Ecuador y el valor del NO contra Correa
Fuente imagen: https://www.elconfidencial.com EFE

El domingo los ojos de  América Latina estaban en Ecuador porque allí se decidía entre otras cosas la posibilidad de anular por completo la reelección indefinida apoyada por el ex presidente Rafael Correa. En un referéndum donde había 7 propuestas de enmiendas el pueblo ecuatoriano apoyo masivamente todos los cambios constitucionales propuestos por el presidente Lenin Moreno.  Más del 60 por ciento prefirió la alternancia política a la ambición por quedarse en el poder, más del 70 por ciento dijo que los delitos sexuales contra niños nunca deben prescribir y otro 60 por ciento votó por borrar  la ley de Plusvalía contra la especulación, un estatuto defendido como joya de la corona por Correa y la Revolución Ciudadana.

El guiso y la obsesión por estar más de lo corriente en el poder no es algo nuevo, ya Hugo Chávez había ganado muchas elecciones y pudo haber seguido en el poder de no ser por su muerte. Ni hablar de Daniel Ortega que calladito ya está próximo a pasarle en años gobernando y  por ahí  va Evo Morales que ya tiene marco legal para postularse otra vez.  Como sus amigos de la primavera rosa anhelaba que el domingo sus pares ecuatorianos dejarían puerta abierta para permitirle otra corrida, pero la unidad de la derecha con su ex vicepresidente fueron suficientes para desbancar tal posibilidad.

Inclusive con una derrota evidente y celebrada con alborozo y fiestas desde las altas esferas y sus rivales políticos no se puede decantar como decadente la capacidad de Correa de buscar masas. Estamos hablando de que su movimiento prácticamente se lanzaba como la única fuerza por votarle NO a las enmiendas propuestas y aun así logran en promedio más de un 30 por ciento en ese aspecto. Considerando que la oposición suele estar dividida en Ecuador es un punto donde pueden descansar las esperanzas de la revolución ciudadana de Correa. Por ejemplo el ex candidato presidencial Guillermo Lasso necesitó solo 28 por ciento para pasar a segunda vuelta contra el actual mandatario.  Pero una cosa es jugar a los números y otra captar la realidad. El reto del Correísmo para sobrevivir será sacar un líder que sea útil para mover masas  y que tenga discurso propio y no se vea como un maniquí político que es manipulado.

Prácticamente esto último fue lo que no le gustó a muchos de la izquierda cuando Lenin Moreno tuvo intenciones de hacer conciliación y meter mano a mano con la oposición liberal y conservadora en asuntos puntuales para el País.  Cuando muchos dijeron que no era necesario hacer referéndum  porque era más para borrar parte del legado de Correa e impedir su regreso, Moreno  insistió con fuerza que  en esa consulta los ecuatorianos también votaron por aumentar el nivel de conservación del Parque Yasuní una de las principales maravillas del Ecuador, que eliminaron la minería metálica igualmente como la muerte política, es decir que ningún otro convicto por corrupción será capaz de ejercer cargo público otra vez.

Es cierto que a Lenin Moreno no es Correa en cuanto a que no es un líder confrontacional es un poco más calmado, pero eso no significa que no pueda imponerse, como ya vimos en el referéndum. Su pragmatismo tal vez le ha hecho guiños  a sectores  liberales, conservadores y de alto estrato social, su popularidad es alta y ha indicado que no es fanático de la reelección, dos cosas pocas comunes en América Latina. La pregunta será hasta cuándo habrá luna de miel en Ecuador, es real el Ecuador de Moreno o es un regreso al pasado como dice Correa.

Lo cierto es que por ahora la victoria es de Moreno porque esta vez los ecuatorianos ya decidieron que quieren más alternancia, más defensa a sus reservas naturales y cero tolerancia a la corrupción pública.

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