Berlín (1/2) – Lo bueno

Oh, Berlín.

Pasado mañana hará 25 años de la caída del muro que te levantaron los soviéticos en agosto del 61. No conocí la RDA pero sí la parte este de la ciudad, que sin duda tiene marcas inconfundibles del socialismo ruso de después de la guerra. Y esas marcas te hacen ser lo que eres: la ciudad de los contrastes. La capital más pobre de la Unión Europea, manejada por los políticos del Reichstag. El hecho de que seas dos ciudades distintas a sólo 50 metros de distancia la una de la otra te hace diferente. El muro no te dividía por la mitad de forma geométrica, lo que añade aún más encanto al asunto. Ahora parece que esté todo mezcladillo, como los ganchitos sin marca.

Lo mejor que tienes es tu gente. Pasajera, nómada. Pocos echan raíces. No sé si es por el frío, por la incapacidad de adaptarse a una sociedad tan diferente (especialmente para los europeos sureños) o porque sabes que tu cuerpo a ese ritmo no llega a los 40. El caso es que la mayoría de gente se acaba yendo. Otros acaban volviendo para volver a irse y otros repiten el proceso una tercera vez, lo cual ya es el colmo del retraso mental. Al final todo acaba igual y las historias son similares; a todo el mundo le cuesta y lo pasa mal. Unos aguantan más, otros lo hacemos menos y todos nos llevamos un recuerdo maravilloso de ti.

Berlín (1/2) – Lo bueno

Siempre me ha gustado decir de ti eso de que hueles a bar. En calles de Kreuzberg y Neukölln encuentras lo impensable. Un aeropuerto abandonado, un cráter en un parque, a Teo cruzando un semáforo alcohólico perdido, una iglesia que cuando es de noche emite una luz azul muy intensa por sus ventanas, la mayor proporción en el mundo occidental de gente descalza por kilómetro cuadrado y la sin duda más grande concentración de gente hablando sola. Asusta ver a tantas personas marcándose monólogos para sí mismos. Muchos de ellos son también del grupo de los descalzos.

Berlín (1/2) – Lo bueno

Pero a pesar de eso, no se juzga a nadie. La historia del siglo XX ha hecho que los alemanes sean más cívicos que los escandinavos. Si alguien va en calzoncillos por la calle nadie le va a decir nada; si se los quita igual llega la Polizei, eso sí. Se considera una falta de respeto a los demás. Pero nada, nada; pelos de todos los colores, tatuajes (especial atención a un tipo que paseaba por la Hermannstrasse), piercings, ropa, bambas, botas…nada, la gente va como quiere y nadie dice ni mu. Así da gusto recorrerte, ya sea en bici o andando. Resuelves las inquietudes culturales de las personas que las tienen con tu oferta infinita de museos, galerías, conciertos, tours y rincones perdidos, escondidos al ojo del que mira pero no ve. Innumerables parques, planes de domingo y el mejor festival de música de todos los tiempos.

Berlín (1/2) – Lo bueno

Y tu noche…ay. Noches que empalman con mañanas. Tropecientos mil bares. El mejor de ellos está metido en un callejón que si es de noche sólo visitarías para comprar droga, meterle una paliza a alguien o darle mambo al cuerpo. Y aun así se llena. Como el Clash, ninguno. Pero todos comparten una misma característica: cervezafutbolínmexicaners y

sofás. Todos los bares berlineses cumplen al menos tres de esas cuatro condiciones. Y las discotecas? No voy a comentar nada, porque soy tan pringao que no he entrado en dos obligadísimas. Pero es otro mundo. La capital del techno. La mazmorra de la Tresor es el segundo punto del planeta desde el que puedes acceder a Narnia, por ejemplo.

Berlín (1/2) – Lo bueno

Todo eso te convierte en una ciudad maravillosa, digna de coleccionar momentos y fotos. El que vive allí, madura a la fuerza. Yo empecé, pero no lo hice bien y ahora maldigo el día en me largué.

 

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