AMLO y el reflejo de su triunfo
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Ni los acarreados ni maquinarias del PRI y el Pan y ni siquiera el marketing  voraz   de casi poner a Fidel y Chávez con gorra de MORENA pudieron detener a millones de mexicanos que fueron en masa a votar por AMLO y darle record de ser el presidente que más votos ha obtenido en la historia de México. Alegría, festejos, júbilo y una marea de esperanza han adornado el mapa mexicano como nunca en la historia moderna. En las calles del territorio nacional y en el histórico Zócalo la gente salía a festejar que una revolución electoral había ocurrido.  No era que el Tricolor había ganado en el Mundial, era que tras décadas de gobiernos del Priistas y panistas finalmente se les acababa el guiso compartido del poder. Era que la elección sirvió como un desquite de muchos contra un sistema y régimen que por años ha creado una percepción de que la corrupción es parte sistemática de su operación institucional. Era en forma sintetizada el hecho que el pueblo buscaba un cambio abrupto y real ante las políticas tomadas por las pasadas administraciones públicas. Al fin de cuentas el PAN y el PRI fueron sentados a la banca por demasiadas faltas y una enajenación de la realidad mexicana.

En la noche del 1 de julio    un partido llamado MORENA, que apenas se certificaba en 2014, había llevado al veterano político Andrés Manuel López Obrador a ganar la presidencia de México.  Más del 53 % lleva el Peje de apoyo en los resultados, ni con segunda vuelta inventada Anaya podía hacer la mágica remontada que nunca  existió. En el transcurso no solo gana la izquierda la presidencia, sino que agarra control masivo del Congreso  y haciendo a MORENA  la primera fuerza política. Es que el efecto  Obrador fue tan palpable que se estima que el PRI no llega ni a los 50 diputados con los resultados  , esto es caótico cuando son 200 diputados que tiene ese partido en la actual legislatura.

Es que todo estaba tan claro sobre quien ganaría la elección que todos los candidatos contrarios a AMLO reconocieron su derrota mucho antes de los resultados preliminares y la intervención en cadena nacional del director de la autoridad electoral.  Ahora esa mayoría en el Congreso de la alianza de la izquierda y con su líder en los Pinos le somete una responsabilidad y presión de cumplir con sus promesas. Porque esta llamada cuarta transformación mexicana  no puede ser superficial y debe ser tangible en la medida que el País pide acciones contra la corrupción, pobreza, seguridad y la desigualdad social.   Es más peligroso que la promesa de cambios en políticas no se cumpla porque esto va a desatar una mayor apatía en la población y una desarraigue de arranque contra toda la gestión pública en general.

En su campaña AMLO prometió doblar las pensiones a jubilados, a energizar la economía, arrancar corrupción del Gobierno, menos pobreza, reducir emigración  y por supuesto como no olvidamos del  pobrecito Vicente Fox y demás expresidentes que ya no recibirán pensiones  lujosas, bueno esto si el nuevo presidente cumple su palabra. También el avión presidencial de lujo y recién adquirido se va al caño, ahora hay que ver a quien se lo venderá. Y no olvidemos el referéndum revocatorio que dijo que iba a someterse a mitad del sexenio.

Decía en una columna anterior que AMLO contrario a muchos de sus contrincantes le apostaba más al proteccionismo, al consumo interno y al mexicanismo y que en si lo hacía más allá de un principio político sino como un contraste de arranque con sus rivales. Un espíritu nacionalista, y su visión económica de generar mayor producción local y por tanto aumentar consumo interno dan indicios de su propuesta en esa dirección. Pero obviamente en política se dice mucho a las gradas y poco se hace con la pala.

Lula y Allende fueron electos en su cuarta candidatura presidencial  y  a AMLO se le dió a la tercera.  Sin dudas tres líderes  con cierto apego emocional  al tejido de los abajo que llegaron al poder. La primavera rosa ha parado en México por vez primera, en un momento donde la izquierda no está en su mejor momento  a nivel regional. Hoy la región ya no está para clubes de presidentes y los selfies de cumbres llenas de hipocresías. México despertó  hoy  ante el hartazgo y el cansancio de ver los mismos de siempre .Ahora les toca a ellos los votantes y ciudadanos exigir a su nuevo gobierno que les de ese cambio visible porque las excusas ya no valen y muy bien que se ven en el zafacón.

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