Hablemos de la dignidad humana

Ahora le llaman populismo, pero yo lo considero dignidad. Lo que Alexis Tsipras o Pablo Iglesias piden es acercar el gobierno del pueblo al pueblo. No se lo que harán una vez tengan el poder, pero es lo que básicamente están vendiendo. Por eso cada día tienen más seguidores. Si me preguntan si me fío de ellos, diría que no. Si me dicen si me agradan sus palabras, la respuesta es un SÍ rotundo.

Entiendo bien también el discurso del PP y por ende, parecido al del PSOE. Han ostentado el poder por turnos durante más de 30 años y nos han llevado a una situación lamentable. Ahora ven que tal vez lo pierdan y van a mover Roma con Santiago para que esto no suceda. Como no pueden hacerlo con ideas ni con hechos, pues meten miedo y tildan a otros de populistas. Una reprochable táctica política a la que nos tienen muy acostumbrados y que cala en el electorado que ha perdido las ganas de luchar y se ha olvidado de su dignidad. El acomodado y habituado a las broncas del jefe mientras baja la cabeza.

Puede ser que Podemos sea populista. No seré yo quien lo niegue. Lo que no entiendo es que eso sea un insulto. Máxime si proviene de un partido político que llegó al poder con un programa que ha defenestrado e incumplido punto por punto. No se a ti, lector, pero a mí me cabrea que me tomen por tonto e insulten mi dignidad.

En mi caso personal, estoy ahora logrando un sueldo similar al que tenía cuando comencé a trabajar. Y llevo ganando dinero con mi esfuerzo desde octubre de 1999. Es decir, que no me llega para fin de mes. Atentan contra mi dignidad. ¿A quién prefiero escuchar? ¿A Pablo Iglesias que promete ayudar a gente como yo o a Mariano Rajoy que mete miedo e incumple sus programas políticos según sus necesidades, las de los bancos, hidroeléctricas, Europa y Angela Merkel? No se tú, pero yo lo veo blanco y en botella.

No me creo nada de nadie. Esa es la verdad. Pero sí soy una persona con dignidad. De mi esfuerzo y mis horas de trabajo diario sale un dinero escaso, pero con el que vivo. Un sueldo indigno, pero ganado con toda la dignidad del mundo. Ganas e ilusión por salir adelante, amor por mi pareja, amigos y seres queridos. Lucha diaria por levantar la cabeza y que no me pisoteen. Una guerra titánica contra el discurso del miedo y la gestión para los poderosos a la que me resisto a ceder, aunque se que no ganaré. Que vayan a venderle la moto a otro. Este que escribe ya es perro viejo para el discurso del miedo o el de sueldo para todos.

No creo ya en fábulas sociales, pero tampoco en capitalismos exacerbados. Esos señores mercados que deciden qué países salen y cuáles no, en qué estados hay guerra y en los que no, por mi parte se pueden ir a tomar por saco. No debería ser tan difícil que nos dejen en paz de una puñetera vez. Tienen más de lo que podrán gastar en su vida. Están acabando con un planeta que tiene recursos para que todos podamos vivir sobradamente bien. Que vayan a pisar la dignidad a su familia. No les conozco. No me conocen. No les he votado. No me importa qué hacen con su vida. ¿Por qué no me dejan en paz?

No votaré a Podemos. Tampoco a PSOE o PP. Voy a votar a Equo. Un partido verde. Puedo parecer un friki por decir esto abiertamente y en público. Vale, lo acepto. Pero defienden este mundo. Porque si seguimos así, no habrá planeta que explotar, lugar donde vivir ni dignidad que pisotear.

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