El babel de lenguas como emociología

Que el atractivo de los idiomas sea fácil de entender y compartir…

… no debe ocultarnos otra faceta de las lenguas: su potencial para separar y diferenciar colectivos.

Un potencial no tan llamativo como el que puede tener la diferenciación por razas, pero sí más claro que el que ofrecen, por ejemplo, las religiones o el nivel económico.

¿A qué viene esto? A que las lenguas son un elemento muy eficaz para desplegar una emociología.

El babel de lenguas como emociología

Que, como es sabido, funciona en dos fases:

1- Diferenciar entre grupos.

2- Desplegar distorsiones sobre supuestos agravios y fantasías.

El babel de lenguas como emociología

Muy probablemente, el caos del Babel bíblico tenga más que ver con la separación y enfrentamiento por grupos, que con las meras dificultades para entenderse.

¿Adónde me lleva esta reflexión? A no ser partidario de que se promocione el uso de las lenguas autonómicas.

No le veo sentido práctico y sí perjuicio: favorece las emociologías y con ello la intolerancia.

Creo que su promoción responde a un erróneo criterio multiculturalista.

El babel de lenguas como emociología

La intolerancia del multiculturalismo

Y su consecuencia, el fomento de prejuicios e intolerancia, no es ya una suposición teórica, sino algo confirmado por los hechos:

– Las lenguas locales se han vuelto un aprendizaje obligatorio sin necesidad real. No es lo mismo que obligar a circular por el carril derecho para no chocar, a pagar impuestos para disponer de coberturas públicas o a escolarizar a los niños. Obligar a aprender un idioma innecesario cuando todos conocemos otro, es una arbitrariedad política.

– Hemos visto maestros despedidos por no dar el nivel, multas por etiquetado en español, requisitos en oposiciones que obstruyen una valorar según la cualificación… es decir, discriminación por la lengua.

– Falta de oferta de servicios públicos en español pudiendo proporcionarse sin coste extra. Como en la educación, administración, televisiones, información general… Se puede, tendría demanda, pero no se ofrece porque se le oponenintereses políticos.

– …

Su promoción es semejante a lo que en su día fue el catecismo obligatorio. Algo no necesario, de claro interés político y que se impone bajo el pretexto de contar con una mayoría a favor.

¿Alguien defendería hoy que una mayoría católica justifica obligar a toda la población a aprender el catecismo? ¿O justificaría que las maneras de buen cristiano diesen puntos para acceder a puestos públicos, apelando a que luego tendrán mayor afinidad con la mayoría católica?

Ofrecer educación pública sólo en euskera cuando el idioma más hablado es el español transmite una idea clara a los niños: eres vasco, no español, por eso esto es lo que deberías hablar.

Es decir, favorece el despliegue de una distorsión frentista, de una emociología.¿Acaso no es esto en si mismo una forma de adoctrinamiento político?Este es el principal mecanismo de adoctrinamiento nacionalista, no algunos excesos puntuales extremos.

Lo que en sus inicios se argumentó como el derecho a hablar una lengua minoritaria, se desarrollado como una obligación. Como una imposición. Una suerte de intolerancia supuestamente reactiva.

Algo que a todos nos halaga (nos vuelve un poco especiales) y que se entiende que se aceptase sin casi oposición tras la Transición, como reacción al franquismo. Pero no es infrecuente que quienes más rechazan un adoctrinamiento (catolicismo, franquismo, feminismo, nacionalismo…), acaben propiciando imponer otro (anticlericalismo, comunismo, hembrismo, antinacionalismo…).

No es lo mismo rechazar una emociología que rechazar las emociologías. Muy habitualmente, quienes con más virulencia se oponen a una emociología, lo hacen con una agresividad manipuladora similar a la de la emociología inicial. En esto los extremos sí que se tocan, se parecen.

El babel de lenguas como emociología

¿Conclusión?

Creo que lo razonable es que desde el Estado no se promocionen las lenguas locales. Como no se promociona la religión u otras opciones políticas particulares.

Que se facilite su aprendizaje a quien quiera… eso sí, claro. De nuevo, como con las clases de religión, que se facilitan pero sin ser obligatorias, ni aceptando que justifiquen prácticas intolerantes.

Y no, no es el mismo caso que el aprendizaje del español. Algún día es posible que haya que descartarlo en favor de un idioma común europeo, pero a día de hoy es la lengua común española y una verdadera opción de interés práctico en el mundo. Es integrador y además práctico, como el inglés.

Las tensiones que observamos en las CC.AA. con fuerte implantación nacionalista confirman el fracaso de las estrategias de potenciar las lenguas locales. Fomentar la diferenciación por zonas lleva a uniformizar por parches, no reconociendo singularidad dentro de cada territorio. Fomenta la intolerancia y el enfrentamiento.

¿Hay un nacionalismo español?

 

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