El despertar

Parte III

La sala se inunda de gritos, sonidos estridentes y escalofríos silentes.

Aurora intenta escapar por la puerta opaca, mas ésta no se abre.

Aporrea el cristal, y tras repetidos intentos abortados, se acurruca junto a éste y autoprotege su cuerpo con los brazos.

Los gritos y sonidos cesan, y Aurora entreabre sus ojos.

Lo que ve a continuación, es fantasmagórico, pero ya no tiene tanto miedo.

Ahora sabe que nada va a pasarle, puesto que ella es espectadora y el escenario es un rodaje de imágenes incongruentes y aleatorias.

Los cajones se cierran de golpe, y Aurora observa.

Imágenes sin sentido, acontecen rápido ante sus ojos, en blanco y negro, todas ellas.

El torbellino de imágenes perdidas a sus ojos, ahora es un paseo atroz por el tiempo de muchas vidas.

Una madre con un pañuelo anudado al cuello, recorre un sendero con un bebé a cuestas. A continuación, un sol blanquecino le ciega la vista.

En otra visión, un mundo gobernado por hombres.

Unos hombres vagando por el mismo sendero armados con utensilios del campo.

En otra imagen, ante sí, Aurora visualiza a la misma madre muerta, en el camino, y el bebé ya no está.

-Juraría que esta no es mi época- exclama para sí.

Aurora se estremece.

Ahora viene la imagen de un lago oscuro. Un cuerpo flotando.

Aurora no quiere mirar más.

-¿y si es el bebé de la imagen? – piensa.

Intenta salir. No quiere ver más. La visión le produce miedo.

Un sinfín de imágenes similares a un  holocausto aparecen ante sus ojos.

Hombres primitivos de piel oscura degollando a mujeres y a otros hombres; seres descuartizados por doquier; niños huyendo…

Aurora atraviesa la sala hacia el lado opuesto, e intenta volver de nuevo al lugar de donde procede.

Atraviesa el rodaje en blanco y negro, y, de pronto, nota que no puede avanzar.

¡¡¡Noooooo!!!- grita despavorida- ¡No sé quien eres o quienes sois! ¡Pero no voy a quedarme atrapada en esto!

Aurora grita tan fuerte que su propio eco retumba en la sala. Un agradable calor se percibe en la estancia, ahora.

Aurora alza la vista, irguiendo su espalda y su cuello, tensos hasta hace un instante, y puede ver que todo ha cambiado.

Un paraíso se levanta ante sus ojos.

Una isla azul , rodeada de vegetación, repleta de todo tipo de fauna.

Las personas que en ella se otean, son personas normales, pacíficas, civilizadas, paseando libremente y compartiendo cálidas charlas.

Todo está perfecto.

Aurora recorre a vista de pájaro aquella isla. Sus matorrales, su ciudad, sus bibliotecas, sus gentes, su clima… Aurora vuela hacia la cumbre de una montaña, por la cual atraviesa un río.

Ahora Aurora es viento, agua, piedras, césped, musgo y vida.

Aurora desciende sintiendo el aire fresco por los poros de su piel.

Una sensación de libertad y bienestar se expande por su ser.

Aurora despierta. Abre los ojos. No quiere irse, pero ya ha cesado todo. La puerta de cristal opaco ahora se abre sola. Sin ella intentarlo ni forzar nada.

Aurora regresa a su mundo de la otra dimensión.

No sabe qué ha sucedido, pero ya nada será igual. Aurora ha despertado, ha percibido.

Sabe que la coexistencia en su mundo real será difícil. Árdua tarea la de explicar nada a nadie. ¿Para qué explicar? Mejor saber, y no decir. Mejor sentir, y no contar.

Mejor pensar, y no hablar. Mejor soñar, y no dormir. Mejor bailar, y no estar sentado.

Mejor vivir, en un mundo fugaz que se apaga, sabiendo que la llama interna no se consumará.

Aurora posee un tesoro ahora.

Aurora ha despertado. Ahora nada es igual. Ahora su tesoro es inamovible. Ahora tiene un sentido su vida. Ahora ya no sufre más. Ahora quiere contagiar su dicha sin hablar, mas sin ser  contagiada por nadie.

Ahora sabe que es única en sí misma.

Ahora sabe qué significa el despertar.

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