Zapatero a tus zapatos

Queremos empezar nuestro artículo de hoy con una pregunta muy sencilla. Imaginemos que se nos ha roto la tubería del fregadero de nuestro hogar, ¿llamarías a un mecánico de coches para que te solucionara el problema?, más fácil, nos detectan un problema en un riñón ¿acudirías a un arquitecto, conocido tuyo, para que te tratara el problema del riñón?.

La respuesta a estas preguntas es de cajón, en el primer caso llamarías a un fontanero y en el segundo, sin dudar, irías lo más urgente posible a que te viera un médico especialista, sencillo, ¿verdad?.

Pues no, esta lógica aplastante en estos dos casos, cuando se trata de otras profesiones, no se cumple. Hay profesiones que, a pesar de ser tituladas y tener que pasar una serie de años “hincando codos” para luego ejercer de ello, parece ser que no tienen validez ninguna y que cualquiera puede hacerlo, y cuando digo cualquiera me refiero a casos en los que hemos tenido que oír “mi sobrino de 10 años también lo hace”.

En concreto, aunque existen muchas más, nos referimos a nuestra profesión, si eres diseñador gráfico, maquetador, programador o, incluso, publicista, cualquiera puede hacer tu trabajo sin necesidad de tener ni unos mínimos conocimientos. Con esto, en realidad, no queremos hacer una apología de la temible “titulítis” que se vive en España, en todos los años que llevamos en este sector y dedicándonos  a este tipo de trabajo, nos hemos cruzado con muchas personas que, sin ningún título académico, tenían y tienen unas capacidades asombrosas como para hacer temblar al más prestigioso programador o diseñador de nuestro tiempo.

En realidad, la culpa de todo esto no la tiene el ciudadano de a pie que pide un presupuesto por, por ejemplo, una página web y, por poco que sea, le parece disparatado porque su vecino del quinto se la hace gratis. El problema y la culpa la tienen muchas empresas que, por cuatro duros, a ese vecino del quinto le venden un sistema revolucionario con el que podrá hacer páginas web sin tener conocimientos y a cascoporro, vendiéndoles, por supuesto, la idea de que así podrán hacerse con un dinero extra a fin de mes.

¿¿¿De verdad a nadie le parece raro que una titulación como Ingeniero Informático dure 5 años y, sin embargo, estás empresas te vayan a “enseñar” a programar en 5 minutos???

Pero bueno, apartando esto por un momento, sigamos con las preguntas sencillas que os hacíamos al principio. Al final, decides ir al médico para esa molestia en el riñón y, una vez allí, el médico te recomienda hacerte una resonancia para saber qué es exactamente lo que tienes. En esta escena, ¿alguien vería normal que el paciente le rebatiera al doctor que tipo de prueba es la más adecuada para ver lo que hay en el riñón? No, ¿verdad?.

Pues en una profesión como la nuestra, en algunos casos, el que al final decide no quedarse con su vecino del quinto y ponerse en manos de verdaderos profesionales, por algún extraño motivo, imaginan que nuestro trabajo es el de ejecutar aquello que ellos tienen en mente y, lo que pocos saben, es que nuestra profesión, aparte de basarse en lo que un cliente quiere, se encarga de hacer lo que a un cliente más le conviene y dirigir su proyecto por el camino correcto para que tenga éxito o, en resumidas cuentas, no somos simplemente una mano que hace funcionar el Photoshop y fin, lo que nos diferencia de ese vecino del quinto es el conocimiento adquirido para saber qué herramienta utilizar en cada momento y, lo más importante, por qué.

Como comentábamos al principio, hay muchos sectores que sufren el llamado “intrusismo laboral” que no es más que supuestos “profesionales” que aprovechándose, por un lado, del desconocimiento de la gente y, por otro lado, de la necesidad económica más que palpable, sobre todo en los últimos años, que se está teniendo en este país, ensucian el nombre de algunas profesiones para beneficio personal, haciendo que los precios y, sobre todo, la calidad caigan en picado.

Por nuestra parte, esperamos que este artículo sea un granito de arena más para que, ese gran desconocimiento de la gente, empiece, poco a poco, a mermar y que nadie se puede aprovechar de él, pudiendo tener, de esta manera, cada cual el producto que necesite con la calidad que se merece, recurriendo, en cada momento, al profesional cualificado para desempeñar la función que se le asigna… en otras palabras: “ZAPATERO A TUS ZAPATOS”.

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