El circo emocional

Tras una semana en la que, por fin, se le ha demostrado a la izquierda quién manda en Europa (con un presidente del Gobierno español que, al sonreír por la humillación griega, se come las orejas con sus labios), en plena euforia comunitaria y (¡por supuesto!) española producida por el aplastamiento del enemigo mediterráneo, llegó Él. Y con Él… el tormento.

De la alegría europeísta a la tragedia española en solo tres noticias de portada. La población, al recibir la comunicación de su marcha, fue presa de una consternación colectiva. Él, uno de nuestros últimos superhéroes, de nombre Iker Casillas, abandonaba el país para dejarlo en el más insoportable de los desamparos, en un umbral de inquietud comparable al despiadado intento golpista de 1981.

Antes de meterla en el congelador, le enseñé a mi hijo la botella de medio litro, aproximadamente llena hasta la mitad, y él, al ver la pesadumbre en mi rostro, me preguntó si le iba a hablar del repelente tópico de la botella medio llena o medio vacía. Yo, con aire paternal (como no podía ser de otra forma), le apreté el hombro y, con toda la carga moral que pude verbalizar, le di las instrucciones precisas. “Esta botella contiene todas las lágrimas que expulsé por la marcha del portero de la selección, el mismo que nos ha dado un mundial, el mismo que, en plena crisis, nos devolvió las ganas de vivir. Estas lágrimas… Las voy a congelar. No saques esa botella del congelador hasta dentro de dos generaciones. Cuando lo hagas, dirás a tus nietos que estas son las lágrimas que derramó su bisabuelo por la marcha de un patriota, las lágrimas más amargas del mundo. Si beben de la botella, serán capaces de experimentar todo el amargor que puede soportar un español cuando se le lleva al límite del sufrimiento”. Una lágrima se asomó también a los ojos de mi hijo, pero su juventud logró contenerla. Los jóvenes de hoy no llevan el orgullo patrio-futbolístico en las venas.

Iker Casillas hizo llorar a un país. A su país. Incluso miles de desahuciados fueron presa de fulminantes ataques emotivos que les hicieron sentirse peor que aquel día en que fueron despojados de sus respectivos hogares. La marcha de su héroe es muchísimo más trágica. Casillas ha luchado por ellos, por sus derechos, por sus desdichas. Sus paradas siempre les han reportado la adrenalina suficiente para seguir adelante. Además, Casillas ha participado en varias obras benéficas. En su despedida, una de las frases que más me hizo llorar fue aquella en la que imploraba para que no se le recordara como un simple portero, sino como una buena persona. Sí, ha sido un gran defensor de los más desfavorecidos y, por si a alguien se le había olvidado, él mismo nos lo ha vuelto a recordar en la rueda de prensa que anunciaba su marcha. “Espero que se me recuerde por ser buena persona”.

Adiós, ídolo de las masas y ejemplo para los niños. ¡Ejemplo para los niños! A mi hijo no le gusta el fútbol, quiere estudiar Medicina. ¡Y nunca ha tenido referentes! ¿Cómo se puede crecer sin referentes, sin idolatrar a una estrella, sin un póster en las paredes de tu cuarto? Igual mi hijo tratará de adoctrinar a sus hijos para que crezcan sin referentes, pero ellos, seguramente, se revelarán y transmitirán otros valores; es la teoría de los ciclos. Por eso he guardado la botellita ikercasillesca para mis bisnietos. Seguro que ellos sí que sabrán apreciarla.

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