El filósofo de los pobres

A Francisco Tomás González Cabañas le acaban de editar su séptimo libro, el cuarto ensayo de filosofía política, cuyo título reza “La democracia africanizada” (Editorial Camelot. 2018). En sus anteriores obras, El voto compensatorio (Editorial académica española. 2014), La democracia incierta (Editorial AyB. 2015) y El acabose democrático (Editorial Apeirón. 2016) la cuestión prioritaria y principal, es la misma, tal como lo llama el autor “El pobre como nuevo sujeto histórico de lo democrático”. El pobre en su condición de tal, no sólo material, sino el pobre político, que incluye al pobre espiritual, al pobrismo en que hemos caído como humanidad. No por casualidad y ante la inminencia de las presentaciones que le impone la lógica del nuevo libro editado, a la que regañadientes accede, con el único fin de que sus palabras o consideraciones se desperdiguen conjuntamente con los vientos que encuentra, lo llaman el filósofo de los pobres.

¿Por qué la pobreza escandaliza cuando se la toma, individual o focalmente, pero se la tiene a tomar como algo normal o a lo que nos debemos acostumbrar cuando la leemos desde un proceso social o político?

La violencia sexual produce por lo general strepitus fori, básicamente dado que el accionar de índole privada (o reservada) como la práctica sexual, es socializada, a efectos de que alguien resultó víctima padeciendo como abuso de la genitalidad de otro, o siendo menoscabado/a en su propia genitalidad, perforando la cuestión orgánica, y siendo afectado/a en su dimensión moral, psicológica y humana. Esta aberración, demuestra hasta qué punto los seres humanos, podemos prescindir de nuestra humanidad, despertando la curiosidad, de los congéneres, como para exorcizar la posibilidad de que eso mismo vuelva a ocurrir. En términos políticos, ocurre algo muy parecido. Descontando a los pobres y marginales, a los que están en el negocio, como oficialista u opositores, a los románticos o incautos que les hacen el juego, el resto observamos impávidos, como violan una y otra vez, a nuestra democracia sometida a los peores vejámenes desde hace tiempo, es tan cruenta y atroz esta situación que no haremos nada para que cambie o se modifique, solo esperamos que no nos ocurra a nosotros lo mismo, al punto de ofrecernos a besar el falo del violador para creer que de tal modo, no seremos violados, sí es que nos entregamos antes.    

¿La democracia combate la pobreza o la acrecienta?

La democracia es para la pobreza, el placebo, que al no generar acción específica alguna, perpetúa en tal inacción la flagrancia del cuadro. La pobreza es para la democracia, la excusa perfecta para que cabalguen en el mando, los estultos, flagrantes, que corresponden a la situación con la misma medicina. Aspirinas para situaciones complejas, a la espera que se desate, se resuelva, el nudo gordiano, en donde lo central, lo nodal, es precisamente, la postergación, el diferimiento, como sostenemos desde el título la Différance, que termina de maridar, incestuosamente, a la pobreza con la democracia, en tal concretación de la nada, o de la posibilidad como mera posibilidad de sí misma.

¿Qué es lo que elegimos entonces, democracia mediante?

La verdadera elección que nos ofrece, que subyace, que orbita detrás de eso otro, lo innombrable, lo indecible es que el presente sistema político-institucional, imperante en occidente, que dimos en llamar “la Différance entre pobreza y democracia” nos impele a que con periodicidad, elijamos, optemos, entre padecer hambre, o padecer las acciones que genera el hambre, es decir la discordia, cuando no la violencia y la agresividad de los hambrientos, para que entre todos sostengamos un pseudo equilibrio, orquestado por una cohorte de estructuras de papel, a las que las queremos dotar de características que no le son propias y que ni por asomo las tienen.

¿Cuál es el camino que propone mediante sus postulados teóricos?

El sujeto histórico de lo democrático es el pobre o debiera serlo, tenemos que arribar a tal consenso. El pobre en su concepción amplía, es decir el pobrismo en que hemos caído como humanidad. La pobreza material de los más, como la espiritual de los menos y sobre todo, por la que elegí trabajar la pobreza política. La política de los pobres, a diferencia de lo que podría pensarse a prima facie no puede ser entendida bajo la semántica de que sea más fuerte o débil, sino que tiende, por su posibilidad de nutrirse de lo incierto, de lo que no hay, y por tanto, desempolvara el pliegue más creativo, más liberador y más auténtico de las posibilidades de aumentarse las mismas o de correr los límites de lo posible, para el pobre en su condición de carente de lo material, como asimismo libre de las ataduras del cordel de la cosificación, del corset de la automatización que proponen, casi inercialmente las políticas en serie, seriadas o no pensadas, sentidas o experimentadas desde lo descarnado de lo humano. La política de los pobres, es el campo fértil, desde donde el humano tiene la posibilidad de sembrar una mejor versión de sí mismo. La política de los pobres es el espacio sustentable que a diferencia de las extensiones yermas de los categoriales acabados, apocados y derruidos, ofrece las mejores perspectivas para que la política termine expresando el ejercicio, cotidiano, en donde cada uno de nosotros hace lo mejor de sí, pensando siempre que será lo mejor para los demás, sin que el otro se nos presente o aparezca bajo el temor de que sea quién esta como para imposibilitarnos la posibilidad de ser más felices durante nuestra estancia en la granja colectiva que dimos en llamar planeta tierra.

Francisco Tomás González Cabañas además de la presentación de su último libro “La democracia africanizada” se encuentra trabajando en la organización del III Simposio de filosofía política, que lleva como título “Desajustes democráticos, más allá de lo electoral”.

 Entrevista realizada por Salvador Benavídez, con autorización expresa para ser difundida.

La corrupción como casuística de las democracias electorales


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