Anomalías en el principio de responsabilidad y la impunidad resultante
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La Responsabilidad es un requisito indispensable para que una sociedad organizada sea sostenible. Es el concepto central que confiere sentido a la Autoridad. Incurrir en una dejación de esas obligaciones, nos recuerde que así corresponde definirla: como al conjunto de obligaciones del cargo. No asumirlas resulta la clave del comienzo del autoritarismo. Una España sin responsables, es la España que desean los mediocres y arribistas que expulsan el talento humillando a los competentes y nos entregan a los buitres para que nos descarnen. Un Estado así, es territorio de pícaros inmorales que justifican el latrocinio y la usurpación. De allí. Todo.

En la Administración Científica se sabe que la responsabilidad de un superior por los actos de sus subordinados es absoluta. No se delega. Los magistrados deberían conocer este principio cuando lleven a cabo sus indagatorias en casos de malversación, de los accidentes con víctimas mortales por presunta negligencia como en los casos del Alvia, Metro Valencia, etc., sin incluir las producidas por la desatención en Dependencia por falta de fondos. Montoro es responsable directo en este caso. De la misma manera que la ONU, hace tiempo instruyó a nuestros magistrados y les recomendó que se formasen en los principios para la gestión adecuada de los casos de violencia de género. Rajoy y sus ministros lo saldaron exhibiendo lacitos. Rivera y sus huestes, igual. Las muertes prosiguen. En todos los casos. Por muy humanos y cristianos que se digan, esas conductas son una anomalía. No hay bandera a media asta que lo repare.

Por anomalía se entiende a una irregularidad e inadecuación a lo normal o regular. Por tanto, tiene el sentido de “irregular”. Evitar la asunción de responsabilidades es una anomalía. Tal vez esa anomalía es la que permite todos los efectos que de esa falta se derivan. Sean estos la corrupción, la arbitrariedad en la gestión financiera, el rescate de autopistas, los sobrecostes que han financiado la corrupción, o los abusos en las políticas sanitarias, educativas o sociales en general. Sin olvidar, claro está, la impunidad con que los españoles decentes se ven continuamente ante los abusos del poder y las posibles decisiones prevaricadoras. Sin mencionar la legalidad que se ha construido desde las bases del Estado, por la que se convalidan muchos modos de hacer una España extraña a los atentos ojos internacionales.

Es cierto que los ciudadanos deben asumir sus responsabilidades. ¡Y vaya que estos gobiernos nos lo han recordado y hecho cumplir! Pero, la asunción de las mismas por parte de la dirigencia, tanto sea esta la política, empresarial, sindical o en la administración del control público, parece ser de otro tipo. Como diría Pujalte, aquél personajillo de autoreconcida amoralidad: un delito “…muy liviano”, en referencia a los cometidos por Jaume Matas. España es el Reino de las anomalías. En el mismo, se pueden distraer fondos durante 30 años sin que los mecanismos de control sean efectivos. Se pueden privatizar los recursos naturales y las actividades estratégicas, sin que eso suponga, para nuestros liberales, producir anomalías en el funcionamiento del libre mercado. Se puede mentir. Ocultar. Transgredir programas electorales. Se puede incluso anunciar que en España se ha mantenido el Estado del Bienestar, mientras que el presidente de la Xunta de Galicia desmantela la sanidad y la dependencia en dicha comunidad.

Anomalías en el principio de responsabilidad y la impunidad resultante
Fuente imagen: https://www.eldiario.es EFE / MIGUEL TOÑA

¿Los resultados de la gestión con millones de víctimas producidas, no es un hecho que evidencia la mentira presidencial? ¿Todo vale? Pareciera que no hay ningún responsable. Excusas poco serias. “…Y tal…” ¿no, señor Rajoy? Para una persona que ha dirigido la organización del Partido Popular, ya con Bárcenas como Tesorero…”y tal…”. En cualquier caso, me parece especialmente agraviante que el periodismo no tenga clara su función cuando realiza preguntas a los dirigentes. Tampoco que no exista posibilidad de repregunta. A menos que, como ya se ha manifestado, en los medios periodísticos, se esté en presencia de un clima de trabajo intimidatorio.

Es curioso que en este Reino se siga actuando como si aquí no ocurriese nada. Aforamientos aparte. Con un Senado que ha sido un refugio para personajes como Bárcenas.  Que de eliminar ese privilegio ya no se habla. Es más. Si ocurriese, por lo visto se crearían rápidamente cortafuegos para que todo siga igual. Se tienen comportamientos de dudosa transparencia en el Tribunal de Cuentas. Todo queda en familia. En el Tribunal Constitucional se actúa con un sesgo que, al menos, resulta sospechoso. ¿Es un instrumento de las garantías del Estado, o validador de las decisiones de los gobiernos? En el control de la competencia se aplican sanciones irrisorias. Ex directivos de las empresas dirigen al organismo de control. El sistema es de tal tipo que el incurrir en anomalías resulta rentable. Máster aparte.

Si desde el comienzo de la democracia no era posible actuar de manera abusiva en las relaciones laborales, no importa. Se modifican las reglas del juego y se cancela la vida de la mayoría de los trabajadores. Decisiones que se respaldan con mayorías resultante del injusto sistema proporcional o de la suma de escaños del contubernio de la Transición. Simplemente con ello. Nada más que con ello. Se pueden adueñar de las vidas. Eliminar los sueños. Machacar las posibilidades de mejora a través del esfuerzo. Con esa legitimidad cuestionable. Sólo con esa herramienta electoral pactista. A partir de allí, la mentira o el silencio. Nada se informa. Se gobierna con decretos-ley en minoría, mientras Sánchez promete él Paraíso. Se evita dar a conocer el Plan de Gobierno. Sólo se confirman algunas medidas. La Ruta del Dinero a veces tiene formas muy curiosas. Recorridos intrincados. Sillones mullidos y bien remunerados. Los mecanismos del lavado son interesantes. Finalmente se llega a los bienes físicos. Los corruptos disfrutan de la ostentación y de la impunidad. No revisar el enriquecimiento personal de muchos de los gestores de la cosa pública. No haber seguido la “ruta del dinero”. No haber cumplido con los deberes de funcionario público. No actuar con contundencia para recuperar el dinero de esas operaciones. No hacer eso es, simplemente, convertirse en cómplice de las anomalías.

Hasta tanto eso no se revise, este Reino será el de la impunidad. El de la anomalía. Ya lo decía Sófocles: “Un Estado donde queden impunes la insolencia y la libertad de hacerlo todo, termina por hundirse en el abismo.”

Esperemos no hundirnos en el abismo. Lo piensa un ciudadano alarmado.

Si está indignado ¿Qué tal si hablamos de corrupción?

M. Rajoy, ¿Otro caso aislado?

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