El cupo pobre

La presente propuesta funge como primer movimiento, primera instancia, para la aplicación del “voto compensatorio” (definición teórica por parte de quién suscribe de establecer una valoración diferente en la emisión de su voto, más elevada del común o del resto, de quién se encuentra en situación de pobreza o marginalidad). Tal como en muchas democracias occidentales, se instrumentó, para dotar de equidad representativa, de una suerte de cupo, o de porcentaje mínimo o expresamente especificado (puede alcanzar hasta la mitad del total) para el género mujer, a los efectos de mitigar la cultura, y su enfermedad, machista o patriarcal, instando y llegando con éxito, a equiparar la participación femenina, con el predominio, hasta antes de la disposición (o discriminación positiva), masculino, debemos actuar de forma semejante, para combatir la “aporofobia” (odio al pobre) o el incremento de la pobreza o el no combate de la misma como principal flagelo a vencer desde las democracias representativas en las que habitamos.

Huelga destacar que se ha propuesto, bajo esta misma referencia de integrar, lo que en un primer momento puede parecer paradojal, discriminando positivamente, tal como se hizo con la mujer, con el joven o con la nueva generación. Es decir se planteó también, con un altísimo nivel de aceptación y de divulgación de la idea, de llevar a cabo en los compendios normativos electorales, otro cupo, esta vez, referido a la edad o lo generacional. Se dio en llamar cupo joven o cupo generacional. Las razones, para establecer el mismo, se vinculaban indisolublemente con el ya existente cupo para la mujer, o disposición que establecía que las mujeres debían tener un determinado porcentaje (en la actualidad es el cincuenta por ciento en la mayoría de las aldeas occidentales que han legislado sobre esto) de participación en las listas electorales, dado que nadie hubo de elegir (sí más luego cambiar, por ejemplo sí uno se auto-percibe de un género en el que no nació) ni en qué momento (es decir qué edad tener), ni tampoco bajo que etiqueta de lo masculino o femenino irrumpir primeramente en el mundo, se concluía que no podía existir un cupo, sin que fuese razonable que existiese el otro (lo mismo, se argüía en caso de los que alegaban que no debiera existir cupo alguno, sosteniendo este procedimiento, el de disolver el cupo existente, para evitar su multiplicación al infinito, el cupo para el transgénero, el cupo para el artista, el cupo para…etc).

En la dinámica de los hechos políticos, o de como instrumentar los dispositivos teóricos, de como traducirlos, conducirlos de los libros, de los tratados, de las ponencias, de los púlpitos, al hecho real y cotidiano, es que se brinda el presente giro, el paso como instancia, para apreciarlo en la magnitud procedimental y posible de que lo un tiempo atrás se definió como “voto compensatorio”. Este mismo consiste, recordemos, en: un cambio en el criterio de igualdad, por el de equidad social, para legitimar el vínculo, el lazo de representación, mediante el otorgar una nominalidad diferente, no a las personas en cuanto a una condición, sino a la condición, circunstancial, de pobreza y marginalidad, que pueden tener un grupo de personas en una jornada electoral, para ser más visibles para el estado, y poder de esta manera, contar con la presencia del mismo para modificar tal situación. Es decir que el voto, de la persona en condición o situación de pobreza valga cinco y el de resto de los ciudadanos no pobres siga valiendo uno (con todas las precauciones y prudencias metodológicas para llevarlo a cabo y más luego contarlo o traducirlo en un resultado).

Dado que ningún compendio normativo, resistiría un voto compensatorio de estas características, sin antes reformar la ley de leyes del estado en cuestión, es decir la constitución que corresponda, y atento a lo dificultoso que resulta esto mismo en cualquier parte del mundo, y por sobre todo para utilizar el “cupo pobre” que se propone como un primer momento o estadío, es que se proyecta como el primer paso, necesario e indispensable, para la cuestión de fondo que nos promueve: el trabajar en pos del nuevo sujeto histórico de lo democrático que es el pobre y mitigar el principal mal, problema o falencia de las democracias occidentales, la pobreza, su aumento, su mantenimiento o estancamiento en niveles, humanamente intolerables.

En cada una de las listas electorales que se propongan a la ciudadanía, un tercio de las mismas, en todos y cada uno de los lugares (es decir tanto en los lugares expectables como los que no, en la integralidad de las listas) debe tener, sea hombre, mujer o independientemente de cómo se perciba, a personas en condición o en situación de pobreza, claramente registrables por intermedio de no contar con los recursos que se consideran básicos, elementales o indispensables para subsistir con dignidad (la mayoría de los países occidentales alumbran un índice de ingresos mínimos o de canasta básica).

Los argumentos, sobrados y amontonados, podrán ser los mismos que los que fueron utilizados para sostener la iniciativa de voto compensatorio (direccionamos a los interesados a profundizar en esta propuesta-concepto) agregándole, uno sólo de ocasión que no por sarcástico, puede perder valor de seducción o de convencimiento.

Se sabe sobradamente que no por ser parte, real y puntual, de una situación (en este caso la de ser y padecer la pobreza) específica, se contará con mayores herramientas para resolver para el resto la misma (es decir un pobre, por el hecho de ser tal, no tendrá más posibilidades por más que tenga más ganas o un deseo más apasionado, para hacer traducible ese supuesto derecho moral de solucionar la pobreza general, porque él la vive o la padece) pero al menos en caso de establecerse el “cupo pobre” estaremos, y por imperio de la ley, sacando desde la política concreta y puntual (en el momento electoral, cuando resultan ungidos) de la pobreza a un número determinado de personas que, mediante la preocupación por la cosa pública, saldrán (se sabe que los sueldos u honorarios de los representantes o de los políticos profesionalizados mediante el voto escapan de los mínimos o de las situaciones de pobreza para con ellos) de la misma.

En tiempos en donde disminuir en el número que fuese o no permitir que aumente o se sedimente la pobreza, no sólo es importante, sino imprescindible y en los espacios en donde la política sigue prometiendo mucho más de lo que cumple, el clima se torna cada vez más opresivo, como deslegitimador, por tanto se deja a consideración para su instrumentación el cupo pobre.

Por Francisco Tomás González Cabañas.

La democracia africanizada la nueva propuesta teórica de Francisco Tomás González Cabañas

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