Berlín (2/2) – Lo malo

Oh, Berlín.

Te describía el otro día como la ciudad de los contrastes. Pues como en todo, siempre hay una parte buena y una parte mala. Y de lo malo no te quedas atrás.

En qué momento de tu corta e inestable historia moderna te has vuelto tan propensa a conseguir que los extranjeros quieran mover el culo de tus calles? Eres la ciudad más pobre de Alemania y ni así cuidas el flujo económico.

¿Qué hiciste para que las grandes empresas del sector industrial no quieran establecerse en tu periferia? ¿Cómo es posible que haya esa cantidad criminal de fábricas abandonadas o habilitadas para que la gente baile y se drogue cada fin de semana? Una ciudad de ese tamaño debería tener un perfil mucho más productivo. Tú en cambio consumes y estás en el punto de mira del resto de ciudades alemanas. Eres el mayor de cuatro hermanos y el ojito derecho de la mamá. Aunque seas un bala perdida contigo vale todo; siempre tendrás un respaldo. Y mientras tanto, los otros tres hermanos no pueden abrir la boca aunque cumplan de largo con sus obligaciones como hijos y personas.

Berlín (2/2) – Lo malo

¿Qué hay del trabajo? ¿Por qué esa forma de crecer? De becario en becario y tiro porque me toca. Aunque sea bueno lo mandas al hoyo para no pagarle 500 €uros más al mes. Para ti la vida sigue igual y el amigo tiene una papeleta encima la mar de simpática, a no ser que acepte trabajar por el mismo sueldo durante más tiempo. ¿Por qué no regulas eso? ¿En qué momento no te quedaste con todo lo bueno de la caída del muro? El liberalismo social es sorprendente y en casi todos los aspectos maravilloso. Pero ¿el económico? ¿Qué va a pasar con Berlín este? ¿Por qué tantos permisos para transformar una de las señas de identidad de la ciudad? ¿Qué te reporta desokupar nueve edificios en Kreuzberg? ¿Por qué primas al que tiene dinero y no al que tiene imaginación?

Berlín (2/2) – Lo malo

No entiendo los cambios rapidísimos que he visto en estos años. Cada vez que volvía todo costaba un poquito más, a veces también en tiempo además de dinero. ¿Por qué esa falta de confianza ante tantos sectores? ¿El rebaño es demasiado grande? ¿Se mueve demasiado deprisa como para que pueda ser controlado? ¿Cuándo se te fue de las manos? ¿Ves lo que estás consiguiendo? Te estás cepillando el descanso espiritual de los ciudadanos. Estás tan encima y tan mal de las personas que estas acaban no sabiendo ni cómo están. ¿Cómo puedes tener semejante sistema sanitario? ¿Por qué no respetas los derechos de los ciudadanos de países donde la sanidad es pública y gratuita? ¿Por qué tantas trabas?

Y si no hay dinero, ¿por qué tantasobras? ¿Y por qué tan duraderas? ¿Cómo puedes dejar que la mejor red de transporte público que conozco esté gestionada de una manera tan pésima? Siempre en obras. Y si el día catorce acaban las de un sitio, el quince empiezan en otro. ¿Y las constantes subidas en los precios? ¿Quién hace los convenios? ¿Se sientan los señores de la BVG y los de la DB y lo pactan ellos? ¿Quién te dio permiso para llamarle transporte público?

Berlín (2/2) – Lo malo

Y no hablemos de la confusión que se genera con las multas. Según quién la ponga hay que ir a un sitio o a otro a pagarla. Y ojo, que crecen a ritmos insospechados. Y para dejar el tema ya: todo berlinés sigue esperando el día en que prendas fuego en una hoguera, a ojos de todos, al indeseable que decidió que el aeropuerto de Schönefeld era zona C. Sólo esa parada en toda la línea. Sospechoso, sospechoso. El pueblo clama: ¡¡muerte!!.

