El odio como combustible de la violencia
Fuente imagen: https://www.publico.es/ EFE/Juan Carlos Hidalgo

“Algunos estudios recientes sugieren que los mecanismos fisiológicos de la violencia varían muy poco de un individuo a otro, e incluso de una cultura a otra” René Girard – “La violencia de lo sagrado”

A tenor de esta idea, podríamos afirmar que somos todos iguales. Esencialmente iguales. En lo personal, me resisto a coincidir con Girard en cuanto a los orígenes de la violencia en que sea un mecanismo exclusivamente fisiológico. Porque lo violento es conducta y, esta, si varía con las circunstancias y las convenciones. Como conducta lo es el sacrificio, ritual o personal, que también son violencia, cuando se impone o se ejerce desde convicciones trágicas.

La historia de España es violenta. Sus devenires y sus consecuencias lo han sido, en buena medida por los condicionantes religiosos. En otra por los motivos económicos, básicamente promovidos por la avaricia especuladora de los grupos en el poder. De esa fuente de culpas manipuladoras provienen gran parte de nuestros males. Buena parte de las víctimas que sigue cobrándose ese origen perverso que castra libertades tanto personales como sociales. De allí se alimentan de razones los asesinos de mujeres y niños inocentes. Que no son los únicos.

Por eso no hay política pública que sea efectiva mientras no se proceda a la adecuada instrucción en los orígenes formativos y en los valores que se guarecen en el seno de las familias. Si se entrega la educación a las camarillas fundamentalistas, los resultados permanecerán intactos. Esas camarillas ven con buenos ojos la propagación del odio. También la venta de armas de manera opaca a países que violan a los Derechos Humanos. El señor Morenés debería explicar lo ocurrido bajo su mandato.

Como la violencia no lo es si no tiene víctimas sobre quienes ejercerse, se ceba en los más débiles. Los españoles venimos sufriendo violencia de manera alternativa y con diferentes modalidades desde que salimos de la denominada Transición. A partir de entonces, como si de un sacrificio ritual se tratase, los diferentes gobiernos han ido sustituyendo las víctimas de un colectivo a otro. Hasta que llegamos al 11M, en donde la violencia nos devolvió a la realidad, los españoles pensábamos que esas consecuencias no nos alcanzaban. Con esos atentados, la sociedad toda fue atravesada por el soplo del odio.

Sentimiento este de El odio es aquel sentimiento de aversión, de rechazo muy intenso, que una persona siente hacia otra o hacia algo. El odio es el sentimiento más negativo que un ser humano pueda experimentar en su vida, porque con él le desea el mayor mal posible, ya sea al sujeto u objeto odiado.

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El odio, ese combustible que da razones a los violentos. Que justifica ajustes. Muertes que podrían calificarse de verdaderos homicidios, cuando alguien muere desatendido en una sala de urgencias víctima de los recortes privatizadores. El odio, cuando es el único sentido destructor que anima a los personajes de nuestra política nacional. La aparición de Aznar en el Congreso nos llevó a los tiempos de la Gurtel. Eso es violencia.

Su apadrinado ha sido absuelto por los magistrados del Tribunal Supremo, previa introducción del Ministerio Fiscal. Mientras una ex fiscal y actual ministra de Justicia queda grabada como testigo involuntario de los juegos de un grupo de sus señorías en tan alto tribunal, con menores de edad en locales del exterior. El Consejo General del Poder Judicial se somete al filtro ideológico de las minorías de este país. La Mesa del Congreso se utiliza como barricada para obstaculizar las decisiones de una mayoría parlamentaria, aunque represente a una minoría. Sin mencionar al Tribunal Constitucional, del que ya veremos pintorescas decisiones. Todo ese conjunto de instituciones quedan exhibidas como instrumentos de los promotores del odio. Esto es España.

Están promoviendo el odio. Con la ayuda de sus cómplices mediáticos y económicos porque ven peligrar su statu quo. No te dejes arrastrar. Vienen en busca de venganza por haber sido derrotados por una mayoría parlamentaria. No le regales tu odio.

Recuerda: Cuando nuestro odio es demasiado profundo, nos coloca por debajo de aquellos a quienes odiamos”. François de La Rochefoucauld 

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