Un Sueño Impoposible

Llega un momento en la vida de cualquier ser humano en el que se detiene a pensar un momento  y comienza a escribir sus memorias para saber si su vida ha sido buena o mala y o si valdría la pena llevarla al cine para que Antena 3 la emitiera un sábado después de comer.

A lo largo de mi vida he sido un hombre terriblemente desafortunado, nada me salía bien y solo me sucedían cosas malas. Hasta el día de hoy, la suerte solo se me ha presentado en tres ocasiones; la primera de ellas ocurrió durante las Navidades de hace ya tres años, cuando gané el mayor bote en la historia de la lotería. Por aquel entonces no era más que un carterista de poca monta que sobrevivía lo mejor que podía. Nunca hubiera imaginado que en el interior de la cartera de un chaval al que había atracado a la salida del Cine, estaría el boleto ganador que me cambiaría la vida.

Una vez cobré el dinero, pensé durante mucho tiempo qué debía hacer con semejante fortuna. El dicho “el dinero fácil, fácil se va” es el padre nuestro de cualquier atracador.
Aquel dinero debía asegurar mi futuro y no quería apresurarme en mi decisión, así que mientras no se me ocurría nada intenté hacer un “Charlie Sheen”, solo que a la séptima noche seguida de fiesta sin limite, yo también descansé…en forma de coma etílico.

Durante el mes que estuve en coma, mi cabeza no dejaba de pensar y pensar, más que nada porqué ¿qué otra maldita cosa podía hacer en esas condiciones? Y de pronto, la suerte me visitó por segunda vez.

En mi pensamiento se formó una idea tan gigantescamente buena, que podría hacer que viviera como el Rey de Gondor el resto de mis días: A la gente le gusta apostar a todo lo que está permitido, y el tema de las carreras de animales es un negocio muy importante. La gente apuesta enormes cantidades de dinero para ver como un galgo o un caballo intentan cruzar la línea de meta en primer lugar.

Entonces, si le ofreciera al público un nivel más, algo que aún no hubieran visto y que resultara brutal y espectacular a partes iguales, los ingresos que generaría serian de dimensiones bíblicas. Y entonces lo ví claro.

 Mi futuro estaba en las carreras de un animal que fuera una mala bestia y que al mismo tiempo despertara ternura. Pero ternura brutal.

Y que animal mejor que los hipopótamos. ¿quién no ha jugado de pequeño al juego Tragabolas? o  ¿ quién no ha visto El Libro de la Selva y no ha sonreído al verlos jugar?. Esa bestia daría un espectáculo que jamás ningún hombre hubiera soñado.  Y yo debía construir el primer “Hipopódromo”  de la historia.

En los siguientes tres meses después de salir del coma no trabajé en otra cosa. Compré un antiguo circuito de carreras abandonado en Qatar y lo reformé para que pudiera soportar carreras brutales de hipopótamos, sin que la gente del público pudiera morir en caso de que algo saliera mal. La seguridad ante todo, niños.

Una pista central de 800 metros de longitud dividida en 6 calles, gradas con capacidad para 40.000 espectadores, zona restaurante, tiendas de souvenirs y todo sin reparar en gastos.
Todo estaba listo, solo necesitaba un pequeño detalle: hipopótamos de carreras.

Tras un primer sondeo al mercado, me di cuenta de que los hipopótamos de carreras al parecer no existían hasta mi llegada asi que contraté a un experto en la materia para ayudarme a solventar semejante problemilla sin importancia.

Al parecer en la Sabana africana vivía un extraño nómada llamado McGregor que adoraba a esas criaturas. Contaba la leyenda, que la caravana en la que viajaba su familia y sirvientes , fue atacada por la noche por unas hienas. Todos fueron aniquilados a excepción de McGregor que apenas era un bebé.

Al parecer una hembra de hipopótamo encontró al pequeño en la orilla de un pantano al borde de la muerte y… casi que mejor me salto la parte en la que McGregor es criado como un hipopótamo mas y todo eso o ¿hay alguien que no haya visto alguna vez una versión de Tarzán en la tv? Menos whatsapp y más cine señores…

Si alguien podía ayudarme a conseguir hipopótamos y convertirlos en velocistas, ese era McGregor.

Al principio no le hizo mucha gracia la idea de exhibir a sus parientes adoptivos en carreras salvajes con fines lucrativos, pero como todos en esta vida, tenía un precio.

Me pidió solo dos cosas: quería total control sobre ellos, nadie haría nada con los hipopótamos sin su consentimiento. Y la otra cosa que pidió fue ser nombrado Rey de los hipopótamos. A lo que también accedí porque, ¿Quién soy yo para frenar las ilusiones de un tarado?

Una vez finalizó la ceremonia de coronación del ahora rey McGregor, nos pusimos manos a la obra.

La primera fase fue muy sencilla: capturar seis hipopótamos adultos, sanos y con potencial no costó demasiado. Las habilidades de McGregor para amansar a estas inestables criaturas resultó ser mayor de lo que esperaba.

Su vida hasta aquel momento había sido una constante lucha por decidir a que mundo pertenecía, y este trabajo como “pastor de hipopótamos” le hacía realmente feliz. Lo que no quitaba que al verlo comer hierba y revolcarse en el fango después de una siesta no me pareciera un completo enfermo mental.

El problema llegó con la puesta en práctica de la siguiente fase.

