El discurso estatal en tiempos del virus
Fuente imagen: https://pixabay.com/

Las personas somos seres sociales: vivimos en grupos y dependemos los unos de los otros. Las estrictas medidas de confinamiento suponen un gran reto para todos porque conllevan la ausencia o disminución de nuestras interacciones sociales, lo que puede tener importantes implicaciones para nuestra salud física y mental.

Recientemente, investigadores del King´s College de Londres, realizaron una revisión acerca de los efectos psicológicos provocados por el aislamiento obligatorio.

Los autores señalan que el confinamiento puede tener consecuencias adversas para la salud mental, incluyendo la aparición de sintomatología ansiosa o depresiva, estrés postraumático, así como sentimientos de ira, tristeza, irritabilidad o miedo.

Estos efectos, que pueden mantenerse incluso a largo plazo, estarían explicados por diversas variables: la frustración o incertidumbre, una elevada sensación de riesgo a la infección, la falta de suministros o la información inadecuada, la pérdida de la capacidad financiera, o un periodo prolongado de la cuarentena. En cualquier caso, los efectos psicológicos del confinamiento aparecerán en mayor o menor medida dependiendo de la personalidad, carácter y experiencias previas, las cuales influirán en nuestras estrategias de afrontamiento. Lara Pérez, marzo 2020 investigadora Universidad Autónoma de Madrid.

Es evidente que la capacidad de respuesta al confinamiento y el distanciamiento social dependerá de factores familiares, económicos, edad, niveles culturales, y sociales.  El distanciamiento social puede ser aún más traumático en pueblos con una cultura donde el contacto social, las relaciones personales, familiares, las redes de apoyo comunitario, vecinales, suelen ser estrechas y esenciales para el bienestar psicoemocional.

En algunos países, incluido Panamá, la lucha contra el covid-19 ha sido definida como una “guerra.” La consecuencia de esta definición de la lucha contra el virus es un discurso de guerra, con los consabidos llamados patrióticos, frases que invocan actos de heroicidad de los que llevan “la patria en el corazón” y una impronta de las fuerzas de seguridad propensas a imponer cada vez, más duras medidas de orden y disciplina cuartelaria.

El discurso de guerra se desentiende de los efectos traumáticos del confinamiento. Y de otro factor esencial, la libertad como cultura. Imponer restricciones a la vida es más fácil en países de dirección altamente centralizada, caso China o Singapur.

El efecto en la población de este discurso de guerra crispa aun mas el estado nervioso y básicamente produce dos respuestas sociales:

Uno, el acatamiento con intolerancia hacia los “indisciplinados” y pedidos de mano dura. Mientras las autoridades sanitarias no logran revertir el ascenso del mal siempre serán culpa de los violadores de la cuarentena.

La otra respuesta es la violación de las restricciones por necesidades materiales reales, necesidades o impulsos emotivos, nerviosos, o por que la cuarentena en ciertos grupos no resulta viable por la necesidad de subsistencia comunitaria y los fuertes lazos que en la lucha vital se refuerzan.

La teoría de la política económica de recuperación tras desastres naturales (descrita, por ejemplo, por Stephanie Chang y Adam Rose) introduce el concepto de la resiliencia económica frente al desastre. Y distingue entre la resiliencia estática y la resiliencia dinámica

Primero y fundamental, en el terreno de la resiliencia estática, además de atender a los enfermos por el virus, hay que evitar que el resto de la población, confinada pero no físicamente dañada, se vea atrapada en una situación de falta de recursos básicos que acabe poniendo su propia situación personal en posición de riesgo, no por la enfermedad, sino por la falta de ingresos. Ante un tsunami, se enviaría agua, alimentos y ropa. Con el coronavirus, parece que hay que hacer lo equivalente con aquellos que han visto sus ingresos reducidos a cero

Segundo, en el terreno de la resiliencia dinámica, hay que poner en marcha un programa de reconstrucción para que la economía vuelva a la normalidad lo más rápidamente posible, una vez la crisis sanitaria haya remitido. Por usar una imagen, se trata de conseguir no solo que el tren vuelva a arrancar, sino que se vuelva a poner a toda velocidad en poco tiempo, con medidas keynesianas de demanda agregada. Massa Jose. Economista de Estado y profesor de Finanzas.

El discurso debe reconocer las dificultades incertidumbre y miedos por los que atraviesa la población, ofrecer seguridad mientras garantiza los medios de subsistencia. No se trata solo de informes estadísticos del covid-19. Lo que va a definir el éxito de la dirigencia política en todos los países no será el triunfo sobre el enemigo invisible. Sera la capacidad de recuperación económica, del bienestar mínimo perdido.

Panamá, «caiga quien caiga» o acuerdo nacional

No hay comentarios

Dejar respuesta