El extraño caso de Ashley Madison

C’est l’après midi. Esas horas, en las que los que comen pronto dejan fluir la sangre al estómago, plácidamente en el sofá; y en las que los que comen tarde se atarean preparando la comida a última hora.  Escenas similares que coinciden en  el ruido de fondo que emite la televisión, apenas un murmullo por encima del chocar de los platos o los tempraneros ronquidos de la tarde. De vez en cuando, cuando nos da por escuchar y no sólo por oír, nos damos cuenta de que las noticias del mediodía son variopintas y pocas veces buenas. Aunque las hay que son incalificables, rimbombantes donde las haya.

Esa es la conclusión a la que muchos llegamos después de escuchar las sorprendentes historias que los informativos ofrecen. La última que me condujo a este pensamiento fue el caso de Ashley Madison. No, no se trata de ninguna mujer. Se trata del nombre de una página web que facilitaba a personas casadas tener relaciones fuera de su matrimonio. Un negocio fuera de lo común en su perspectiva pero no muy original en su base: tentar al ser humano a sucumbir a sus debilidades. Es evidente que dicha página tiene numerosos detractores, pero algunos, en su afán de demostrar la manipulación a la que nos someten, fueron más allá. Al igual que Robin Hood, robando a los ricos para dárselo a los pobres, el grupo de hackers “Impact Team” hizo pública la lista de clientes de Ashley Madison, ocasionado, claro está, toda una cadena de quejas y matrimonios rotos como consecuencia. Hay quien opina que dicha publicación fue indebida por las diferentes situaciones en las que se podían encontrar los usuarios de la página, pero también están los que piensan que la verdad debe ir siempre por delante  y que la actuación de los hackers es una manera de abrir los ojos a la población, ya que en la lista figuran personas conocidas de países de todo el mundo (figuras que defiendien públicamente estados como llegar virgen al matrimonio).

El ser humano es demasiado crédulo y confiado como consecuencia de su desmesurado ego; engaña y oculta sus engaños fiándose de una página que cobra  aproximadamente 20$ a los usuarios por borrar sus datos y sus mentiras, un módico precio, si fuera verdad. O, en lugar de dejarse llevar por el ego, se arrastra por el amor y la credulidad, fiándose de un marido o esposa ejemplar que nunca cometería adulterio. Y cuando recibe un mazazo, la confianza se rompe en mil pedazos, como si de un cristal se tratase, aunque intente repararlo siempre habrá esquirlas que se han perdido para siempre.

Es ese el principal problema de confiar; que nos deja expuestos a los actos de la persona a la que le hemos entregado nuestra confianza. Nos gusta hablar de amistad y de amor, nos gusta llenarnos la boca con palabras como “para siempre”, pero la base de todo ello es cerrar los ojos, dejarse caer y esperar que el que está detrás te sujete, hacer equilibrios sin red.  Es un acto que a cada paso del segundero, cuesta más y más, porque la sociedad que nos rodea es ambiciosa, competitiva y embustera. Capaz de todo, si con ello satisface sus necesidades, independientemente de cual sea su índole. Creemos que la confianza se puede comprar, cuando en realidad, el mero de hecho de sacar la cartera ya la está destruyendo.

 

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