Había creado un fantasbuloso e increíble Hipopódromo, disponía de seis poderosos hipopótamos de Carreras pero una vez colocados en sus calles… ¡los muy condenados no corrían!

Los caballos son adiestrados para correr, los galgos siguen a una liebre mecánica…pero ¿cómo hacer que unos hipopótamos al oír la señal, salieran corriendo como posesos?

La respuesta no se encontró en los conocimientos de McGregor si no en los conocimientos del doctor Xens, experto en genética avanzada.

No pensaríais enserio que íbamos a adiestrar a esas bestias, ¿no?

Para eso se inventó la ciencia, para hacer trampas.

Existen lugares en la Tierra que existen sin existir. Nadie sabe donde están y su sola mención puede acarrearte numerosos problemas con la ley. El laboratorio del doctor Xens es uno de esos sitios.

Durante la guerra de Afganistan, un grupo de cienficos que trabajan para el gobierno, iniciaron por su cuenta un proyecto súper secreto llamado “Proyecto súper secreto y punto”. Su objetivo era el de crear una raza de mariposas que al combinar su ADN con el de las termitas pudieran devorar las nubes y asi, crear veranos eternos en países que no pagaran una desorbitada cantidad de dinero al mes. El líder de aquel proyecto era el doctor Xens.

Y fue en su laboratorio donde combinamos el ADN de aquellos seis hipopótamos para hacerlos mejores. O al menos, válidos para llevar a cabo mi sueño.

McGregor supervisó todo el proceso para asegurarnos de que ninguno de ellos corría peligro y en todo momento, no les faltara ni agua ni hierba para alimentarse. Todo rey se debe a sus súbditos.

 El doctor Xens y yo llegamos a la conclusión de que si mezclábamos ADN de hipopótamo con el de galgos, osos y gatos lograríamos un éxito sin precedente.

El ADN de galgos aportaría lealtad, orden, velocidad e instinto de corredor.

El ADN de oso aportaría una nueva dosis de fiereza, grandiosidad y un pelo súper suave.

Con el ADN de gato solo queríamos que ganaran en dulzura, mimosidad y que fueran más juguetones.

Esto último fue idea mía. Solo pensaba en los peluches tan monos que íbamos a vender y la cantidad de fotos de Instagram que íbamos a conseguir.

Apenas dos semanas después de someterlos al proceso, comenzamos a ver resultados.
Al principio les creció pelo, sus ojos cambiaron como los de un gato y comenzaron a aumentar de tamaño.

Tres semanas después aun seguían aumentando de tamaño. Su fuerza y fiereza también continuaban en escalada y cada vez era más complicado retenerlos en las instalaciones secretas del doctor Xens.

La comida, el agua, y el espacio comenzaron a escasear y McGregor planteó la idea de mudarnos de allí antes de que ocurriera una tragedia. Así que decidimos trasladarnos al hipopódromo de Qatar donde podríamos estar todos más seguros.

El traslado se realizó con unos enormes aviones especializados en el transporte de tanques y maquinaria bélica pesada.

Los seis hipopótamos mutantes fueron fuertemente sedados y el viaje hasta nuestro nuevo hogar, se realizó sin ningún problema.

Al segundo mes de estar instalados, los hipopótamos terminaron su transformación y pudimos contemplar con profundo pavor lo que habíamos creado:

La operación del doctor Xens había triplicado el tamaño de los seis sujetos y su apariencia era terrorífica. Sus dientes se afilaron al mismo tiempo que aumentaron de tamaño y un negro pelaje cubría ahora su cuerpo. Aunque  lo más extraño de todo no eran sus ojos negros de felino, o que el hecho de que empezaran a comer carne, no, lo más extraño es que al dormir…ronroneaban. Vaya cosa más cuqui.

Y siguiendo con la ronda de sorpresas absurdas, las pruebas finales a las que fueron sometidos, indicaron que uno de ellos estaba embarazado.  Tras interrogar a McGregor sobre el asunto, llegamos a la conclusión que se debía a un efecto secundario derivado de tanto cambio hormonal y celular y no a un calentón del amigo McGregor.

El periodo de gestación de la mamá hipopótama fue de siete meses y dio a luz a ocho aterradores, feroces y ronroneantes hipopótamos de segunda generación.

Y entonces la suerte se me apareció por tercera vez, esta vez en un sueño.

Con ayuda de la ciencia habíamos conseguido crear unos poderosos e infernales monstruos de fuerza colosal ¿y yo los quería usar para carreras de velocidad? Debía pensar a lo grande y así lo hice.

Solo hay una cosa en esta vida que me ilusionara más que ver carreras de hipopótamos mutantes salvajes: dominar el mundo

Creamos treinta mil hipopótamos mutantes con los que declaramos la guerra a Estados Unidos. Su gobierno al principio no nos tomó en serio, pero tras la gran victoria a cargo de las Hipotropas, lideradas por el rey McGregor en el Valle de Dakota, no tuvieron más opción que rendirse.

Ahora, todo el mundo teme a nuestro ejército de Hipomonstuos. Y con razón.

El destino gira en círculos muy extraños y nunca sabes a donde te llevaran.

Un día te levantas siendo un vulgar carterista y al día siguiente dominas el mundo de forma tiránica usando un ejército de hipopótamos mutantes. La vida, ¿eh?

FIN

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