A dios rogando y al titiritero dando
Raúl García Pérez, de 34 años, uno de los dos titiriteros que fueron encarcelados el pasado sábado acusados de ensalzar a ETA y Al Qaeda en un espectáculo de carnaval celebrado en Madrid, a su salida de la cárcel de Soto del Real. Fuente: http://www.elplural.com/

Las presuntas corruptelas de los que presumen de ser católicos, apostólicos y romanos han sido relegadas a un segundo plano para hablar de libertad de expresión y enaltecimiento de terrorismo

Cuanto más invierta un sistema en la educación de su pueblo, menos delitos tendrá que lamentar en el futuro. Una máxima que, precisamente por su incumplimiento, conocemos.

El proceso educativo es la base para poder conseguir una ciudadanía que entienda la libertad como un espacio de sana convivencia, no como un monte donde todo sea orégano. Y es que la represión, ponerle puertas al campo, solamente es la evidencia de que no se ha sabido hacer comprender que hay lugares a los que quizás no sea necesario llegar.

Cuando no se consigue hacer entender que, al más puro estilo kantiano, uno elige hacer “el bien” porque es la mejor manera de obrar vienen los mitos, los pecados, los delitos. En definitiva, los miedos: si no haces las cosas por el propio bien que en sí mismo tienen, al menos no las harás mal por miedo al castigo que conllevan. El superhombre del que hablaba Nieztsche ya apuntaba aquello de superar la religión, de ir más allá del compadecer cristiano, y revisar hacia dentro para alcanzar la propia superación sin necesidad de buscar un perdón exterior ni un castigo redentor.


Cuanto más invierta un sistema en la educación de su pueblo, menos delitos tendrá que lamentar en el futuro


En definitiva, se trata de entender la libertad como un bien íntimo, que al mismo tiempo es individual y colectivo y requiere del cuidado tanto social como personal. Siglos de filosofía y religión que le ha dado vueltas a lo mismo: las bases de la convivencia sana que prevea su protección en base a límites que todos se comprometen a respetar. Dicho de otro modo, mucho más sencillo: mi libertad termina donde empieza la libertad del otro.

Y es curiosa la impronta que deja la religión en la percepción de los límites que cada cual está dispuesto a respetar. En sociedades influidas por la cultura católica es frecuente que se actúe de cara a la galería, quizás porque el perdón ante “los pecados” venga de fuera, y eso conlleve siempre una pose continua y una imagen que proyectar. Dicho de otro modo: se promueve aquello de: “A Dios rogando y con el mazo dando”. Uno peca, lo confiesa, cumple la penitencia, y como arrepentidos los quiere Dios, puede dormir tranquilo.

Lo importante será que le quiten a uno la culpa, que se la quite otro diciéndole lo que tiene que rezar, la multa que tiene que pagar, y aquí paz y después gloria.

Así no importa robar a manos llenas, vivir a cuerpo de Rey a costa del dinero de gente humilde que paga sus obligaciones con muchísimo esfuerzo; porque el domingo lo confesarás, te mandarán unos cuantos padrenuestros, y el lunes podrás volver a jugar con los sobres. Es lógico que en el Partido Popular crean en vírgenes y les den medallas, aparquen gracias a ángeles de la guarda y se pasen el día siguiendo el dictado de cierto sector eclesiástico sobre aborto, matrimonio homosexual y avances en investigación médica. Es lógico porque son los que les hacen dormir tranquilos. Seguramente alguna vez tengan algún remordimiento, pero eso se pasa con las jaculatorias pertinentes; si el Jaguar era de gama muy alta o se le ha ido la mano con el confeti, quizás sea necesario poner bajo las rodillas un par de garbanzos para sentir el dolor del castigo… porque hay que sufrir un poco para que el perdón sea auténtico.


No importa robar a manos llenas el dinero de gente humilde; porque el domingo lo confesarás


Cumplida la penitencia uno se siente limpio y reconfortado para exigirle a los demás explicaciones por todo. Faltaría más. Cuando se ajustan cuentas con los ángeles, con las vírgenes y con la curia celestial, uno está de sobra legitimado para meter en la cárcel a cualquiera que ose pasarse un pelo. Además, con más ira si cabe si son aquéllos que no se arrodillan ni besan la mano de Rouco.

