Cine: Guillaume y los chicos, ¡a la mesa!

Se abre el telón. Se encienden los focos. Y empezamos a vivir en un escenario.

Mientras estamos vivos estamos influenciados por muchas cosas del mundo. Es inevitable reaccionar de alguna manera ante tanta estimulación que hay por todas partes.

La televisión está llena de mensajes, de modelos que la gente sigue. Está todo estudiado para crear rebaños. Menos mal que cada uno tenemos un cerebro que podemos poner a funcionar cuando queramos, por un coste de cero céntimos el minuto durante toda la vida.

La publicidad también resulta inevitable, está por todas partes. En el autobús, en el telediario. Internet… ¿Qué haríamos ahora sin internet?…,  la moda también nos interesa, lo que piensa el vecino de nosotros ¿Qué piensa mientras te observa en el ascensor? , lo que piensan los demás en general y lo que piensan nuestros padres en particular, eso lo hemos notado desde pequeños (aunque lo entendamos de mayores)

¿Por qué hablo de esto? Por una peli que vi ayer: Guillaume y los chicos, ¡a la mesa!

A veces nos movemos por estereotipos. Un hombre ha de ser fuerte, valiente, padre de familia, trabajador, con carácter y que no llore. Una mujer ha de ser dulce, sensible, tierna, bella, amante de su casa, delicada, paciente, etc. ¿Qué pasa cuando no se cumple esta profecía? ¿Qué pensamos cuando vemos una mujer que se rasca su entrepierna sin ninguna clase de disimulo en cualquier lugar público sin reparar en que nadie la mira? Es probable que alguno de nosotros pensemos… que… ¡menuda señorita!… que… ¡menuda sensibilidad de mujer!, que… ¡menuda dulzura!…. En lugar de pensar ¡qué falta de educación!

Guillaume parece no cumplir los estereotipos. Vive su vida. Parece que no tiene miedo. No finge para ser aceptado. Corriendo el riesgo que no le acepten. Aunque no le entiendan. Guillaume parece estar creado de ternura por dentro. Se le desborda por  los ojos que traspasan la pantalla. Es un joven con tanta bondad en la cara que lo único que provoca es que los demás se rían de él.

¿No has hecho alguna vez algo por temor a que se rían de ti? ¿A que no te acepten?

A veces en las relaciones estrechas se cruzan mensajes inconscientes que ninguna de las partes entiende. No nos solemos percatar, al menos hasta que pasa el tiempo, o pensamos en aquello que nos decía nuestra madre de pequeños, o estamos en un diván intentando recordar que pasaba en nuestro mundo cuando teníamos 4 años. Hay mucha información que se pierde, ¡imagínate! Sería terrible recordarlo todo. No podríamos aprender nada más. No nos cabría.  Se nos saldrían los recuerdos por las orejas. Pero a veces, hay detalles importantes. Como el que recordó Guillaume, cuando su madre le llamaba junto a sus hermanos para comer diciendo: ¡Guillaume y los chicos, a comer! Y él se preguntaba por qué hacía esa distinción, ¿acaso él no era un chico?

La historia de Guillaume es una comedia  emocionante. No es lo que los demás esperan de él. No juega al fútbol, ni tiene pinta de machote, ni pone los pies en la mesa al sentarse. ¿Y cuál es el problema?

Cuando todos los mensajes que nos revolotean no nos dejan ver a las personas, quizá podemos perdernos pasajes de felicidad compartida. Más allá de los estereotipos hay hombres y mujeres, con corazones dentro, por explorar. Con corsés es difícil sentir el corazón.

Se acaba la función. Se apagan los focos. Se cierra el telón.

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