Frente a la confusión un poco de claridad
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Las usinas de fakes tienen como principal cometido, además de costarnos a cada español una cifra aún por determinar, pero presumiblemente costosa, crear confusión en aquellos temas en los que no le resulte aceptable al candidato ser claro.

De este modo, como ejemplos, se tiene la osadía de hablar de los principios republicanos y su vinculación causal con la monarquía. Con esta monarquía precisamente, coronada por un dictador y envuelta en la legalidad de una Constitución que no es, por ello, republicana. Esto es insolente por el mero hecho de poner a prueba la inteligencia de los españoles y españolas. Pero se acepta con normalidad tamaño disparate.

Se proponen definiciones ideológicas calificadas como progresistas, mientras se llevan a cabo concesiones a los centros nacionales e internacionales, tanto financieros como empresariales, garantizándoles “estabilidad”. En especial a los fondos buitre que están, por su voracidad, desestabilizando el mercado del alquiler urbano, además de mantenerles las políticas de privatización de servicios públicos esenciales para una convivencia ordenada.

Para que se quiera gobernar es un concepto que debe aclararse. No se gobierna para mantener el escenario de las legislaturas de Mariano Rajoy, una de ellas gracias a la abstención del PSOE. Eso no lo votaron los ciudadanos.  Aunque a juzgar por la voluntad de producir cambios que ha manifestado este equipo de Pedro Sánchez, Cristóbal  Montoro sigue en el ministerio de Hacienda y Fátima Bañez en el de Trabajo. También que la CEOE se ha tranquilizado. Eso debería inquietarnos. El Proyecto Chamartin debería inquietarnos. También que lleven casi dos años de “gobierno en solitario”… y Herman Tertsch, eurodiputado de Vox, haya sido nombrado tercer vicepresidente en la delegación del Parlamento Europeo para Latinoamérica gracias a la abstención de los diputados socialistas.

Cuando hablamos de “progresismo”, en lugar de permitir que lancen el término como un insulto se debería llevar a cabo una labor pedagógica para aclarar el concepto. Por tal, se debe entender a una tendencia política que se basa en la transformación cualitativa del individuo. Es su cometido la mejora en el “ser”, gracias a la justa redistribución de la riqueza y a la recompensa del talento. Ello, sin vincular ese perfeccionamiento a privilegios inaceptables en estos tiempos . El Progresismo propone construir un Estado del Bienestar, antes que el bienestar de las corporaciones que lo privatizan. Además, defiende los Derechos Civiles reales, más allá de enunciados propagandísticos. Por lo enunciado, el Progresismo se opone al Conservadurismo de la derecha o al socialismo de la Tercera Vía. La Gestora y algunos barones del PSOE son exponentes.

Los progresistas procuran la libertad personal y la priorizan sobre la libertad económica que deja indefenso al individuo frente a la concentración del poder económico. De aquí que el verdadero progresismo fomente reformas estructurales en lo social, económico, político e institucional, con lo cual se desea profundizar en la libertad del individuo. Mantener la Reforma Laboral no es progresista. Ni la Ley Mordaza. Ni una fiscalidad que permite eludir un aporte equitativo en relación a patrimonios y rentas. También hay muertos por desatención en la Dependencia. Con la llegada del invierno se avecinan los cuadros de enfermedades respiratorias por la pobreza energética. Eso no es Progresismo.

No es tiempo para permitir que ganen los saqueadores y sus cómplices. No bajar los brazos es la actitud. Estamos en plena confrontación de la voluntad de los pocos que lo quieren todo frente a la voluntad de los muchos que tienen poco. ¿Está claro?

Los atónitos ciudadanos de una democracia en falso

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