Velocistas en la carrera de fondo

Si se deja por un instante aparcado el análisis de sondeos, encuestas y resultados electorales, si se intenta tener una perspectiva mas amplia, se puede ver que quizás lo ocurrido el pasado domingo no tuvo nada de extraño ni de excepcional. Que la volatilidad electoral es intrínseca a las democracias representativas es algo obvio que no debe sorprendernos, y lo único realmente novedoso en esta ocasión es el escaso margen temporal habido entre las primeras elecciones de diciembre y las del pasado domingo. Como seguro habrá explicado Xavi Domènech en mas de una ocasión a Errejón, Bescansa o Iglesias, el tiempo histórico en absoluto es lineal sino que generalmente en momentos de cambio tiende a descontrolarse, llegando en ocasiones a acelerarse de una extraña manera, de una forma impredecible y algunas veces casi mágica. En esos momentos de cambio los acontecimientos se suceden a un ritmo tal que visto con perspectiva llega a parecer imposible. Pensad por ejemplo en la España del verano de 1936 o en el Paris revolucionario que en apenas cinco años experimentó practicamente los mismos cambios legales y formas de gobierno que viviría Europa después en mas de un siglo. Eso es seguramente lo único verdaderamente nuevo en el momento histórico que estamos viviendo, su velocidad. Probablemente esa aceleración histórica explica en buena medida la perplejidad general de politólogos y empresas demoscópicas impotentes, evideciando una y otra vez su incapacidad de atrapar al vuelo los cambios. El resto es parte de nuestra historia, algo que ha ocurrido y probablemente volverá a suceder. Sin ir mas lejos, como quizás habrá insistido en explicar Alberto Garzón en estos días de valoraciones a sus nuevos socios de Podemos, en 1982 al Partido Comunista de España le ocurrió algo muy parecido, perdió también mas de 1 millón de votos, con el agravante que para Carrillo y la Pasionaria suponían mas de la mitad de de su electorado. Un Partido Comunista entonces, con mas 50 años de historia, un partido comunista con una sólida y territorialmente extensa estructura organizativa, que desde las municipales de 1979 tenia miles de regidores por toda España e incluso estaba al frente del gobierno municipal de importantes ciudades como Córdoba, Badalona o Sabadell. Un partido que además contaba con el prestigio social de haber sido el protagonista principal indiscutible de la lucha contra la dictadura pero que, a pesar de todo, y en un momento también de considerable aceleración histórica se hundió electoralmente e inició un proceso de durísima crisis interna. Pero ojo, parte del propio aparato de la dictadura que liderado por Suarez se había creado una empresa electoral a medida, sin escatimar recursos y desde la comodidad del poder, la UCD, perdió casi 5 millones de votos e inició su rápido camino a la extinción política, dejando de esa forma el amplio carril de la derecha completamente despejado para Fraga y su Alianza Popular.

Cuatro años mas tarde, en las generales de 1986 el PSOE vivió el mismo proceso, también perdió 1 millón de votos, mientras que los comunistas, ya integrados en Izquierda Unida mantenían el tipo y apenas tres años mas tarde, en las elecciones del 89 lograban prácticamente doblar el resultado llegando muy cerca de los 2 millones de votos, casi los mismos que en 1982, en parte a costa de un PSOE que por su parte, cuatro años después lograría aguantar la embestida de un Aznar quien en sus segundas elecciones llevó a la Alianza de Fraga, entonces ya Partido Popular, a ganar nada menos que tres millones de votos, en su gran mayoria eso sí, votantes huérfanos que dejaba la desaparecida UCD y que encontraban en el partido de los herederos del franquismo su espacio natural. Un Partido Popular que en las siguientes elecciones generales, las que convocó González prematuramente en 1996 forzado por la ruptura de su pacto con Jordi Pujol, rozó los 10 millones de votos logrando la vitoria sobre un PSOE, no demasiado lejos de esos 10 millones pero enormemente erosionado por numerosos casos de corrupción y una creciente conflictividad social fruto de la crisis económica. Conflictividad que muy bien supieron canalizar los lideres de Izquierda Unida manteniéndose de nuevo por encima de los dos millones de votos.  Aunque apenas cuatro años mas tarde, a mediados de marzo del 2000, el triunfalismo neofalangista hiperhormonado por el crecimiento económico que supuso la enorme expansión inicial fruto de la burbuja inmobiliaria, lo arrasó todo como un tsunami. En unas elecciones en las que entre socialistas y Izquierda Unida perdieron mas de 3 millones de votantes y supusieron el inicio de una durísima legislatura de rodillo neoliberal y neocon, manipulación mediática sin precedentes desde el fin de la dictadura, privatizaciones y liberalizaciones junto a frecuentes y escandalosos casos de ineptitud como el del Prestige o el accidente del Yak 47.

