En La Higuera, un 9 de octubre, asesinaron al Che

El 7 de octubre de 1967 escribió el Che las últimas líneas en su diario. Al día siguiente, a las 13 horas, en una estrecha quebrada, el reducido grupo de hombres que componían ya el destacamento, esperaban la noche para romper el cerco, cuando una numerosa tropa enemiga hizo contacto con ellos y fueron hechos presos. Al día siguiente, el gobierno de Bolivia ordenó su fusilamiento sin juicio previo

Los prisioneros, fueron trasladados al pueblo
de Higueras, donde permanecieron con vida alrededor de 24 horas. El Che se negó
a discutir una sola palabra con sus captores. Mientras, en La Paz, reunidos
Barrientos, Ovando y otros altos jefes militares, tomaron la decisión de
asesinarlo. Todo parece que la Cia estaba presente en el lugar del crimen. El
mayor Miguel Ayoroa y el coronel Andrés Selnich, rangers entrenados por los
yanquis, instruyeron al suboficial Mario Terán para que procediera al
asesinato. Cuando éste, completamente embriagado, penetró en el recinto, el Che,
que había escuchado los disparos con los que acababan con dos guerrilleros,
viendo que el verdugo vacilaba le dijo con entereza: “¡Dispare! ¡No tenga
miedo!”

Tuve
la fortuna de mantener una entrañable relación, hasta su muerte, con Hilda
Beatriz Guevara Gadea
(1956-1995), la hija mayor del Che y entre ron y ron,
conversar y escuchar sus recuerdos sobre su padre. Contaba Hildita que el Che,
como ella siempre le mencionaba, “era un padre muy preocupado por el
bienestar de sus hijos, no en el sentido material, sino de que fuéramos niños
alegres, contentos, que disfrutáramos de la vida y a la vez nos formáramos como
nuevas personas”. El Che quería que sus hijos fueran niños iguales a los
demás, con sus ocurrencias, sus travesuras, pero disciplinados. “Siempre
nos inculcó que estudiáramos, que ante todo había que superarse, porque sin
conocimiento no se podía hacer nada, por ser la base del dominio de la
naturaleza”. Tuve en mis manos la última carta que el Che escribió a su
hija el 15 de febrero de 1966 y lo recuerdo con emoción.

“Un hombre que me dio pena, estaba sucio,
herido, desmoralizado…”. Así describía a Ernesto Guevara el capitán del
ejército boliviano que lo capturó. El 9 de octubre por la mañana el gobierno de
Bolivia anunció que Ernesto Guevara había muerto en combate el día anterior. La
tarde del 9 de octubre, el cuerpo del Che Guevara fue llevado en helicóptero a Vallegrande
y colocado en el lavadero del hospital Nuestro Señor de Malta, donde fue
exhibido públicamente hasta el día siguiente. En la noche del 10, cortaron las
manos al cadáver para conservarlas como prueba de su muerte. Se ordenó la cremación,
que no fue posible por carecer de los medios adecuados. Su cadáver fue
enterrado en la madrugada del 11, en una fosa con otros seis guerrilleros.

En junio de 1997 se produjo un cambio de poder
en Bolivia, que junto con las presiones internacionales, favoreció la búsqueda
de los restos de los guerrilleros. El hallazgo se produjo treinta años después,
el 28 de junio de 1997. Un equipo de científicos cubanos
encontró, en una fosa común situada en la pista auxiliar del aeropuerto de
Valle Grande, los restos óseos del Che y los de sus seis hombres: (Alberto
Fernández Montes de Oca “Pacho”, René Martínez Tamayo
“Arturo”, Orlando Pantoja Tamayo “Olo”, Aniceto Reinaga
“Aniceto”, Simeón Cuba “Willy”) y Juan Pablo Chang “El
Chino”.

Ernesto Guevara, nació en Argentina, en el
seno de una familia acomodada. Estudió la carrera de medicina. Su compromiso
político le llevó por otros derroteros y se convirtió en compañero de Fidel
Castro. Participó en la revolución cubana, que propició la caída del dictador
Fulgencio Batista, títere de Estados Unidos, que tenía en la isla su feudo de
mafia y corrupción. En el gobierno, dirigió el Ministerio de Industria y el
Banco Nacional. Su vocación le hizo participar en otros movimientos de
liberación e intervino en acciones guerrilleras en el Congo y Bolivia. Su
ejecución en este país, tras meses de acoso por parte del Gobierno y de la CIA,
acrecentó su leyenda. Entregó su vida a la lucha contra el imperialismo y la
dictadura, convirtiéndose en el máximo mito revolucionario del siglo XX. Fue un
icono de la juventud del Mayo del 68 y símbolo de unos ideales de libertad y
justicia que juzgó más valiosos que su propia vida.

El Che escribía en su diario el 6 de Octubre: “Las exploraciones demostraron
que teníamos una casa muy cerca pero también que, en una quebrada más lejana,
había agua. Hacia allí nos dirigimos y cocinamos todo el día bajo una gran laja
que servía de techo, a pesar que yo no pasé el día tranquilo, pues nos
aproximamos a pleno sol por lugares algo poblados y quedamos en un hoyo. Como
la comida se retrasó, decidimos salir por la madrugada hasta un afluente
cercano a este arroyito y de allí hacer una exploración más exhaustiva para
determinar el rumbo futuro. La radio chilena informó de una noticia censurada
que indica que hay 1.800 hombres en la zona buscándonos.”

Día
7 de Octubre
. Ultima página del diario “Se cumplieron los 11 meses de
nuestra inauguración guerrillera sin complicaciones, bucólicamente; hasta las
12.30 hora en que una vieja, pastoreando sus chivas entró en el cañón en que
habíamos acampado y hubo que apresarla. La mujer no ha dado ninguna noticia
fidedigna sobre los soldados, contestando a todo que no sabe. Sólo dio
información sobre los caminos; de resultados del informe de la vieja se
desprende que estamos aproximadamente a una legua de Higueras y otra de Jagüey
y unas 2 de Pucará. Salimos los 17 con una luna muy pequeña y la marcha fue muy
fatigosa y dejando mucho rastro por el cañón donde estábamos, que no tiene
casas cerca, pero sí sembradíos de papa regados por acequias del mismo arroyo.
A las 2 paramos a descansar, pues ya era inútil seguir avanzando”.

Mientras el Che se encontraba prisionero nada
se hizo hasta que el presidente boliviano Barrientos dio la orden de su ejecución
directa y sin juicio. El Che moría fusilado con una ráfaga de disparos en el
pecho, para corroborar la versión de su muerte en combate.

“Aquí se queda
la clara, / la entrañable transparencia, / de tu querida presencia, /
Comandante Che Guevara» (Versos de Carlos Puebla)

Ernesto Guevara de la Serna; universalmente
conocido como El Che; combatiente revolucionario, estadista, escritor y médico
argentino-cubano. Su vida, conducta y su pensamiento se ha convertido en
paradigma de millones de hombres y mujeres en todo el mundo. “Hasta la
victoria siempre”.

Víctor Arrogante

En Twitter @caval100

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