El Síndrome de Estocolmo como origen de la gran coalición
Fuente imagen: https://www.elplural.com Europa Press.

“Aquél que ha permitido que abuses de él, te conoce.” William Blake

El ánimo de esta columna es intentar explicar la aparente realidad que nos han construido desde los medios de comunicación subvencionados por los centros financieros, religiosos y aristocráticos de este país. la convalidación de la farsa. Republicanos que se proclaman monárquicos. Socialistas que Entonces, como resultado de sus propias contradicciones resulta inaceptablemente incoherente permitir defienden los principios del capitalismo más salvaje. Obreros que siguen votando a sus captores a pesar de sentir que los despojan. Sacerdotes que reclaman caridad mientras defienden y justifican a los saqueadores. Militares que protegen a los amos aunque ellos provengan de estratos sociales históricamente sometidos. Por todo ello, surge la idea del Síndrome de Estocolmo, para intentar explicarlo.

El criminólogo Nils Bejerot acuñó poco después del atraco, producido el 23 de agosto de 1973 en la ciudad sueca de Estocolmo, el término Síndrome de Estocolmo. Con él se referió a rehenes que se sienten una identificación con sus captores. Ese día, tuvo lugar un atraco con personas secuestradas. Jan Erik Olsson, un presidiario de permiso entró en el banco Kreditbanken de Norrmalmstorg, en el centro de la ciudad. Al llegar dos policías, el atracador hirió a uno de los oficiales y retuvo a ambos. Olsson había tomado cuatro rehenes y exigió tres millones de coronas suecas, un vehículo y dos armas. Ante la sorpresa de todos, una de las rehenes, Kristin Ehnmark, no solo mostraba su miedo a una actuación policial que acabara en tragedia sino que llegó a resistirse a la idea de un posible rescate. Según decía, se sentía segura. Con Franco estábamos mejor.

Bejerot expone que este síndrome es más común en personas que han sido víctimas de algún tipo de abuso, como rehenes, miembros de sectas, niños abusados psíquicamente, víctimas de incesto o prisioneros de guerra o campos de concentración. Añado, comunidades enteras sometidas a la sensación de indefensión e impunidad del poder. La cooperación entre el rehén o víctima y el autor se debe en gran parte a que ambos comparten el objetivo común de salir ilesos del incidente. El nulo control sobre la situación por parte del secuestrado le lleva, al parecer, a intentar cumplir los deseos de sus captores que, por otro lado, se presentan como los únicos que pueden evitar una trágica escalada de los hechos. De esta manera, se produce una identificación de la víctima con las motivaciones del autor del delito y un agradecimiento al captor que, en ocasiones, lleva situaciones extremas. Aceptemos que nos saqueen. Aceptemos la mentira. Aceptemos la violencia de género como inevitable. Aceptemos que la corrupción de las instituciones no se corregirá.

El Síndrome de Estocolmo como origen de la gran coalición
Fuente imagen: https://www.publico.es/ Archivo EFE

El modelo ideado por el franquismo para blindarse, requería de dos partidos fuertes que se diferenciasen en matices, pero que ambos mantuviesen el estado de cosas creadas en el Régimen. Los votantes no tenían otra opción. Eso cambió luego del 15M.

En un evento convocado por el diario El País, reuniendo a Mariano Rajoy y a Felipe González, quedó claro que la voluntad del poder, el verdadero poder, desea difundir la idea de una identificación entre esos partido y sus votantes “por el bien de España”. Repito:

“El nulo control sobre la situación por parte del secuestrado le lleva, al parecer, a intentar cumplir los deseos de sus captores que, por otro lado, se presentan como los únicos que pueden evitar una trágica escalada de los hechos. De esta manera, se produce una identificación de la víctima con las motivaciones del autor del delito y un agradecimiento al captor que, en ocasiones, lleva situaciones extremas.”

Este intento perverso procura romper el consenso social sobre la idea de que el sistema democrático perfecciona al individuo y los poderes les garantizan a sus ciudadanos la libertad, la igualdad y la fraternidad. Inoculan la idea de que nuestros opresores son buenos. Que los merecemos.

De cada ciudadano depende modificar esta situación.

Frente a la confusión un poco de claridad

No hay comentarios

Dejar respuesta