con una sola vez, sin repetición, podemos recordar el 90% de lo que hacemos.

¿Por qué esto es así? Porque cuando leemos u oímos involucramos muchas menos áreas de nuestro cerebro que cuando hacemos algo. Cuantas más áreas funcionen en el cerebro a la hora de procesar una información, mejor se almacenará esa información en la memoria de corto y de largo plazo.

¿Quieres comprobarlo por ti mismo/a? ¿Experimentarlo? Vamos a hacer una prueba.

La prueba consiste en que leas el siguiente listado de 12 acciones (puede ser tanto en voz alta como en voz baja):

Silba, tócate un pie, dibuja un círculo en el aire con el dedo, maúlla, guiña un ojo 3 veces, muerde un bolígrafo, aplaude, ponte en pie y gira a tu alrededor, bosteza, da un golpe de kárate a la mesa, di tu nombre en voz alta, ponte a cuatro patas

Bien. Ahora aparta la mirada de la pantalla. Coge un papel e intenta recordar la mayor cantidad de acciones que recuerdes.


Cuantas más áreas funcionen en el cerebro a la hora de procesar una información, mejor se almacenará esa información en la memoria de corto y de largo plazo.


Ahora voy a plantearte un nuevo listado de 12 acciones. Pero ahora, en vez de leerlas, ejecútalas. Es decir, si lees un “salta”, salta de verdad:

Enciende una luz, date una bofetada en la cara, arrodíllate, chúpate el dedo pulgar, saluda con la mano hacia la pared, di en voz alta la hora que es, asómate a la ventana, sopla, métete un dedo en la nariz, tararea una canción, dibuja tu firma en el aire, saca la lengua

De nuevo, coge un papel e intenta escribir la mayor cantidad de acciones que recuerdes.

¿Cuántas has sido capaz de recordar esta vez? ¿Y en qué orden: en el mismo en el que estaban puestas o de forma aleatoria? ¿En qué orden recordaste las del primer listado?

Este sencillo pero desconocido funcionamiento de la memoria es uno de los muchos que la neurodidáctica emplea en su metodología. ¿Y qué es la neurodidáctica, te preguntarás? En el siguiente vídeo podrás descubrirlo:

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