Una mayoría a la que nadie se quiere arrimar
Fuente: http://valenciaplaza.com/ Foto: EFE/Javier Lizón

ME VAIS A DISCULPAR, PERO NO ENCUENTRO OTRA RAZÓN sobre la capacidad de Mariano Rajoy para resistir los embates políticos y sociales por su responsabilidad respecto a la corrupción de su partido, que su total y absoluta falta de dignidad. Me tengo que referir al tópico de que en cualquier otro país de Europa, el RESPONSABLE de tal desaguisado de corruptelas en el Gobierno de la nación hubiera tenido que dimitir. Ya no son ni una ni dos las veces que el Presidente del Gobierno ha sido directamente señalado como firme partícipe del entramado organizado por empresas conchabadas con el gobierno y relacionadas con la actividad gubernamental, además de otros tantos casos cuyo último responsable es él. Se le ha pillado en renuncio en numerosas ocasiones: Desde el “Luis, sé fuerte!”, causa por la que cualquier otro político, con un mínimo de dignidad, hubiera entregado su puesto de «motu proprio», a una carta remitida a Bruselas tomando un compromiso que aquí, en campaña, aseguraba no acometer.

El nivel de incompetencia, de no ser arte y parte del negocio de lo público en beneficio propio es francamente alarmante.

Ignorar intencionadamente la responsabilidad política de tantos y tantos casos de corrupción me parece a mi que no va a tardar mucho en caer a saco, arrastrando a quien se atreva a apoyar la bajada de pantalones que el PP se dispone a presentar, traicionando sus propios principios, para conseguir apoyos, avalado por los suyos, y así tener la certeza de permanecer como presidente de gobierno. Lo que no está tan claro es que ningún partido se haga cargo de compartir indirectamente el peso de la losa de la corrupción si no es a cambio de, como mínimo, «que Rajoy deje de ser Rajoy», el mismo que ha gobernado durante cuatro años con el rodillo de la intransigencia.

Que es una práctica habitual del partido en el poder lo manifiesta el hecho de que encontrarnos idénticas formas de actuar en la Comunidad de Madrid, Comunidad Valenciana y Castilla La Mancha, y que todo está interconectado desde la centralidad de la trama. Son demasiadas las veces en las que en la dirección del Partido Popular no se toman asunción de responsabilidades, si no judiciales, que ofrecen amplio margen de maniobra por los tiempos que toma, y por el hecho de que toda acusación es susceptible de tergiversarse judicialmente, por más documentos probatorios de que disponga la Justicia, sí al menos políticas, más relacionadas con la ética y con los principios que toda persona debiera tener.

Cuando veo las imágenes de la noche del 26J, todos festejando la victoria en una especie de delirio colectivo, encantados de pertenecer a lo que un juez ha denominado: «Organización para delinquir» se me llena el cuerpo de gozo, dueño de un sentimiento que en el balcón de Génova nadie sintió, ni los más preclaros del partido. Ahora tocaba comprobar lo que había cambiado en lo fundamental la relación de pactos anteriores al 26J con los nuevos resultados electorales, y si bien, en teoría, fortalecen al presidente del gobierno en funciones desde la última convocatoria, no cambia absolutamente nada respecto a la imposibilidad de imponer nadie, pero especialmente el Partido Popular, la formación de gobierno con el líder propuesto.

Rajoy, en concreto, se me asemejó a la mejoría milagrosa que se produce en un anciano, recuperándose de una enfermedad grave, previa al deceso.

Era como que el Pueblo había aprobado, y ya perdonado todos los excesos cometidos, agarrados al infundio de que son manzanas podridas sus corruptos, entre otros argumentos, y no toda una organización preparada para delinquir.

Perdonadme, pero no veo otra opción a que todo sea susceptible de escaparse del control de la “organización” desde Génova 13, o desde el mismo gobierno con la dirección actual, como hemos visto recientemente con las escuchas desde el despacho del ministro de Interior.

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