España, un cuadro monótono

Hoy en día es difícil defender a nadie en la política: a aquellos partidos que no han subido al poder se les tacha de inexpertos, y los dos únicos que gobiernan salpican por turnos el país de azul y rojo con capas de pintura que, cada vez, brillan menos y no cubren ya la mala situación de la nación.

Es cierto que da miedo que gobierne un partido que no había salido antes, pero más miedo da dar una mayoría absoluta a uno que ya sabemos que lo hace mal. Datos del periódico “El Mundo” muestran que, de los casos de corrupción en España, el 80% de las tramas se reparten entre el PP (50%) y el PSOE (30%).

“No muerdas la mano que te da de comer”, pero los grandes dirigentes cogen la muñeca, el codo y seguirán más allá si no paramos de alimentarlos y decirles que no nos importa tanto.

Más aún, ya ni se esfuerzan en ocultarlo: ¿cuántas veces vemos a un político evadir o ignorar preguntas comprometidas de los medios?, ¿en cuántas ocasiones los desargumentan en debates y apenas se defienden repitiendo la misma mentira sin parar? Y lo peor es que no nos asombramos, porque las mentiras e inutilidad de los políticos es lo habitual.

Al final, solo queda darles una oportunidad a esos partidos que todavía no han podido demostrar lo buenos o malos que son (y sin dar mayorías absolutas, que ya sabemos cómo acaba). La población de España es un grupo de artistas, y la política su lienzo; llevan años pintando con dos colores, y cada vez empeoran más la obra, rojo para tapar el azul y viceversa, sin arreglar nada. Quizás es el momento para buscar nuevos colores que arreglen el cuadro, ver cuáles sirven y cuáles no, y por fin intentar hacer un hermoso y colorido paisaje que otros países envidien.

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