Cómo controlar la incertidumbre

Las claves del más incómodo de los compañeros de viaje

Antes de iniciar cualquier proyecto, de la índole que sea, debemos contar con un compañero de viaje un tanto incómodo, ese que se sienta a tu lado en el tren, o en el autobús en un viaje largo y no habla, pero te mira fijamente, de vez en cuándo sonríe de manera inquietante y nunca contesta a tus preguntas. Es la incertidumbre, capaz de transmitirnos la inquietud, el malestar, la indecisión, el recelo, el desasosiego y la eterna duda.

Todos convivimos con la incertidumbre, no podemos huir de ella, así que tenemos que saber manejarla de la mejor forma posible. Es como un ratón que está escondido en tu casa. Sabes que está ahí, en algún lugar, pero no lo ves, sin embargo hace ruidos que le delatan y siempre lo tienes presente. Tu mayor miedo es el hecho de encontrártelo de repente en cualquier rincón. Ese miedo es el que te quitará el sueño, te robará la virtud y te deportará a Siberia si  no sabes afrontarlo.

La incertidumbre te lanzará preguntas como dardos afilados que empiezan con la partícula “¿Y si…?”. ¿Y si no soy capaz de hacerlo? ¿Y si me sale mal? ¿Y si pierdo lo que he conseguido con tanto esfuerzo? ¿Y si se ríen de mí?

Manejar la incertidumbre

Lo malo no es plantearse esas preguntas, lo realmente pernicioso es intentar contestarlas por una sencilla razón: nadie tiene las respuestas. Para evitar llevar encima esos dardos clavados es imprescindible saber gestionar esas preguntas sin respuesta y la mejor manera de hacerlo es cambiar la polaridad, de negativo a positivo. En vez de plantearnos “¿Y si no soy capaz?”, al instante disparar la pregunta: “¿Y si me sorprendo a mí mismo y soy capaz de eso y de mucho más?”. En vez de “¿Y si pierdo todo lo ganado?”, plantear: “¿Y si gano muchísimo más de lo que tengo? ¿Y si me sale todo a pedir de boca?”.

Nadie sabe lo que va a pasar, ¿por qué tendemos a pensar que algo puede salir mal? Como es gratis opinar sobre el futuro, mejor pensar que saldrá bien. Nuestra salud mental nos lo agradecerá. Disponemos de los mismos datos para elegir entre el pesimismo o el optimismo. Elijamos el optimismo. La incertidumbre se alimenta de la basura emocional, la negatividad y el tedio, así que de nosotros depende que continúe ayunando.

Las armas de la incertidumbre

Debemos tener en cuenta que solo podemos cambiar lo que está en nuestra mano, lo que no depende de nosotros debemos directamente olvidarlo. Si amanece lloviendo poco podemos hacer para que pare la lluvia. Es posible que nos trastoque los planes, pero tendremos que aceptarlo porque no conseguiremos nada quejándonos o maldiciendo para que cambie el tiempo. Lo mejor será cambiar cuanto antes nuestros planes y adaptarnos a la nueva situación, aunque continúen los “¿Y si…?” martilleándonos la cabeza.

Debemos aceptar que la incertidumbre es inherente al ser humano. Siempre nos acompañó desde que empezamos a desarrollar el pensamiento y siempre lo hará en el futuro.  Lo mejor es aceptar que tenemos un ratón en casa, que nos lo podemos encontrar en cualquier momento y tratar de no preguntarnos continuamente por qué está ahí y por qué tenemos que aguantar su presencia.

Si realmente queremos quitarnos el problema de encima podemos ir a cazarlo y eliminar definitivamente su rastro. Esto acabaría con el problema de raíz, pero son muy pocos los que optan por esta opción. Lo más habitual será aceptar su presencia y tratar de no pensar demasiado.

La incertidumbre tiene familia. Su prima la inseguridad y su hermano el miedo. Es importante mantener a raya a estos porque en el momento más inoportuno se presentan siempre a comer y registran la nevera para saciar su voracidad con todo lo que tengamos a mano.

Si somos capaces de controlar la incertidumbre podremos embarcarnos en cualquier proyecto con una probabilidad alta de éxito. Sin embargo, si dejamos que nos controle, nos hará dudar, nos hará estancarnos y nos obligará a no salir a ganar. Y como ya sabemos, si salimos a ganar, ganamos siempre, así que no dejemos que la incertidumbre nos haga perder la perspectiva y sigamos con nuestros proyectos. Dejemos por un momento a un lado la razón y que triunfe el corazón. Ese será el tema del próximo capítulo.

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