El resto lamentablemente lo tenemos muy fresco, la ridícula pero muy peligrosa megalomanía de un Aznar que nos condujo a meter al ejercito donde no debíamos. Lo acabaron pagando con su vida casi dos millones de iraquíes, pero también 193 pasajeros de la red de cercanías de Madrid asesinados como represalia en unos terroríficos atentados suicidas. La reacción de los populares, pues la a que nos tienen acostumbrados, salvando las distancias, la misma reacción de estos ultimos días en relación a las gravísimas escuchas de Fernández Díaz en su cloaca. Negar la evidencia e intentar sacar tajada electoral al precio que sea. Pero entonces pretendieron instrumentalizar electoralmente un drama colectivo hasta entonces desconocido y la cosa acabó con dos millones de Españoles protestando por las calles y finalmente votando a Zapatero en la que fue seguramente una de las mayores concentraciones de voto útil de nuestra historia democrática. Le votaron sólo y exclusivamente para acabar con aquel clima asfixiante de continua manipulación mediática y drama colectivo. Ni Zapatero ni su mano derecha en lo económico, un Jordi Sevilla que hacía y decía entonces cosas muy distintas a las que afirma últimamente, hicieron absolutamente nada para desinflar la burbuja especulativa, mas bien todo lo contrario, la alimentaron sin complejos, socialistas pero muy neoliberales ellos. Poco, muy poco después de revalidar su victoria en las urnas en 2008 y a pesar de no querer negar la evidencia les acabó reventando en la cara una profundísima crisis económica fruto de un crecimiento irreal del que eran tan o mas responsables que Aznar y los populares. Su pésima gestión de la crisis junto a su nula resistencia, mas bien complacencia, a la hora de aplicar los irracionales recortes sociales dictados por Bruselas y el FMI llevaron al PSOE a protagonizar el mayor derrumbe lectoral de su historia perdiendo mas de 4 millones de empobrecidos y desesperados votantes. Rajoy, como de costumbre, recibió un regalo, una amplísima y muy poco merecida mayoría absoluta, y la hecatombe socialista acabó beneficiando incluso a oportunistas apuestas políticas que como Rosa Díaz y su UPyD, recibió mas de un millón de nuevos votantes sin apenas despeinarse.     El pasado diciembre, pues ya sabéis, Rajoy perdió casi 4 millones de votos y el PSOE uno y medio. El bipartidismo murió. Tres millones y medio de personas acabaron apoyando a la versión mejorada del oportunista UPyD de Díez, los Ciudadanos de Rivera. Pero sin lugar a dudas lo mas destacable fue la irrupción electoral con 5 millones de votos de Podemos, un movimiento político, social y ciudadano surgido en buena medida del descontento social y la protesta en calles y plazas, que pocos meses antes ya había puesto en cuestión a los sondeos ganando contra pronóstico las alcaldías de Barcelona, Madrid y decenas de ciudades por toda España. Podemos surgió precisamente de las mismas protestas en las que adquirió protagonismo un joven Alberto Garzón quien de manera muy solvente logró que Izquierda Unida obtuviera un muy meritorio resultado en un momento electoralmente tremendamente delicado.

Presentarse el pasado domingo juntos, en una amplia, compleja y heterogénea coalición electoral fue un histórico acierto que abre el paso a un futuro esperanzador, y en todo caso si algo habría que reprocharse es no haberlo hecho en diciembre cuando empezó a reanudarse esa larguisima carrera de fondo, en la que algunos no habían parado de  correr casi en solitario desde hacia décadas y otros muchos con renovada energía e ilusión, por suerte, se habían incorporado mas recientemente. Es precisamente en esa carrera de fondo en la que hay que centrarse, sin ni tan solo plantearse el pararse jamás por una mala noche. Como hemos visto ha habido muchas malas noches electorales en las que se esfuman millones de votos y con ellos anhelos y esperanzas. Desde una perspectiva histórica, el resultado del 26J no es mas que una anécdota, perder un millón de votos no es nada si acaba sirviendo para crecer y avanzar.  Avanzar en una muy poco ortodoxa larga carrera de fondo para la que hará falta mucha resistencia, mucha experiencia, saber sufrir y aguantar, y de eso saben mucho en ICV, en el SAT, en EUiA o en Izquierda Unida. Pero será, es ya también, una larga y extraña competición de resistencia  que se corre a un ritmo acelerado en una época nueva y convulsa para la que se necesita también a los mejores velocistas.  Si en algo estaremos de acuerdo es que quienes han demostrado sobradamente ser unos virtuosos sin precedentes y tener una capacidad de análisis y una lúcidez política poco frecuente, son quienes en los apenas dos años que han pasado desde las elecciones Europeas del 2014 han sido capaces de construir Podemos, con una inaudita capacidad de adaptarse a una realidad política cambiante, sin apenas tiempo, con prisas, corriendo. En eso no tienen rival, son los mejores y los mejores ganan siempre la carrera por grandes que sean los obstáculos.

No hay comentarios

Dejar respuesta