Tampoco se explica la fama que tiene el criterio de admisión de tus discotecas. Es tan absurdo…si por mí fuera cogía a los porteros de tres o cuatro sitios y los metía en la hoguera con el señor C. ¿Por qué lo haces tan difícil? ¿No es suficiente con que se paguen los quince pavos sin copa de la entrada? Entiendo lo del jaleo en las colas, pero es taaaaaan fácil que un grupo se fragmente cuando se sale de fiesta…y cuando no hay fundamento, carga. A mí una misma tipa me dijo que no y que sí con una diferencia de cinco minutos y una chaqueta (no era culpa de la chaqueta, salió en la tele y es famosa y bonita). Qué suerte tienes de que en tus calles haga frío y sea necesario meterse en algún sitio.

Berlín (2/2) – Lo malo

Esa es otra. Alguien se pone a diseñar un clima peor y no puede. He llegado a ver previsiones con cuatro horas de antelación de 0% de lluvia y llegar a casa chorreando al no haber cogido el paraguas. Llueve mucho y cuando nieva te conviertes en la ciudad más guarra que existe. Tus aceras resbalan y tu viento debe de estar a la altura del de Chicago. Una noche de febrero de hace tres años consiguió transformar un -23°C en -55 de sensación térmica. ¿Estamos locos? De camino a por unos calentadores tuve que hacer escala en tres tiendas porque no se podía estar por la calle. Al hoyo.

Berlín (2/2) – Lo malo

Es por él el hecho de que tu oferta de fruta y verdura sea tan lamentable? No hay opción de comer sano a un precio económico. O no tan sano como se come en el Mediterráneo. Poca variedad, precios altos y a veces incluso no se encuentra el producto. Una vez vi en un escaparate de Schlesisches Tor el kilo de sepia a 47 euros.

¡A robar carteras! No tienes vergüenza.

Pero lo peor que tienes es la componente emocional. La sensación de abandono y de soledad que produces. Eres la ciudad que menos recomiendo para deprimirse. La mezcla de frío, de que el mundo sigue girando, de que no le importa nada a nadie y de las cuadriculadas mentes alemanas hacen que sea más difícil que nunca remontar cuando te hundes un poquito. El acceso por avión es pésimo para ser quien eres por lo que la sensación de aislamiento se incrementa si eres extranjero. La gravedad de los problemas se multiplica por quince, así como la cantidad de problemas en sí. Todo el mundo (en serio, todo el mundo) teme tus cartas al correo postal. No news, good news. Cuando el Estado envía algo suenan las alarmas. Un problema más. Pero el problema es que lo pones muy difícil. Problemas tenemos todos estemos donde estemos; tú los haces más profundos. Te comes la moral. Erosionas la paciencia y el ánimo de las personas, especialmente en invierno. La falta de luz es terrible y los horarios de la misma también. Salir de un garito a las cuatro y que sea completamente de día produce un no sé qué que deja absolutamente ko para el domingo.

Tus funcionarios también son maravillosos. ¿De dónde los sacaste? Menudo caos. Burocracia lenta, tediosa y desesperante. Uno de cada cien habla un poco de inglés y si está de mal humor dice que no, que nur Deutsch. Trabas, trabas y más trabas. Y cada vez más gente. Y cada vez más lío, por lo que cada vez se funciona peor. Bucle. La falta de integración de los inmigrantes resulta en muchos casos problemática. No se acopla del todo pero se acomoda y empieza a vivir de tu Hartz IV, fuente de tantas controversias. Así se consume dinero público y no se produce nada. Bla, bla, bla.

Berlín (2/2) – Lo malo

El cuento sin fin. Tengo setecientas cosas más que decir sobre ti, pero me fui y hoy es domingo. La cosa se queda así. Qué alivio y qué descanso ha supuesto abandonarte. Te miro desde lejos y no hay día que me arrepienta de lo hecho. Ya te llamo yo.

 

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