Y mientras unos hacen uso de su mal entendida libertad para hacerse con lo que es de todos, y se creen legitimados para dar lecciones de moral (para eso tienen una doble), otros se acomodan en el extremo opuesto tratando de hacer pasar a un camello por el ojo de una aguja apelando a una libertad de expresión que consideran flexible como si fuera una goma de una elasticidad prácticamente infinita.

Estos días las presuntas corruptelas de los primeros, de los que presumen de ser católicos, apostólicos y romanos, de los más populares han sido relegadas a un segundo plano para hablar de la libertad de expresión y delitos de enaltecimiento de terrorismo. Todo ello mezclado con altas dosis de demagogia y aderezado con saña a granel.

Un Ayuntamiento contrata a un grupo artístico para actuar en los carnavales; el responsable que debía revisar el contenido de la obra se da por satisfecho con un pasquín de cuatro párrafos y no presta atención a las declaraciones de los artistas -hechas incluso en medios de comunicación- donde avisaban de que su espectáculo no era para público infantil; y la obra es programada en horario de tarde, con la evidente afluencia de niños. La obra, con contenido crítico y violento, resulta molesta para algunos padres que llaman a la policía y todos conocemos ya el esperpéntico final: los artistas duermen en prisión por haber enaltecido el terrorismo en su obra de teatro según la Fiscalía, pasando cinco días privados de libertad.

Por el momento, la misma fiscalía que puso el grito en el cielo ha solicitado poner en libertad vigilada a los titiriteros, requisarles las armas del delito (sus marionetas), retirarles los pasaportes (por si pretenden ir a revolucionar países extranjeros con sus muñecos) y obligarles a presentarse todos los días en comisaría para fichar (no vaya a ser que se les ocurra encerrarse a idear una nueva obra). Todo es tan absurdo como quizás lo fuera el propio argumento de la obra representada.


No comparto, por otro lado, la justificación de la libertad de expresión para defender a los titiriteros


Desde mi punto de vista no hay más responsable en esta historia que el Ayuntamiento de Madrid, la persona cesada, aquél programador que inmediatamente fue apartado de su cargo. De la responsabilidad política por el revuelo causado y la falta de claridad aportada desde un principio podría entenderse la dimisión de la concejala de Cultura. Pero en absoluto puedo entender las críticas vertidas contra Manuela Carmena, quien se ha mostrado prudente y responsable en todo momento.

No comparto, por otro lado, la justificación de la libertad de expresión para defender a los titiriteros. Me parece que abre un debate interesante, y que quizás sea hora de analizar la enorme hipocresía que tenemos que digerir en nuestro país: mientras Mariano Rajoy se iba a París a defender el derecho de los dibujantes del Charlie Hebdo porque la libertad de expresión es una de las señas identitarias de nuestra sociedad, en España se pone el grito en el cielo por una obra de guiñoles con mucho menos impacto que la tirada de un diario nacional. Discúlpenme pero se me escapa el por qué reírse de la religión musulmana es divertido y hacer una representación igualmente insultante hacia otros conceptos puede resultar tan ofensiva.

Personalmente defiendo la libertad de expresión que todos debemos tener. Pero con la misma intensidad que defiendo este derecho, también defiendo que cada cual tenga la suficiente responsabilidad como para hacer buen uso del mismo, sin necesidad de herir a nadie gratuitamente. Y debo admitir que Charlie Hebdo no me hace ninguna gracia, no consiguen arrancarme ni la más mínima sonrisa con lo que algunos llaman sátira y que a mí no deja de parecerme a veces una provocación que solamente busca generar escándalo; tampoco le veo la gracia a una obra expuesta en un lugar y en un momento nada adecuado.

Respeto el derecho a dibujar con sorna y a interpretar también: si me interesa, consumiré su producto; pero hay un límite y es el hecho de que con mis impuestos no me gusta que se le falte el respeto a nadie ni se pueda herir la sensibilidad de ninguna persona.

Por eso no marco la casilla para la iglesia católica en el IRPF, porque van de la mano con toda la doble moral e hipocresía que contemplamos. Por la misma razón que no compro Charlie Hebdo, ni pagaría por llevar a mi hijo a ver unas marionetas como las requisadas.

Beatriz Talegón, exmilitante del PSOE, es presidenta de Foro Ético y miembro de Somos Izquierda

En Twitter es @BeatrizTalegon

Fuente: http://www.elplural.com/

Agradecer a Beatriz Talegón su autorización para poder compartir en este espacio su opinión. Gracias

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