Ensayo sobre la lucidez y el chico nuevo de la clase

Hay un libro de José Saramago titulado Ensayo sobre la lucidez en el que no había vuelto a pensar desde hace años. Cuando lo leí me pareció un buen ejercicio literario pero no acabé de entender todo lo que Saramago quería explicarnos. El libro, que está ligado a su magnífico Ensayo sobre la ceguera, nos lleva a un país que está celebrando unas elecciones. Nada nuevo bajo el sol; día de votaciones, gente que acude a las urnas, gente que no, recuento de votos y… Aquí viene la sorpresa: el resultado mayoritario es el voto en blanco. Los políticos no dan crédito a lo sucedido. No saben cómo gestionar un resultado electoral en el que no se ha decido nada. En un desesperado intento de aferrarse a la normalidad convocan una nueva votación, misma rutina y el resultado es una victoria todavía más amplia del voto en blanco. Las autoridades se sienten acorraladas y buscan un complot y culpables para explicar semejante desatino pero el hecho es que no hay responsable. Cada uno de los votos en blanco ha sido decidido por la persona que lo ha depositado, sin coacción ni presión de ningún tipo. Un acto espontáneo, libre y maravilloso de democracia.

Pensando en otra cosa que tenía enterrada en el fondo de mi memoria, recordé el primer día en un colegio nuevo, concretamente, en la forma en la que el resto de compañeros te reciben. Todos con curiosidad, muchos con recelo, algunos con alegría y los menos con hostilidad. Los que te reciben con hostilidad suelen ser los gallos del gallinero. Buscan cualquier excusa para violentarte o, en el peor de los casos, agredirte. Agredir es tan elemental que no requiere mayor explicación. Violentar se puede conseguir burlándose, poniendo motes ofensivos, gastando novatadas, humillando y cualquier otro recurso que sirva para que la persona que es violentada se sienta mal. Con eso se consigue dejar claro quién manda allí. El mensaje es: “estás en mi territorio, eres nuevo y no sabes cómo funcionan las cosas, no te pases de listo y, si te portas como yo quiero, algún día te dejaré venir conmigo”.

Del libro de Saramago y del primer día de clase me he acordado al ver lo que está ocurriendo con Podemos y con Pablo Iglesias. Como en el libro de Saramago, el resultado de las elecciones europeas en las que Podemos pasó de la nada a tener cinco eurodiputados, más de un millón de votos y a ser la cuarta fuerza política solo por detrás de PP, PSOE e IU tiene descolocados al gobierno y a la oposición. Los políticos de “casta”, como le gusta llamarles a Pablo Iglesias y como odian ellos que se les llame, no saben cómo gestionar lo que ha pasado y, sobre todo, lo que temen que pasará. Que el PP suba y el PSOE baje, o al revés, no les supone mayor problema ya que en las próximas elecciones se pasaran el testigo y podrán seguir con las políticas continuistas y de no agresión. Mucho cruce de declaraciones, acusaciones de usted con Aznar hizo esto, usted con Felipe aquello pero luego nos repartimos el pastel democrático y aquí no ha pasado nada. El problema es que Podemos, guste más o menos, es otra cosa. Como el voto en blanco, es el resultado de una decisión individual de los votantes que están hartos de un sistema anquilosado, corrupto y que no responde a sus necesidades. Los partidos mayoritarios buscan el complot que ha permitido a ese nuevo actor entrar en escena pero no hay ningún responsable, o mejor dicho, sí lo hay; ellos mismos lo han provocado con su falta de sensibilidad hacia las demandas del pueblo. Y como un matón el primer día de colegio han intentado amedrentar al chico nuevo, los partidos y, sobre todo, los medios de comunicación a su servicio, se han encargado de violentar a Pablo Iglesias y a Podemos de forma furibunda y desmedida. El mensaje ha sido el mismo que el del matón: “estás en mi territorio, eres nuevo y no sabes cómo funcionan las cosas, no te pases de listo y, si te portas como yo quiero, algún día te dejaré venir conmigo”. Se les ha calificado de ilusos, soñadores, vendedores de humo, izquierdistas radicales, afines a dictadores, cínicos y muchas otras cosas con el único propósito de hacerles sentir inseguros, de demostrarles que los que mandan son ellos y que no puede venir nadie de fuera a decirles cómo se tienen que hacer las cosas.

No estoy seguro de que Podemos sea una opción real para gobernar el país y soy bastante escéptico con algunos puntos de su programa pero me alegro profundamente de su aparición. La reacción de los poderosos ha sido de estupor y bravuconería pero tarde o temprano tendrán que aceptar que algo están haciendo mal y tendrán que cambiarlo o se verán abocados al fracaso. No sé si podemos pero si no lo intentamos seguro que no lo conseguimos.

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