El fútbol es la continuidad de la política por otros medios
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El desatino de Cronos (de lastimar el pene de su padre Urano que copulaba una y otra vez en el vientre de Gea de acuerdo al mito Griego, permitiendo la separación del cielo y la tierra, conformando ese entre o nuestro mundo) recobró sentido occidental cuando se produjo el develamiento Americano, se abrió un nuevo tiempo que parecía perimido, para los usuales conceptos de trabajo y de felicidad, asociadas indefectiblemente por la dignidad que se emparentaba con la legitimidad que sostendría luego el pacto social, ordenador y vindicativo de lo democrático. Podríamos decir más, Cronos, es un desatino en sí mismo, dado que existe en cuanto se diluye,  a medida que deja de ser sí, para convertirse en otra cosa, nominalizada por una unidad de segundos, minutos u horas, que van rodando como una pelota de fútbol.

Para ser más claros, la avanzada de los representantes de Dios en la tierra, expertos en el Griego y el Latín, misionaron incansablemente, tributando a la corona, a expensas de evangelizar a todo lo que tuviesen enfrente, dándoles, desde el corazón y la buena fe, aquella cláusula gatillo, de que si quisiesen algo en esta tierra, como en la otra, debían sacrificarse, trabajar, adquiriendo dignidad mediante ello, y un lugar en el cielo de ese Dios, que ahora era uno y tenía un solo nombre y una sola forma de rendirle culto o adoración: la sumisión hacia sus representantes y su prédica.

Al paso de centurias, por razones que se desconocen y que solo podríamos argumentar, soslayando que ciertas cuestiones nos parecen simplemente casuales porque desconocemos las causas reales de las mismas, por más que suene no se trata de un aspecto semántico sino conceptual, los descendientes de los evangelizados, los alumnos de los evangelizadores, que a fuerza de la espada, en su versión más cruda como en su más faceta más políticamente correcta, la nota educativa de la escolástica, reinvierten aquella conquista de las que fueron víctima-victimarios, van hacia ese viejo mundo, desde el nuevo con una pelota entre los pies, generando idolatría y conmoción.

El sistema que de acuerdo a la visión Española, azota al mundo, les entrega en los balones de estos futbolistas, la clave encubierta del fracaso conceptual del que verdaderamente son afectados directos y específicos. Que ni el supuesto trabajo dignificador (que tanto hace falta ahora en el viejo mundo) ni la rigurosa escolástica educativa que supuestamente debería garantizar la adquisición del empleo, se conviertan en las piedras basales o edificantes de una construcción ruinosa, desespera a los ingenieros que durante años “se fiaron” de este plano.

Es un golazo de media cancha, que desvergonzados y juveniles de las tierras “indígenas” se transformen en los dioses de la tardo-modernidad que propone el sistema, demostrando con su éxito que más que escuelas que copien la tradición jesuita, se precisa de potreros de futbol que generen jugadores que tendrán el mundo a sus pies, no se trata ni de una venganza, ni de revanchismo ni de una mueca del destino, simplemente es un cambio de orden, la prueba palpable que los conceptos que otrora eran inexpugnables, merecen entrar en análisis y cuestión.

Quizá sea imposible pedirle a la tribuna, en ese hombre masa en que se transforma, que piense y tamice a la luz de la razón, la sinrazón de un canto, pero los jugadores, es decir la clase gobernante del nuevo mundo, tendrá que tener la claridad necesaria, para ganar el partido, que es ni más ni menos que hacer respetar, los usos y las costumbres de un espacio en el globo que tuvo mucho tiempo sus posibilidades ocluidas y que ahora es invitado y precisado, para que dé su punto de vista, ante la crisis de las que son testigo, pero en la que podrían estar llamados a ser protagonistas, para devolver, con la cicatrización de la herida, aquel desparpajo violento de la conquista que se hizo en nombre de esos conceptos que hoy están muriendo, indefectiblemente.

Podríamos continuar la obra teórica de Carl von Clausewitz, aquél de la guerra es la continuación de la política por otros medios, expresando que el fútbol es la continuación de la política por otros medios, al menos sabemos, por más que en un campo lo aceptemos plácida y gozosamente y en otro nos opongamos tenaz y fervorosamente, a que en ambos (la política como el fútbol, construyen desde lógicas binarias, sus caras y contracaras, sus adversidades a lo Boca y River) las glorias son para unos pocos selectos, donde la igualdad de oportunidades es un juego ficcional y pese a que las reglas parezcan transparentes, en la resultantes siempre los beneficiados son pocos y los mismos.

Piensen un instante cómo impacta culturalmente en el día a día de un argentino promedio, que ve como toda Cataluña esta rendida a los pies de un compatriota (por Messi) y como media Madrid, esta rendida a los pies de otro (por Simeone) desde esa mirada, ¿Qué valor le podríamos dar a lo académico-educativo que nos introdujeron por la fuerza de la conquista el modelo jesuita, sí en este sistema económico-imperante, que nuestros pibes se formen en un potrero les da más posibilidades de tener éxito de acuerdo a como se entiende el mismo en la actualidad?

Dentro de la lógica con la cuál muchos se empeñan en comprender la existencia, y sobre todo las tensiones políticas, es entendible como sumamente aburrido y cansador, que no existan otras categorías como conquistador y conquistado, opresor y libertador, amigo y enemigo, Boca y River, victoria y fracaso y demás. De acuerdo a estos procedimientos, sería un oxímoron que una final profesional de fútbol, de un torneo que se da en llamar “Libertadores de América” se juegue, por violencia generalizada que suspendió la realización de la partida, en España, en su capital Madrid, en el estadio que hace culto al equipo de la Realeza. Siguiendo con este razonamiento, planteado desde estos conceptos, otros podrán  decir (como se dice de México con relación a los “Gringos” que migrante a migrante, los terminarán “colonizando”) que es la conquista, mediante el fútbol de Latinoamérica, a su otrora conquistador, invirtiendo la lógica de amo-esclavo o de víctima y victimario.

No faltará mucho, para que algún teórico, se anime a proponer que sería mucho más democrático,  que ciertas (¿todas?) cuestiones de políticas públicas, en vez de definirse en consultas populares o más aún, que la supuesta elección de gobernantes y representantes, en vez de elecciones mediante, se resuelvan por intermedio de una partida de fútbol o de algún otro deporte o competición, que además de asegurar el negocio y el entretenimiento a la par, en vivo y en directo, no levante tantas sospechas de que sólo pertenecen a una élite que va variando las reglas para que siempre sean los mismos los que con una u otra camiseta, terminen haciendo siempre el mismo gol, en posición adelantada, por los que los pocos en las gradas, que aún creen en tal pantomima, se reprimen el deseo de arrojar piedras y bengalas para que no se dispute esa falsa teatralización de un supuesto partido, democrático, en donde reinarían la ecuanimidad y la inclusión.

Por Francisco Tomás González Cabañas.

El deseo no se expresa en lo manifiesto o de la política débil

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